La muerte de George Floyd a manos de la policía volvió a traer al primer plano de la conversación pública las tensiones étnicas que atraviesan a la sociedad estadounidense. Los manifestantes que han tomado las calles durante la última semana no solo protestan contra la brutalidad policial sino también contra lo que definen como un racismo sistémico que está presente en prácticamente todos los aspectos de la vida en el país norteamericano.

Quizás uno de los ejemplos más ilustrativos es el de Facebook. La empresa ha recibido numerosas críticas de esta naturaleza a lo largo de los años. Cientos de sus empleados realizaron una huelga virtual -considerando que están trabajando desde sus casas por la pandemia- para visibilizar su descontento con las políticas al respecto tomadas por la directiva que encabeza Mark Zuckerberg.

Según afirmaron numerosos empleados a lo largo de los años, la empresa tiene un sesgo desfavorable con respecto a la población negra, tanto puertas adentro como en su manejo general de la red social.

El disparador en este caso fue la reticencia de la red social a calificar como ofensiva una publicación del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, sobre las protestas catalizadas por la muerte de Floyd.