Un grupo de emprendedores textiles del Barrio 31, convocados por la Secretaría de Integración Social y Urbana, unió fuerzas para hacerle frente a la crisis durante la pandemia. La idea era simple: fabricar barbijos desde sus casas para poder venderlos en forma mayorista.

En total 21 emprendedores fueron los que cumplieron los requisitos de tener monotributo, estar bancarizados y poseer máquinas de coser. A partir de una primera donación de friselina (material del que están hechos los barbijos) confeccionaron 5.000 y los vendieron a algunos comercios del barrio y a la misma Secretaría, lo que les permitió reinvertir en más materia prima y aumentar su stock para poder vender a empresas y comercios fuera del barrio.

Para esto se formó una alianza con Wibai, una plataforma de compras colaborativas online a través de la cual se organizó un "pool" para la venta mayorista de 2.500 barbijos en packs de 50 unidades cada uno.