Hace cuarenta años ingresaba a la facultad, en los finales de la dictadura, en tiempos de universidades aranceladas y de hospitales públicos con “libreta de pago”. Luis Ignacio Brusco recuerda esos primeros pasos en la Universidad de Buenos Aires estrenando ahora su cargo de vicedecano de la Facultad de Medicina. Neurólogo, director del Departamento de Psiquiatría de la UBA, doctor en Filosofía e investigador del Conicet, es un férreo defensor de la universidad pública como factor de progreso, de la modernización de los sistemas educativos y de las campañas de salud pública a favor de la prevención. En diálogo con BAE Negocios (en donde escribe su columna semanal sobre neurociencia) analiza los desafíos para la medicina en la salida de la pandemia.


—¿Qué secuelas deja la pandemia?
—El problema del ser humano es la angustia de finitud, de muerte. que está habitualmente en un paréntesis, la olvidamos y seguimos viviendo. Ese paréntesis es difícil de tomar en pandemia porque la muerte está presente todo el tiempo. Vemos quién va ganando y quién va perdiendo en un ranking diario de muertes. La problemática de la vida, de la salud, afecta también la salud mental.

—¿Esas secuelas son un cambio permanente o transitorio? 
Todas las pandemias, las crisis, generan cambios de hábito y de cultura. Los hábitos que teníamos van a volver a estar, pero va a haber cambio cultural. La posibilidad de mortalidad angustia y hace que, cuando salimos de la pandemia, la gente se muestre más activa. En el fenómeno del último fin de semana largo hubo algo de eso. Como un “baby boom” que traerá un aumento de la natalidad, de los casamientos, de los divorcios, de las salidas, de los viajes… un incremento de la búsqueda de la felicidad, un reconocimiento de la vida. Sin embargo, va a quedar grabado el hábito del riesgo durante décadas, algo que se hará presente cuando estemos en lugares cerrados o cuando alguien tosa. 

—¿Se sobreutilizó la pandemia como excusa?
La pandemia es una gran excusa para muchos y una realidad para otros. No hay que prejuzgar si alguien plantea alguna dificultad por la pandemia. También se sobreutilizó, a nivel mundial, para culpar a los gobiernos. Hay cosas que se hicieron bien y otras mal, pero es fácil sobreutilizar porque la gente está emocionalmente muy cargada. Está todo más tenso, las personas más ansiosa y la tarea de los medios debe ser tranquilizar. Los procesos de tolerancia son importantes.

—¿En qué observa esa tensión?
—En psiquiatría se le da mucha importancia al lenguaje. Y se escucha decir “este país” y no “nuestro país”. Si es “este” país y no el “nuestro”, entonces hay mucha tendencia a invitar a irse del país livianamente. Pero los que invitan a otros a irse del país son los que se quedan, porque saben que “allá” también hay crisis, pandemia e inseguridad. En todos lados hay problemas.  



—¿De esta crisis se sale con más intolerancia?
—No podría dar un diagnóstico total, pero hay más intolerancia y se une con la ansiedad económica.  Cuando la angustia de la mortalidad estaba latente, éramos todos buenos. Pero soy optimista y creo que es necesario pensar y juntarse a buscar soluciones.

—¿A qué le cuesta recuperarse más, al cerebro o al cuerpo? 
—Los dos sufrieron bastante y en forma equiparada porque el cuerpo dejó de hacer ejercicio derivando en un aumento de peso en muchas personas, hasta 3 kilos a nivel mundial, y quienes tuvieron Covid quedaron con afecciones corporales tanto de patologías graves como con pérdida de masa corporal y debilidad.  En el caso de quienes estuvieron confinados, con temor o con estrés crónico, se hizo sufrir mucho al psiquismo, al cerebro, hubo un incremento de Alzheimer, un aumento de patologías neurológicas, no solo psiquiátricas, por el mismo estrés. Y la gente que tuvo Covid sufrió mucho más. En el cerebro se vieron desde problemas de salud mental en personas jóvenes hasta aumento de enfermedades cognitivas y de Parkinson. Al cerebro es al que más le cuesta porque es un tejido más complejo, más sensible, con baja posibilidad de recuperación, ya que las neuronas que mueren no son recuperadas.

La formación en Medicina: "Un buen medico requiere una mirada social" 

—¿Cambió la percepción de la sociedad sobre la medicina?
—Con la pandemia, la sociedad vio a los médicos. Los aplausos fueron sinceros. Pero la medicina se hace con el paciente, los médicos aprendemos del paciente y hay que prestarles atención a sus reclamos y a sus angustias. Hay que detenerse a escuchar al otro en un mundo acelerado en donde hace falta lo que llamamos cognición social. 

"Tenemos que reordenar la metodología enciclopedista basada en la memorización para pasar a una basada en enseñar a pensar"
 

—¿Qué encuentra que sigue estando bien en la enseñanza de medicina y qué hay que cambiar?
—Tenemos que reordenar la metodología enciclopedista basada en la memorización para pasar a una basada en enseñar a pensar. Necesitamos la incorporación del profesional en el ámbito de la salud en forma más directa para que tenga tiempo de ver a qué se va a dedicar y si se siente satisfecho. Y basar la educación en la recompensa más que el castigo. Es mejor plantear que el alumno va a poder participar de un congreso si le va bien que repetir el año si le va mal. Es más motivador para la enseñanza.

—¿Por qué piensa que tantos jóvenes siguen queriendo estudiar medicina?
—Los jóvenes que están en la universidad hacen un esfuerzo. Están en una edad crítica porque la adolescencia se ha prolongado hasta los 30 años y a la vez se ha adelantado su inicio. Pero hay chicos que viajan, se sientan a escuchar las clases y quieren hacer bien a la comunidad. Esta juventud mantiene la mística de la ayuda al otro y con la pandemia aumentó esta condición de entender que se pueden hacer las cosas bien y la importancia de hacerle bien al otro. 

—¿En qué nivel está la enseñanza de la medicina?
Tenemos una educación en medicina que es de excelencia. La universidad pública es el espacio de proyección de las clases humildes. Por eso, las universidades en el conurbano fueron centrales para igualar.

—¿Dónde se forman los mejores médicos, en la universidad o en la práctica social?
 —Un buen médico debe tener mucha ciencia, mucho estudio, pero también una instancia, una mirada, un contacto social. Es un mix. Estamos acostumbrados al múltiple choice, pero todas las respuestas son correctas en este caso.

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Gabriela Granata

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