El último rinoceronte macho blanco del norte que queda en el mundo, llamado Sudán, fue sacrificado tras agravarse la enfermedad que sufría desde hace varias semanas, según informó la reserva natural keniana donde vivía desde 2009.

Su muerte podría significar la extinción de uno de los animales más exóticos del mundo, ya que solo quedan sus dos hijas hembras como únicas supervivientes de esta subespecie, por lo que la única esperanza es la reproducción asistida.

"Sudán será recordado por su memorable e inusual vida", estimó la reserva, que explicó que en los años 70 consiguió sobrevivir a la extinción de su especie.