Mis abuelos son italianos, mi abuela Clara del Vecchio llegó a la Argentina el 21 de septiembre de 1949, embarazada de mi mamá. Venían del sur de Napoles de San Sossio Baronia y trajeron todas sus costumbres bien tanas que nos trasmitieron de generación en generación. Para nosotros hacer pastas y salsas es una ceremonia.

La Pastalinda fue una de las primeras cosas que compró, yo tengo 44 años y esa máquina ya existía. Todos los domingos era el mismo ritual. Mi nonna hacía spaghettis y cintas, a veces ravioles, la recuerdo siempre secando la masa desde temprano y todos sentados en la mesa, listos para probar la pasta.

Salsa de tomate lista
Nuestra producción

Mi abuela falleció hace unos 20 años y la Pastalinda quedó en casa de mi mamá, que mucho no la usaba. Justo antes de la pandemia la fuimos a buscar con mi marido, se la expropiamos a mi mamá.

Sentimos que moríamos de felicidad cuando vimos salir de la Pastalinda los primeros fideos, es una joya. Tiene como 50 años y no se usaba hace como 15 años, sólo la limpiamos y comenzamos a usarla. No hizo falta nada más, hicimos cintas, spaghettis y hasta masa para empanadas. Tenerla es como si tuviéramos oro, no la vamos a devolver.

Para dimensionar el fanatismo de mi familia por las costumbres italianas, puedo contarles que desde que llegaron mis abuelos, apenas terminó la Guerra Mundial, todos los años hacemos salsa de tomate casera. Mi familia es de Villa Madero, en ese barrio el 80% de los vecinos hacía históricamente su propia salsa. En mi familia nunca en la vida compramos salsa de tomate en el supermercado.

 Mis padres, mi hermano y su mujer, mi marido y yo y los padres de Abel, un amigo y compañero de trabajo, cuyos abuelos vinieron también de Italia, nos reunimos todos los años y comenzamos la ceremonia. Cada matrimonio compra 10 cajones de tomates peritas, preferimos que sean los mendocinos. Los ponemos a hervir en bolsas rejillas, los pasamos por una máquina que trajo mi abuela de Italia que los procesa. Separa la pulpa y deja en otra parte la cáscara y la semilla que se tiran. Con la pulpa lista los ponemos en unos tachos enormes que hay en el fondo de la casa de mi mamá.

Tomatina, nuestra salsa casera
Arrancamos la tomatina

El papá de Abel, que se da maña con todo, les hizo una especie de canilla y vamos llenando todas las botellas. De cada 10 cajones de tomates sacamos más de 100 litros de salsa de tomate. Cada uno las condimenta como quiere, mi receta, incluye hojas de albahaca, unas tiritas de morrón rojo y dos cucharaditas de sal gruesa. Esa es mi receta.

Este año no pudimos hacer nuestra producción porque nos agarró la pandemia, pero compensamos con la alegría de tener la Pastalinda.