El satélite argentino de observación con microonadas Saocom 1B fue lanzado exitosamente la noche del domingo desde la base de Cabo Cañaveral en Florida, Estados Unidos. En plena pandemia, con buena parte del equipo trabajando de manera remota, se logró este hito para la ciencia local que reafirma la posición de excelencia que tiene Argentina en este tipo de tecnología. "Lo vivimos con mucha ansiedad. Hasta minutos antes no estábamos seguros si lanzábamos o no porque había mal tiempo. Estábamos haciendo fuerza y soplando para que se fueran las nubes ", cuenta sobre el lanzamiento Laura Frulla, Doctora en Ciencias Físicas, Investigadora de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) y actual gerente de Observación de la Tierra de la Misión del SAOCOM. En diálogo con BAE Negocios, destaca la trascendencia de este paso.

—¿Qué importancia tiene el logro para el país?
—Esto nos posiciona al nivel de cualquier agencia espacial importante: NASA, agencia espacial europea, agencia espacial japonesa. No hay que tener duda respecto al nivel. Es un punto de inflexión para lo que es la Argentina afuera. Se gana mucho respeto. Para tener una idea, satélites con estas características en este momento sólo hay tres en órbita: los dos nuestros y el japonés que se llama Alos-2. Ahora Nasa tiene en desarrollo un satélite con características similares junto con la agencia espacial hindú; y la agencia espacial europea también está desarrollando otro en la misma banda que trabaja el nuestro, la banda L.

—¿Qué aplicaciones tiene por fuera de los usos más conocidos en Agronomía?
—Un ejemplo es en Antropología: hay quienes está investigando dinámicas poblacionales y se estudia el medio ambiente para caracterizar hacia adonde evolucionan las poblaciones. Hay aportes a la ley de bosques, de glaciares, de humedales. También estudios en ciudades: se pueden identificar caminos de tierra o de cemento, ver cómo están conectadas ciertas estructuras urbanas. Podés hacer análisis de densidad poblacional y de expansión urbana. También identificar espacios verdes, o espacios optimos para instalarlos como espacios verdes.

—¿Se exporta también esta información como servicio?
—Sí, efectivamente. Nosotros tenemos un brazo comercial que es la agencia Veng, que ha trabajado codo a codo con CONAE en el armado, en la integración de la antena y en la parte del segemento terreno que ahora toma prioridad con el seguimiento del satélite y la recepción de las imágenes. Ya están comercializando hacia afuera. Desde afuera hay mucho interés en este tipo de información. Es muy valorada por su calidad. No existe en el mundo una antena así. Mide 35 metros cuadrados y la sensibilidad que tiene te permite desde satisfacer el objetivo de misión que es determinar humedad del suelo hasta poder identificar estructuras en la ciudad. Hay empresas de afuera que tienen interés en este tipo de información y no en otro. Por ejemplo, están trabajando en pérdidas en cañerías en la ciudad y eso lo pueden determinar con la información de SAOCOM.

—¿Cuánto puede llegar a generar en términos de ingresos?
—Para tener una idea, este proyecto fue parcialmente financiado por el BID. Para evaluar el recupero se hizo un análisis y se comprobó que con sólo generar tres aplicaciones (un producto que aporta a la estimación del RINDE de los cultivos, otro que analiza riesgo en el trigo y un aporte a la guía de crecidas) ya se recuperaba el costo de la inversión.

—¿Encontraron muchas trabas y desafíos en el camino?
—Trabas siempre se encuentran de todo tipo. El tema es ser creativos para sortearlas. Es un proyecto que se originó en el 2006. Es una tecnología de punta y no había experiencia en Argentina. Ni siquiera afuera. Hubo que caminar, que aprender, que equivocarse. Hasta hubo que cambiar una antena: teníamos en un principio una de 21 metros cuadrados.

—¿Qué viene después, hay colaboraciones con otras agencias?
El logro viene a reforzar las cooperaciones que CONAE ya tiene, como las de NASA o la agencia europea. Con esto por supuesto hay muchas agencias que se están acercando como Corea, China. Ellos quieren datos SAOCOM y tienen otro tipo de datos: hacemos intercambio. Eso favorece porque todo es recurso económico.

—¿Qué le dirías a las nuevas generaciones que empiezan a interesarse?
—Esto motiva a cualquier persona que tenga interés en la ciencia y que esté estudiando. El área espacial es muy vasta: da para todas las profesiones. Hasta para los abogados, por el uso del dato y la propiedad intelectual. Está el tema de política de datos, cómo las manejas con otras instituciones y con el afuera, como preservas el derecho a esos datos. Estuvimos trabajando mucho con los abogados, les explicamos y en función de eso se generan las cláusulas. A las nuevas generaciones les diría que estudien lo que les guste y que le pongan pila porque hay mucho para la ciencia argentina.

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