Cada día unas 3.700 personas mueren en el mundo en accidentes de tránsito y muchas más sufren heridas gravísimas. El número impresiona. Pero seguramente no tanto como si nos detenemos a pensar en cada uno de los fallecidos y sus familias.

Más aún si se toma conciencia de que la mayoría de las víctimas son niños y jóvenes de entre 5 y 29 años, según el último reporte global de la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicado en 2018. De hecho, los accidentes viales son la primera causa de muerte en niños. La pregunta se hace inevitable. “¿Por qué seguimos aceptando un sistema de transporte que mata a tanta gente?”, tal como señala a esta periodista Etienne Krug, director de Factores Sociales Determinantes de la Salud a pocas horas de que se inicie, en Estocolmo, Suecia, la 3era Conferencia Global Ministerial en Seguridad Vial.

Allí, hoy y mañana más de 1800 personas de 140 países, entre ellos ministros y miembros gubernamentales así como representantes de ONGs, investigadores, instituciones e industrias, participarán de diversos paneles en los que se discutirá cómo reducir drásticamente las muertes y las lesiones graves en accidentes de tránsito. Los avances tecnológicos forman parte de la solución.

Pero, una vez más, Krug invita a preguntarse “¿esperamos varias décadas hasta que los vehículos más seguros estén disponibles en todo el mundo y, mientras tanto, dejamos que mueran otras 50.000.000 de personas como desde que se inventó al auto?” La propuesta es que al mismo tiempo las agencias nacionales de seguridad vial se ocupan de tener un liderazgo eficiente; se elaboran estadísticas verídicas; se aplican leyes más duras, infraestructura sólida y un sistema de atención a los traumas que derivan de los accidentes viales.

La experiencia sueca

La problemática de la seguridad vial es multifactorial al igual que la solución. Un ejemplo de que no es una utopía lograr avances significativos es Suecia. Hace ya hace 23 años inició una política de largo plazo que consiste en cambiar el paradigma. Dejar de depositar la responsabilidad final únicamente en las acciones individuales, para entender que ésta se halla en el sistema.

Es decir, no sólo en los usuarios sino también quienes administran, diseñan y construyen el sistema de transporte. En otras palabras, Suecia partió de la premisa de que, como decía el autor romano Séneca, “errar es humano”. Frente a esto, el Parlamente comprendió que para desarrollar su política de Seguridad Vial cada ínfimo espacio de circulación debe poder anticipar y corregir las equivocaciones que cometen conductores, peatones, ciclistas, motociclistas y demás usuarios.

Así, Suecia adoptó la estrategia denominada Visión Cero que no es sino un compromiso entre el Estado y los ciudadanos para generar un sistema más equitativo, seguro y eficiente. “El parámetro para diseñar una calle debe ser que eliminen las chances de que haya muertes o heridos de gravedad”, afirma María Krafft, directora de Sustentabilidad y Seguridad Vial de la Administración Suecia de Transporte quien, como Krug, disertará en la 3era Conferencia Global Ministerial en Seguridad Vial.

Argentina está lejos de Suecia. No sólo por separarlas más de 13.200 kilómetros sino porque, desde hace años, nuestro país mantiene estable la cantidad de muertes anuales en accidentes viales. En 2018 el número fue, según la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV), 5493 y un año antes, 5.611 (y más de 7.300 heridos graves). Unas 15 cada día. En Suecia, en cambio, en 2019 murieron 223, lo que implica una tasa de 2.1 cada 100.000 según la Agencia de Transporte sueca.

Es la cifra más baja desde 1950, año en que ese organismo comenzó a contabilizarlas. Argentina no es el único con nulo éxito en salvar vidas en el tránsito. “Entre 2014 y 2016 en los países de bajos y medianos recursos las muertes se redujeron 0 %. La tasa de fallecidos triplica la de los países ricos”, advierte Krug.

Este año es clave ya que finaliza la década de acción definida por la Organización de Naciones Unidas (ONU) en la que los países que la conforman se comprometieron, en 2010, a trabajar para reducir las muertes y lesiones graves. Se desarrolló un plan global con objetivos que debían ser alcanzados en 2020. Sin embargo, el mundo cumplió el 50 %. Lo que implica millones de muertes menos y progresos en muchos lugares.

Se pudieron salvar más 2.500.000 de vidas. Pero se pretendía el doble. Por ello, en el evento de hoy y mañana en Estocolmo, los líderes conversarán acerca de la necesidad de extender los objetivos de 2020 para lograrlos en 2030, a la vez que incorporar nuevos. Uno de los desafíos más significativos entre ellos es la inclusión de las lesiones graves, ya que las consecuencias en cuanto a los costos económicos que conllevan son enormes. En especial en los países de bajas y medianos recursos.

Las muertes y lesiones graves demandan entre el 2 % y el 2.5 % del PBI global por año, unos USD1.8 trillones. En este contexto, ayer, Bloomberg Philanthropies, la ONG de Michael Bloomberg, el actual candidato demócrata a las elecciones primarias de Estados Unidos, hizo un anuncio. A propósito de los logros que obtuvo en los 12 años que lleva invirtiendo en la seguridad vial, decidió duplicar su apoyo con la donación de otros USD240.000.000 para los próximos cinco años.

Los facilitará para salvar 600.000 vidas más y prevenir hasta 22.000.000 de lesiones en los países con menos recursos. Kelly Larson, su directora, señala a BAE Negocios que esta inversión también implica incrementar el trabajo que realizan en seis países para llevarlo a un total de 15. Por otra parte, Krug también destaca que “hay soluciones que cuestan poco dinero y otras que incluso muestran beneficios rápidamente”.

Advierte que se debe aprender acerca de ellas y de las que precisan mayor inversión a partir de la experiencia exitosa que han obtenido distintos países como Francia, Suecia o incluso en Rusia. En este último, las muertes se redujeron un 20 % en los últimos años. En Brasil, alrededor de 15 %.

La 3era Conferencia Global Ministerial en Seguridad Vial es, precisamente, una oportunidad para aprender. Esta nota se realizó con la colaboración de la OMS y el Centro Internacional para Periodistas (IFCJ) en el marco de la Beca para Periodistas en Seguridad Vial 2020.