Florencia Kirchner, hija de los ex presidentes Néstor y Cristina Kirchner, contó cómo fue la última vez que vio a su padre, mostró un tatuaje desconocido y, después de fotografiarse con un libro de la escritora británica Virginia Woolf, recomendó leer a una autora argentina que supo describir la vida en “hospicios” -como prefería llamarlos- para "dejar de darle vuelta la cara a la salud mental" y "romper con los imaginarios preconcebidos por la máquina reina que moldea y etiqueta".

Desde Cuba, donde se encuentra realizando un tratamiento médico ambulatorio, Florencia publicó una imagen suya tapándose la cara con la tapa del libro de Virginia Woolf y escribió: “Porque es la uno. Publicó este texto en 1925 para una revista y es de los mejores que tiene de no ficción, como para subrayarlo entero”.

Luego de inaugurar hace pocos días su cuenta en la red social con una obra de George Owen Wynne Apperley y republicar una foto junto a su madre, realizó esta mañana un posteo en el que habla sobre enfermedad a través de un texto de la escritora británica reconocida por su visión feminista en el siglo XX.

En su cuenta de Instagram, la hija de la vicepresidenta acompañó la imagen con un texto de Ángela Pérez en el prólogo de ese libro: “La transformación interior y exterior que desencadena en nosotros la enfermedad, el distanciamiento de los sanos. La pobreza del idioma para expresar el dolor físico. Las palabras dejan de fluir cuando el enfermo intenta describir el dolor".

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Porque es la uno �� Publicó este texto en 1925 para una revista y es de los mejores que tiene de no ficción, como para subrayarlo entero. Dice Angela Pérez en el prólogo: "La transformación interior y exterior que desencadena en nosotros la enfermedad, el distanciamiento de los sanos. La pobreza del idioma para expresar el dolor físico. Las palabras dejan de fluir cuando el enfermo intenta describir el dolor". Texto: “El cuerpo interviene todo el día, toda la noche; se embota o se agudiza, se embellece o se marchita” / “Sin embargo, no sólo necesitamos un lenguaje nuevo más primitivo, más sensual, más obsceno, sino una nueva jerarquía de las pasiones: hay que disponer el amor a favor de los cuarenta grados de fiebre...” / “Hay una selva virgen en cada uno; un campo nevado en el que se desconocen incluso las huellas de los pájaros” (...) En cuanto nos vemos obligados a guardar cama o a reposar entre almohadones en un sillón y alzamos los pies unos centímetros sobre el suelo el otro, dejamos de ser soldados del ejército de los erguidos; nos convertimos en desertores. Ellos marchan a la batalla. Nosotros flotamos con las ramitas en la corriente; revueltos con las hojas muertas en el prado, irresponsables e indiferentes y quizá por primera vez en años capaces de mirar a nuestro alrededor, alzar la mirada y ver, por ejemplo, el cielo”. #VirginiaWoolf

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A través de su cuenta de Instagram, abierta hace escasos días, la joven de 29 años publicó un retrato de comienzos de 2018 en la que se la ve apoyada sobre una ventana: allí muestra un tatuaje en su muñeca derecha con las letras KV, con el mismo estilo del histórico grafiti de la Resistencia Peronista cuando pintaba la consiga "Perón Vuelve".

"Mi ventana. Tengo algo con los vidrios. Con el a través. A mi padre lo vi por última vez a través de la ventana de un auto. Desde entonces empecé a fotografiar mucho a través de", escribió la hija de la vicepresidenta.

Y agregó: "Ventanas y espejos a mi alrededor, yo levantando los párpados frente a mi cámara y mi celular. Amigxs, extrañxs y objetos de mi atención. No me di cuenta hasta pasado bastante tiempo lo que estaba haciendo. La memoria también forma al ojo ¿no? ¿O a nadie más se le escapan los ojos de la cara? Los míos se van corriendo".

En otro posteo, la guionista y realizadora audiovisual recomienda a sus seguidores que "lean a Marisa Wagner", una poeta que escribió "Los montes de la loca" durante su internación en la Colonia Nacional "Manuel Montes de Oca", dedicada a la atención de "personas con discapacidad intelectual y otras problemáticas en salud mental".

"No importa si están interesadxs en la poesía o no, porque meterse en sus versos es dejar de darle vuelta la cara a la salud mental, es romper con los imaginarios preconcebidos por la máquina reina que moldea y etiqueta para las cabezas de los demás, esa, que discrimina y excluye", señaló Florencia Kirchner.

Y añadió: "Psicóloga, poeta, militante, estuvo internada en neuropsiquiátricos y nos habla desde adentro, de la vida entre paredes. Como cuando nos dice que hace 731 (días) no ve amigos, no tiene sexo, no va al cine. El conjunto de todos estos poemas mutan en un grito a los psiquiátricos de Argentina, y me animo a llevarlo más allá: de todos lados".

"Como dice la contratatapa de (Alfredo) Moffatt, exponía lo que la cultura burguesa niega: la locura y la muerte. Poetizaba estas circunstancias de existencia. Resumo, porque nada de lo que escriba puede hacerle justicia a esta mujer", remarcó la cineasta.

Junto a su texto, la joven de 29 años eligió un pasaje de la obra de Wagner: "Tengo sueños, pesadillas... / que a nadie se las cuento, por las dudas, no sea cosa que vayan a parar a la historia clínica".

Florencia Kirchner se encuentra en La Habana desde hace un año, cuando viajó para participar de un seminario de guión de cine y, por problemas de salud, nunca regresó a la Argentina.

De acuerdo al diagnóstico que difundió la propia Cristina Kirchner en 2019, la joven estaba afectada por "trastorno de estrés postraumático; síndrome purpúrico en estudio, polineuropatía sensitiva desmielinizantede etiología desconocida, amenorrea en estudio, bajo peso corporal y linfedema ligero de miembros inferiores de etiología no precisada".