“La conciencia vale por mil testigos”

Marco Fabio Quintiliano

Hace ya varias décadas el teórico cognitivo John Flavell, de la Universidad de Stanford, describió a la metacognición como un proceso que posibilita el juicio sobre uno mismo. Sin embargo, mucho tiempo antes ya se habían observado situaciones neurológicas de pacientes, que desconocían parte del espacio, del cuerpo o de su propia enfermedad.

Muchas de estas alteraciones correspondían a cuestiones concretas, como consecuencia de lesiones parietales; especialmente en la zona derecha del cerebro.

Es decir, que se pueden observar alteraciones puntuales de centros, que se deduce, generan funciones específicas. Sin embargo estas actividades nunca dejan de estar engranadas con la red cerebral y corporal, lo que implica una función muy compleja; como lo es el reconocimiento de sí mismo.

No quedan ajenas áreas del sistema nervioso de evaluación de costos (ínsula) y de zonas emocionales (sistema límbico), que influyen sobre todo juicio que realizaremos sobre nosotros mismos.

Es imposible pensarse sin pensar al otro; siendo imprescindible la necesidad de considerar el espacio que nos rodea y específicamente la intersubjetividad, pues es imposible pensarse sin proyectarse en la otredad.

Ya el fenomenólogo Edmund Husserl planteaba a este proceso como “impatía”, como un modo de percibirse a sí mismo siendo posterior la percepción del otro; que influye sobre la subjetividad, pero no puede ser inmediata.

El niño comienza a reconocerse cuando empieza a madurar su cerebro. Pues al año, por ejemplo, no puede identificarse en un espejo percibiendo que ve a otra persona. Algo similar sucede en etapas avanzadas de la enfermedad de Alzheimer, cuando el sujeto no se reconoce; incluso le cuesta entender un programa de televisión, pues piensa que le hablan a él (misidentification).

Puede considerarse a la metacognición como la base de la conciencia de realidad. Afectada en problemas como las psicosis, como por ejemplo sucede en la esquizofrenia o en alteraciones neurológicas graves como la demencia frontal (atrofia de ese lóbulo).

Pareciera que esta problemática se expresa en una alteración del lóbulo prefrontal, sea por una falla funcional o porque se encuentre lesionado.

Los neurocientíficos de la Universidad de San Diego, Shimamura y Squiere, fueron los primeros en describir al lóbulo prefrontal anterior, como sector responsable de la metacognición, posteriormente se fue profundizando en diferentes estudios la relación de esta zona con los procesos de conocimiento de sí mismo.

Actualmente se ha descrito al área prefrontal anterior, con mayor tamaño en las personas de mayor metacognición. Asimismo, si este sector tiene mayores conexiones con la subcorteza, la persona tendrá más posibilidades críticas, sobre sus fallas en la autoconciencia.

Muchos de los estudios plantean la investigación de esta capacidad a través de la toma de decisiones. Así, la metacognición sería la base de la capacidad de decidir. Tanto a corto como a largo plazo, quizá mucho más en este último proceso.

Se plantea como una función que depende del grado de autoevaluación que generen la personas. Llevaría implícita la evaluación probabilística que tiene la misma. Por ejemplo, si un camino es mejor que el otro o si una decisión es la más correcta; así nuestro cerebro evaluará los riesgos de una acción.

Algunos etólogos describen algún proceso primitivo de toma decisiones en algunos animales como delfines, otros grupos observaron lo mismo en los chimpancés. En algunas pruebas, estos animales cuando no pueden decidir un acto, pues no les convence, toman una tercera conducta relacionada con la incertidumbre. Estos investigadores relacionan esta situación con un proceso primitivo de metacognición.

La evaluación del propio juicio tiene una instancia más sutil, que implica darse cuenta que se está fallando. Es decir que algunas personas, toman conciencia que no utilizan correctamente una función, aun siendo cognitiva y compleja (en general cuando son procesos muy localizados).

Sin embargo, otros pacientes no presentan ninguna autocrítica sobre su conducta, como sucede en la esquizofrenia o en la enfermedad de Alzheimer. Lesiones del hipocampo que afectan la memoria, cuando son aisladas, el paciente se da cuenta de su amnesia; pero cuando se afecta el lóbulo prefrontal no reconocerá su problemática, rellenando el recuerdo con inventos . Esto se conoce como “confabulación de relleno”, cuadro descrito en alcohólicos crónicos (síndrome de Korsakoff) pero que se hace mucho más frecuente en el Alzheimer. En ambas no sólo está afectada la memoria por alteraciones del hipocampo, sino que se lesiona el prefrontal anterior, trastocando el reconocimiento del problema.

Poder mensurar la metacognición, puede ser una herramienta muy útil para evaluar la posibilidad de psicosociorehabilitación, en problemas de salud mental. Siendo también propuesta para los procesos educativos, evaluando la capacidad de autocrítica y conocimiento del saber de los alumnos (saber que saben).

Podría asociarse a estos procesos cognitivos con el testeo de nuestras decisiones. Tratando de llevarlas a una conducta precisa, a partir de la evaluación de riesgo, que realiza nuestro sistema nervioso. Un procedimiento que enjuicia la propia conciencia y la conducta.

*Neurólogo cognitivo y doctor en Filosofía. Prof. titular UBA. Conicet