Mientras piden que la Legislatura porteña apruebe la ley de emergencia y que el Gobierno de la Ciudad asigne fondos para ayudarlos, los centros culturales dan clases online, hacen funciones a la gorra, ofrecen delivery de bebidas y comidas o recurren a las plataformas de reclutamiento de fondos para aliviar sus necesidades más urgentes, como el mantenimiento del espacio o los sueldos de los técnicos y trabajadores.

Agrupados en el Movimiento de Espacios Culturales y Artísticos (MECA) en las últimas semanas varios espacios porteños iniciaron una campaña en las redes para pedir la sanción de una ley de Emergencia Cultural en la Ciudad, un proyecto presentado por la legisladora del Frente de Todos María Bielli.

"Hay algunos subsidios en marcha pero debería haber reasignación de partidas del presupuesto de este año para paliar las dificultades de la cultura", argumenta Claudio Gorenman, integrante del movimiento y del Centro Cultural Matienzo de Palermo.

Al pedido de reasignación del presupuesto 2020 el MECA suma la creación de una tarifa social para los espacios dedicados a la cultura, renegociación de los alquileres y protocolos para la pospandemia claros y accesibles. En el sector no creen que puedan volver a la actividad antes de octubre o noviembre y mientras tanto, recurren a lo que denominan "parchecitos", estrategias para juntar fondos.

"En abril en el Matienzo abrimos un proyecto de recaudación de fondos en la plataforma Idéame, más que nada para mantener el vínculo con el público", resume Gorenman en diálogo con Télam.  La plataforma recaudó 560.000 de los 300.000 pesos que se había fijado como meta, gracias a la ayuda de 112 benefactores que recibieron a cambio beneficios a futuro, como entradas, pintas de cerveza y comidas.

En el espacio de Humberto Primo y Jujuy también realizaron un ciclo de vivos en Instagram que se llama "Mandril en casa" para recaudar plata para el espacio y también para los artistas. Incluso comparten las ganancias con el bachillerato popular travesti-trans Mocha Celis. En tren de multiplicar las estrategias El Mandril organizó talleres para que los profesores den desde sus casas. "La idea es seguir construyendo en red. La salida es colectiva", dice Sclocco.

Con espacios en Almagro y el Abasto la gente del Polo Cultural El Emergente también recurrió al delivery, al igual que el Centro Cultural Planeta, de Floresta. A pocas cuadras, en el 100 de la calle Mazza, Hasta Trilce decidió aprovechar el club de membresía que había lanzado en enero "Comuna Trilce" que por una cuota de 200, 2560 o 300 pesos propone descuentos en espectáculos y comidas cuando abran el bar y restorán. Por ahora hacen delivery de comida y cerveza artesanal. También sumaron una herramienta común en el sector pyme:  la plataforma Compra Futura.

El Centro Casa Brandon recibe aportea que puede ir desde los 100 a los 1500 pesos a cambio de recompensas que pueden ser un simple abrazo, o calendarios y remeras serigrafiadas. "No podemos dejar de activar la alarma sobre los impactos nefastos que esto trae en el sustento económico de los espacios y de sus trabajadorxs. Las consecuencias ya podemos verlas con el cierre de 5 espacios culturales", describe Lisa Kerner, integrante de este espacio.