Si bien la crisis derivada de la pandemia de coronavirus afecta a toda la fuerza de trabajo regional, la situación de los trabajadores informales de ambos sexos, y especialmente la de las mujeres y las personas jóvenes y migrantes constituye un fuerte núcleo de vulnerabilidad, destacó la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), en su último informe.

Las medidas de distanciamiento físico les impiden desarrollar sus actividades y generar ingresos que les permitan mantenerse fuera de la pobreza, destaca el organismo, que agrega que al contar con un escaso o nulo acceso a la seguridad social, su capacidad para beneficiarse del seguro de desempleo o acceder a la atención de salud queda considerablemente restringida, una situación en la que se encuentran la mayoría de estas personas. Además, solo ocho países latinoamericanos y tres caribeños cuentan con seguro de desempleo.

Agrega el informe que el aumento del trabajo informal en un contexto de mayor desempleo dificultará que esos trabajadores y sus familias accedan a ingresos para sostener un nivel de vida digno. Esta situación presionará además la sostenibilidad financiera de los sistemas de protección social, por la disminución de los aportes directos y las posibles reducciones de cobertura.

Las mujeres se encuentran en una situación particularmente vulnerable. Al contar con una inserción laboral en condiciones de mayor precariedad y una mayor representación en el trabajo informal (en 2016 esta era del 54,3%, frente al 52,3% en el caso de los hombres (OIT, 2018)), están más expuestas al riesgo de desempleo. Las trabajadoras domésticas remuneradas (el 11,4% de las mujeres ocupadas), se encuentran en una situación particularmente compleja.

Pocas tienen acceso a la seguridad social, y están más desprotegidas en escenarios de desempleo sostenido. Los ajustes de presupuesto de las familias empleadoras aumentan la incertidumbre de su remuneración, sobre todo en el caso —frecuente— de no contar con un contrato formal.

En un contexto de confinamiento, cierre de escuelas y necesidad de cuidados ante la posible presencia de uno o más contagiados en el hogar, la carga de trabajo doméstico no remunerado que asumen las mujeres, las adolescentes y las niñas, así como los casos de violencia hacia ellas, se incrementan significativamente.