El retiro de Warren Buffett a los 95 reabre una pregunta clave: por qué trabajamos tanto tiempo
La salida de Buffett de Berkshire Hathaway abrió un debate entre especialistas: qué impulsa a miles de personas a seguir activas en la vejez y cómo se sostiene ese propósito.
Warren Buffett avanzó por el pasillo de su oficina en Omaha y dejó una escena que resume una vida. A los 95 años anunció que se retirará de la conducción de Berkshire Hathaway a fin de año, después de más de seis décadas al frente. Lo comunicó en una carta a los accionistas donde también explicó que dejará de escribir el informe anual y de hablar en la asamblea. Aun así, aclaró que seguirá yendo a trabajar.
En ese mensaje contó que se siente “mejor sobre la segunda mitad de mi vida que sobre la primera”. Admitió que lee con más dificultad y que se mueve con lentitud, pero sostuvo que permanece en la oficina cinco días por semana, rodeado de un equipo que le da energía e ideas. En el texto agregó que, de vez en cuando, aparece alguna propuesta valiosa que no habría surgido sin su presencia cotidiana.
La dimensión del recorrido es contundente: tomó el mando de Berkshire Hathaway antes del nacimiento de Sam Altman, Elon Musk y Mark Zuckerberg. Su sucesor, Greg Abel, 63 años, asumirá como CEO el 1° de enero. Pero la carta dejó algo más que un traspaso: abrió la puerta a una pregunta más amplia sobre trabajo, vejez y propósito.
Propósito, vínculos y orgulloKen Dychtwald, psicólogo, gerontólogo y director de Age Wave, leyó la carta como “una exhibición de sabiduría, madurez y conciencia”. Consideró que Buffett siguió trabajando porque le gustaba hacerlo. Explicó que existen tres razones principales para trabajar: cobrar un salario, sostener un propósito y vincularse con otras generaciones. En el caso del inversor, la necesidad económica estaba resuelta, pero las otras dos variables seguían en pie.
Dychtwald destacó que Buffett lideró durante 64 años a uno de los gigantes del mercado financiero y continuó porque “había trabajo importante por hacer”. Señaló que exhibía orgullo por su papel y por su manera de entender el capitalismo, basada en contribuir antes que exhibir riqueza. “¿Quién imaginaría que el mayor capitalista del último siglo tendría una filosofía tan abierta y gentil?”, planteó.
La experiencia como capitalChris Farrell, autor de “Unretirement” y “Purpose and a Paycheck”, sostuvo que la historia de Buffett desarma la idea de que todo declina después de los 55. Afirmó que, con los años, aumentan la experiencia y la capacidad de conectar ideas de forma creativa. A su juicio, el trabajo necesita tener sentido para sostenerse: despertar curiosidad, permitir aprender y ofrecer lazos de camaradería.
Farrell añadió que muchos artistas, profesionales, emprendedores y trabajadores calificados pasan décadas construyendo habilidades y encuentran en esa maestría una razón para mantenerse activos, hasta que la edad finalmente impone un límite. En el caso de Buffett, remarcó que la carta dedica amplio espacio a amistades y colegas que lo influenciaron, señal de que el trabajo funciona también como red social cuando el entorno personal se vuelve más estrecho.
El mensaje, dijo, no es trabajar hasta no poder más, sino encontrar aquello que aporta significado y conexión con la sociedad.
Un fenómeno en crecimientoKen Stern, fundador de The Longevity Project, ubicó el caso de Buffett dentro de una tendencia más amplia en EEUU. Explicó que, a medida que crece la expectativa de vida, más personas buscan propósito y lazos en la segunda mitad de la existencia. El trabajo, para un número creciente, ofrece ambas cosas.
Stern mencionó casos como Jane Goodall, activa en sus 90 años, o Mel Brooks, que a los 99 encaró una nueva película. Aseguró que los trabajadores de 75 años o más constituyen el grupo que más crece en el mercado laboral estadounidense y podrían duplicarse para 2030. Parte de esa permanencia es económica, pero mucho tiene que ver con sentido, vínculo y bienestar emocional.
Lo que queda en la escena finalLa carta cerró con una frase que condensó su mirada: “Nunca es demasiado tarde para mejorar… Decida qué quiere que diga su obituario y viva la vida para merecerlo”.
La escena final vuelve al principio: un hombre que camina despacio hacia su escritorio, donde todavía encuentra una razón para permanecer. En ese trayecto silencioso aparece la respuesta que buscan tantos especialistas. Para algunos, el trabajo no es sólo un lugar: es una forma de seguir siendo.

