"Algunas cosas se hacen tan nuestras que las olvidamos"
Antonio Porchia (Voces,1943)

Desde hace mucho tiempo se considera al olvido como un proceso central para el funcionamiento del aparato psíquico. Sigmund Freud planteó al mismo como un mecanismo que hace que los procesos reprimidos pasen al inconsciente, convirtiéndose en "olvido" pero impactando en el psiquismo, hipótesis avalada actualmente por múltiples estudios neurobiológicos

Por otro lado es conocido que en neurociencia se lo considera como una función necesaria de la memoria. Pues sólo se recuerda a lo que se le otorga carga emocional. Siendo la memoria más "un proceso del olvido que el recuerdo".

Es decir, lo contrario de memorizar sería olvidar, así el olvido sería un función necesaria para lo que se recuerda. Sin embargo se considera actualmente que estos procesos no recordados generan cambios funcionales y/o estructurales, tanto en lo funcional como en lo estructural.

El olvido es enorme en comparación a lo grabado; es esencial para funcionar correctamente y generar procesos de aprendizaje, claves para la correcta toma de decisiones.

Toda la información es seleccionada, aunque probablemente sin borrar procesos neurológicos subconscientes, pues sería imposible recordar toda la información.

Se plantea, sin embargo, una discusión sobre el impacto que genera este proceso sobre la cognición.

Existen memorias que, aunque no se pueden evocar en forma consciente, generan cambios en el sistema nervioso. Como evidentemente sucede en los niños pequeños hasta aproximadamente los 3 años, momento en el que se empieza a recordar. Además de algunos tipos de memoria que sólo son evocados en cuestiones operativas o emocionales, modificando posteriormente la conducta.

Dicho esto, la memoria consciente -también llamada declarativa- es una función cognitiva que sufre procesos de olvidos constantes.

Existe un peaje emocional que se le otorga a cualquier evento a recordar, al dispararse la amígdala cerebral con contexto emotivo. Cuanto más carga, mayor recuerdo; sea una emoción negativa o positiva. Es así, como funcionalmente pasamos olvidando información intrascendente, como el nombre de una película que no nos gustó (memoria episódica) así como también su guión (memoria semántica).

Existen otros mecanismos fisiológicos de olvidos que ocurren en la niñez temprana hasta aproximadamente los 3 años de vida. Es una parte del ciclo vital en el que no recordamos qué ha sucedido. Aparentemente este tiempo ocurre un recambio neuronal a nivel del hipocampo cerebral. Luego se estabiliza y se recuerda lo sucedido en la infancia, primero en forma difusa y luego mucho más concreta. Llamativamente, a partir de que se comienza a recordar, serán éstos los momentos más difíciles de olvidar.

Uno de los estudios sobre el olvido más interesante es el de Roland Benolt y Michael Anderson de la Universidad de Cambridge, quienes describieron dos mecanismos importantes de los fenómenos del olvido.

Uno por represión, es decir un grupo de personas al que se le daba listado de palabras, pero se les pedía que no lo recuerden. En ese momento se estudiaba con resonancia magnética funcional del cerebro y se observó que se activaba la corteza prefrontal dorsolateral pero no el hipocampo de la persona, sector esencial para el recuerdo.

Existe un peaje emocional que se le otorga a cualquier evento que puede quedar en la memoria

Otra manera fue el olvido por sustitución en el que se cambian listas de palabras por otra. Fenómeno observado cuando recordamos diferentes números de teléfonos. El que mejor se evoca es el último, en este caso se activaba la corteza prefrontal caudal y la prefrontal ventrolateral medial, pero además se activaba el hipocampo; sector del grabado del recuerdo consciente. El exceso de información por unidad de tiempo implicaría también, un fenómeno de olvido.

El hipocampo, puente de la memoria, es bastante pequeño pero clave en el ingreso de la nueva información.

El recuerdo, es lo que queda y se evoca, como consecuencia de la plasticidad neuronal y de las conexiones sinápticas neuronales que se hayan generado.

Esa información comienza con una actividad eléctrica de las sinapsis neuronales, generando nuevas proteínas, que son la base de la plasticidad neuronal.

Una investigación de David Glanzman, de la Universidad de California, observó que la cantidad y ubicación de sinapsis pueden modificarse, pero quedan grabadas en el cuerpo de la neurona, sus proteínas y sus ácidos nucleicos. Pudiendo regenerarse a través de enzimas y proteínas con la información y ante un nuevo estímulo recuperar los datos.

La información antigua, aun habiendo perdido conexiones, puede regenerarse. Pues finalmente la memoria está constituida de proteínas, y su falta, con la subsecuente disminución de sinapsis, producirá los mecanismos de olvidos, que pueden ser patológicos, pero que generalmente son parte del correcto funcionamiento psíquico.

Pero no toda la memoria se reproduce conscientemente. La memoria consciente es la llamada declarativa, que es la que todos reconocerían como tal, como por ejemplo la conciencia de un nombre o una fecha.

Sin embargo existen otros tipos de memoria, todas inconscientes: la emocional, la de procedimiento y la adictiva. Entonces, la memoria declarativa que no llega a recordarse puede que en realidad se exprese a través de un mecanismo inconsciente, que constituyen nuestra personalidad y su patología. Como plantean desde el psicoanálisis hasta la neurociencia actual.

El mismo Andersen publicó junto a Taylor Schmitz de la Universidad MacGill otro trabajo donde expresa un claro componente de estimulación Prefrontal e inhibición hipocampal, cuando se solicita conscientemente reprimir alguna información para no recordarla. El planteo de que estos científicos es que el lóbulo prefrontal inhibe al hipocampo en situaciones fisiológicas, a través de un mecanismo Top-Down (de arriba hacia abajo), cuestión que observaron en neuroimágenes funcionales. Se piensa que este mecanismo es parte de una función fisiológica que puede alterarse en algunas patologías psiquiátricas como el estrés postraumático, el trastorno obsesivo-compulsivo e incluso la esquizofrenia, donde el hipocampo seguirá funcionando sin activarse el borrado; especialmente en las ideas graves, alucinaciones y en ideas intuitivas.

Este mismo grupo consiguió avanzar su investigación al estudiar el componente molecular de esta respuesta y observó con espectrometría del hipocampo (que mide los componentes químicos de una zona cerebral) que existe una aumento de la actividad hipocampal del neurotransmisor inhibitorio GABA; que inhibiría a esta estructura a través de la represión prefrontal.

El GABA es el neurotransmisor inhibitorio más importante del sistema nervioso central. Es posible plantear que estas patologías tienen una menor inhibición del hipocampo; un comienzo para pensar en tratamientos de los recuerdos inadecuados en estas patologías.

Algunas de estas terapéuticas ya se realizan, por ejemplo en el estrés postraumático grave, cuando las personas rememoran con Flash Back informaciones inadecuadas presentificadas, que estresan y empeoran la calidad de vida de los pacientes.

*Neurólogo. Doctor en medicina y doctor en filosofía. Investigador del Conicet

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