Las relaciones son complejas y mantenerlas requiere un trabajo consciente y constante. Muchos dejamos que alguien habite en nuestro corazón con una condición: que no rompa nada. Tomamos medidas y advertimos, pero aun así lo hacen y nos toman desprevenidos. Por eso, más que estar hechos de capítulos mal resueltos, lo que hay en nosotros son historias sin un final, sombras de personas que nos dejaron de la noche a la mañana sin dar una razón.

Desaparecer de una relación, en lugar de terminarla directamente, se ha convertido en una práctica frecuente.

Tan común es que ya le pusieron un nombre: "ghosting", o convertirse en fantasma de la noche a la mañana. Hay parejas, amigos que hacen ghosting, una forma de agresión muy destructiva para quien la sufre. Y es que existen personas que desaparecen de un día para otro por voluntad propia y sin dar ningún tipo de explicación, dejando a quien se queda con la pregunta sobre qué ha pasado, qué ha hecho para obtener esa respuesta. Esa persona a quien creíamos conocer y en quien habíamos depositado toda nuestra confianza puede traicionarnos sin que lleguemos a conocer la razón.

Se supone que entre dos adultos esto no debería pasar. Todos sabemos que terminar una relación rara vez es fácil.

Ambos suelen salir lastimados. Sin embargo, por desagradable que sea ese momento, se entiende que lo mínimo que se puede hacer es comunicarle al otro que el vínculo se ha roto. Amigos que hacen ghosting, una experiencia dolorosa, experiencia con un duro impacto sobre la autoestima. ¿Cómo aceptarlo de buenas a primeras? ¿Cómo asumir que ese amigo con quien teníamos tanta conexión y en quien confiábamos ya no quiere saber nada de nosotros?

Las relaciones son complejas y mantenerlas requiere un trabajo consciente y constante

Esto, que parece tan obvio, no es claro para muchos. Estos se alejan y con su alejamiento pretenden que el otro entienda que es una forma de ponerle punto final a la relación. De esta manera evita las explicaciones, las escenas y los malos ratos. Lo suyo es cerrar una puerta y abrir una ventana: manipular para manejar más fácilmente su propio duelo. El "ghosting" es una práctica propia de personas egoístas e inmaduras, que se sienten inferiores a las circunstancias. No confían en sus propios recursos.

Por duro que sea, siempre es más sano terminar una relación directamente antes que dejarla en suspenso y así abrir paso a todo tipo de interpretaciones y conjeturas. Si la relación ha sido intrascendente, desaparecer puede ser una conclusión obvia y digerible. Pero si han existido sentimientos intensos, planes conjuntos, expectativas formadas, la situación se torna mucho más complicada. En estos casos, desaparecer equivale a "abandonar" en el sentido estricto del término. Y para quien es abandonado, implica un duelo impreciso, que no estará exento de esperanzas fallidas y rabia por haber sido ignorado.

En la vida nos pueden hacer un ghosting completo, o también un semi-ghosting. Ninguno es agradable, ni lícito ni ético. El primero define esa conducta en la que alguien desaparece de nuestra vida de la noche a la mañana sin dar explicación. El segundo es más complejo y contradictorio. Hay personas con las que, de pronto, pasamos de tener una relación profunda y enriquecedora a una superficial. No sabemos muy bien qué ha pasado.

Lo mínimo que se puede hacer es comunicarle al otro que el vínculo se ha roto

El fantasma suave o el semi-ghosting, es un fenómeno cada vez más común en una sociedad donde las relaciones son a menudo muy frágiles y poco duraderas. Las emociones y el interés son forzados. Ya no hay reciprocidad. Percibir cómo una amistad, un familiar o una pareja pierde el interés en nosotros duele lo indecible. Darnos cuenta de que los encuentros son forzados, las conversaciones, meros ejercicios teatrales, y que ya no ocupamos un lugar importante en sus vidas, es difícil de aceptar.

No podemos controlar el interés que alguien tiene en nosotros. No podemos obligar a nadie a comunicarse con nosotros. Los intereses y prioridades de las personas cambian, y contra eso no podemos (ni debemos) hacer nada.

Deberemos practicar la aceptación y reconstruir nuestra vida. Lo que, hasta ayer, fue una ayuda, hoy puede ser un impedimento. "Dejar ir", ¡cuánta sabiduría! 

Del diario de un aventurero: "Voy por una selva. Encuentro un río, pero debo seguir mi camino. El río es muy profundo, no lo puedo cruzar caminando, no hay un puente, ni un barco, ni un vado. Entonces, durante días y días, durante semanas, me dedico a construir un bote, un bote que me permita cruzar el río. Y lo hago. Y estoy contento conmigo mismo al otro lado del río porque construí mi bote que me permitió seguir. Y pienso: "quizás haya otro río", "quizás pueda evitarme el trabajo de seguir construyendo otros botes", "debo llevar el bote conmigo". Y entonces, intento avanzar por la selva cargando con él, pero es tan difícil, es tan complicado...

Tropiezo con cada rama, me llevo por delante cada liana... Es imposible, pero persisto. No quiero dejar este bote; después de todo, ha sido tan útil para mí. Y sin embargo, esto, que un día me salvó, este bote que un día representó la posibilidad de seguir, hoy es mi mayor impedimento".