Algunos candidatos proponen como su más trascendental acción de gobierno el superar la grieta que afecta a la sociedad argentina. En general hacen alusión al kirchnerismo. Arriesgamos que “la grieta” y la “ancha avenida del medio” no existen. La primera es la lucha de clases para reducir la plusvalía de los sectores económicos más concentrados y el sistema financiero. No la puja de clase revolucionaria que propone el marxismo. Es la que pretende, dentro del sistema capitalista, una mejor redistribución del ingreso y un modelo de país con eje en el trabajo y los trabajadores. ¿Es posible conciliar esa lucha entre capital y trabajo? Hasta ahora los “antigrieta” no explicaron cómo se soluciona tal contradicción.

El kirchnerismo visibilizó aún más el valor de la negociación colectiva y sobre todo la salarial. Esa negociación, conflicto mediante o no, es la manifestación democrática de la lucha de clases. Su significación se remonta a tres siglos atrás. El concepto, aunque el marxismo le dio un contenido revolucionario del proletariado, fue acuñado por Adam Smith en la “La Riqueza de las Naciones”. Ello a sabiendas de una sociedad industrial que se desarrolló al compás de contradicciones entre capital y trabajo. Smith la consideró perniciosa para el avance y riqueza de las naciones. Pero si de “grieta” hablamos en América eso tuvo inicio con la llegada del imperialismo colonizador español.

Pueblos originarios vs conquistadores

La invasión fue resistida por muchos pueblos de América. Y más que un detalle que el imperialismo español, no sólo considerara a los “indios” como inferiores, sino como aquellos que podían trabajar para ellos y extraer las riquezas de estas tierras. Era una cuestión económica y el sojuzgamiento de los pueblos originarios fundamental para su cometido. La resistencia fue lucha de clases aunque el concepto todavía no se había acuñado. En nuestro país esa pugna por un modelo de país con redistribución del ingreso y cierta equidad era expresión de la lucha de clases con profundidad.

Tanto el Plan de Operaciones adjudicado a Mariano Moreno, como la propuesta de José Artigas incluían la reforma agraria. Pero será Domingo Sarmiento el cultor de una división de clases extrema con su “Civilización y Barbarie” donde los aborígenes; los pobres y los gauchos, eran exponente de barbarie solo por luchar por sus derechos. De estos conceptos nace la invasión a la Patagonia en pos de apropiarse de las tierras de los Patogones, Tehuelches y Pampas, los que fueron masacrados para que esa apropiación fuese repartida entre las familias más “civilizadas” del país. Juan Domingo Perón llegó para incluir a los trabajadores a la política argentina toda una afrenta para los sectores dominantes. Por ejemplo: La sanción del “Estatuto del Peón” tuvo críticas por parte de una enfurecida Sociedad Rural: “En la fijación de los salarios es primordial determinar el estándar de vida del peón común. Son a veces tan limitadas sus necesidades materiales que un remanente trae destinos socialmente poco interesantes...” O el consabido: “el trabajador osaba mirarme a los ojos, frente a frente”. Consideramos que un fenómeno similar y más moderno, ocurrió en la época kirchnerista, allí se quiso imponer una pequeña suba de las retenciones; la negociación salarial en alza; el aumento de las jubilaciones y su espectro, razones que molestaron al establishment.

¿Cuál sería entonces la ancha avenida del medio? ¿Cómo se concilian estos intereses contrapuestos y contradictorios? Cómo se concilia una sociedad de corte liberal con una sociedad que pretende ser “la comunidad organizada”: con reparto justo de la riqueza. La “ancha avenida del medio” no es otra cosa que el ala “izquierda”, si así se la puede denominar, del modelo liberal sin salir de él. Ni más ni menos que el modelo liberal, parte de lo que se denomina grieta, con ropa de cordero.

 

(#) Abogado laboralista experto en Derecho Sindical y politólogo