La expansión de la pandemia de coronavirus está poniendo a prueba algunas de las creencias más extendidas dentro del capitalismo y la sociedad moderna. Por ejemplo, aquella que posiciona al oro como "la" reserva de valor, junto con los Bonos del Tesoro de Estados Unidos. Luego de que la Fed tuviera que disponer un plan de rescate de US Bonds para evitar su hundimiento, ahora es el áureo metal el que debe afrontar desafíos con los que nunca se había topado antes.

De acuerdo con una publicación del sitio web Sputnik, esos desafíos son:

  • El crecimiento de la demanda
  • El cierre de las refinerías y de los productores
  • Los problemas de transporte
  • Las preocupaciones por la dispersión del oro

Estos retos no sólo son novedosos, parecen en un primer momento bastante difíciles de superar, asegura la publicación rusa.

Demanda: el oro desde hace mucho tiempo tiene la reputación de ser una herramienta de inversión muy segura durante una crisis, lo que significa que la demanda no hará más que crecer bruscamente si, en el peor de los casos, las empresas, las instituciones financieras y los Estados se declaran en quiebra o parecen cerca de estarlo. Sorprendemente, el director comercial Vincent Tie, de la empresa Silver Bullion con sede en Singapur, señaló a Bloomberg que "desde la semana pasada las mascarillas, los desinfectantes de manos, el papel higiénico y las onzas de oro tienen algo nuevo en común: se acaban cuando todos tratan de comprarlas".

La mayor parte de las reservas de oro se almacena en bóvedas situadas en Londres, Suiza y Nueva York. El depósito más grande del mundo -donde se guardan 497.000 lingotes del oro- se encuentra en el Banco de la Reserva Federal de Nueva York. Por su parte el Banco de Inglaterra cuenta con 400.000 lingotes. En ambas entidades hay lingotes argentinos, así como de otros orígenes. Hay otras bóvedas operadas por otros bancos centrales y empresas logísticas.

Cierre de minas y refinerías: otro elemento clave en la cadena áurea global son las refinerías y los mineros repartidos por todo el mundo. Las primeras compran la mena de oro para producir lingotes o joyería de varios tamaños. La última semana las tres mayores refinerías situadas en el cantón suizo de Ticino se vieron obligadas a cerrar a raíz de una orden emitida por las autoridades para luchar contra la pandemia.

El trabajo en las minas también se interrumpió tras el cierre de toda la industria en Sudáfrica. Se trata de un parate sin precedentes en los últimos 150 años. Además, se está paralizando la extracción de oro en otras minas desde Argentina hasta Canadá.

El transporte: Cada vez se hace más difícil hacer llegar el oro a quienes lo compran, porque usualmente para este fin se utilizan los vuelos comerciales.

La mayor parte de estos vuelos ya fue cancelada por la aerolíneas, y las que todavía siguen operándolos no pueden llevar a bordo de un solo avión una cantidad tan grande del metal precioso. Este hecho no tiene que ver con el peso de los lingotes, sino con razones relacionadas con la imposibilidad de obtener las pólizas de seguro necesarias para lidiar con una cantidad que supera la que una aeronave puede transportar.

Debido a estas complicaciones, en lugar de tardar un solo día, el oro ruso se suministra a otros países al cabo de una semana, explicó a Sputnik uno de los directivos del banco ruso Otkritie, Alexéi Záitsev.

La dispersión: Los ítems previos causaron una escasez histórica de futuros del oro en la bolsa de Nueva York. Usualmente los inversores compran futuros para obtener exposición a los mejores precios del metal. Así no tienen que preocuparse de los inconvenientes que implica poseer lingotes físicos.

Si los inversores mantienen los futuros de oro hasta la fecha de su vencimiento, pueden recibir los lingotes de una forma específica: por unidades de 100 onzas o tres kilobarras. Si el precio de los futuros del oro sube demasiado en la Bolsa de Nueva York respecto del del mismo instrumento financiero vendido en otras partes del mundo, los bancos pasan a comprar kilobarras allí y no en la metrópoli estadounidense.

La interrupción en las cadenas de suministro pone en duda estas operaciones. El brusco aumento del precio de los futuros hace que el metal vendido en Nueva York sea más caro que el que se adquiere en Londres. Este incremento de la diferencia de precios, conocida en el mundo como spread, empieza a preocupar a los comerciantes veteranos.