Pocas  lugares gastronómicos del conurbano bonaerense tienen tanta fama como la Parrilla El Tano Debenedetti. Ubicada en el barrio de Sarandí, su prestigio trascendió de boca en boca. Hace más de 20 años que Juan Caschetto y sus hijos Dami, Bruno y Fabio se especializaban en parrilla libre y en sus mesas se podían ver desde obreros de la construcción hasta afamados jugadores de fútbol. Avellaneda está de luto, se murió el Tano y por coronavirus.

En sus paredes colgaban camisetas autografiadas, algunos jugadores iban se sacaban fotos y se la regalaban a Juan. Era el más amiguero de todos, querido por quien alguna vez pasó por ahí. Muchos se atreven a decir que es “la mejor parrilla de argentina”. Su plato más elogiado era el matambre tiernizado a la pizza a caballo con dos huevos fritos.

La fama del lugar era incomprendida por muchos, pero tenía una explicación, que algunos no entienden. Por menos de $1000, un comensal podía sentarse en la mesa del Tano con todo incluido. Comer desde un chori, una morcilla, achuras y diferentes cortes de carnes que iban desfilando durante toda la noche. Ensalada o papas fritas estaban en el menú. Cada dos personas se podía compartir una gaseosa grande, también la cerveza era una opción.  

Cuando llegaba el momento del postre, se podía elegir una variedad de grandes copas y para terminar la velada, el Tano se jugaba y les daba a todos sus clientes una copa de champaigne. No importaba quien sea, si tenía un Rolex, un reloj comprado en el Once o ni siquiera eso. Todos eran iguales.

Visitar la parrilla del Tano era una fiesta, permitía que por menos de lo que se paga un corte de carne en cualquier parrilla disfrutar de una noche con alegría, sin pensar en el precio de la bebida, de los postres y sin mirar de reojo, la copa de champaigne que servían en la mesa de al lado. Todo estaba pagado.

Apenas se abrieron las puertas de los locales en el conurbano, tras la cuarentena, el Tano abrió su parrilla. En todos lados había que respetar un aforo de 25 a 30%. Pero cómo elegir a quién dejar afuera, cuando muchos habían juntado pesito tras pesito para poder ir. En la famosa parrilla de Sarandí, no se respetaba ningún aforo allá por el 14 de noviembre.

El local explotaba de gente, no había lugar ni para un alfiler. Todos chocándose los codos, disfrutaban de la parrilla libre olvidándose del Coronavirus, la pandemia, los muertos, los casos y también los barbijos. Algunos mozos no usaban barbijo, otros lo tenían pero colgado de la pera y otros ni en el bolsillo. No se escuchaban reproches ni quejas, entonces todo seguía normal, como si nunca hubiera llegado el Covid-19. El municipio lo sabía, lo veía, la policía también, no había persona que pudiera ignorar que el Coronavirus en lo del Tano se hacía un festín. Hasta varios periodistas lo comentaron, pero nadie hizo nada.

En cada mesa había una bolsita blanca de nylon llena de pancitos, los que querían pan, sólo tenían que meter la mano y sacarlo. Se levantaban, se iban, llegaban otros clientes y otra vez, metían la mano y sacaban el pan. Así funcionaba, por lo menos en noviembre la famosa parrilla de Sarandí.

Parecía que noche tras noche, todos desafiaban al Coronavirus. Como si pisar la parrilla del Tano los hiciera invencibles, les diera los anticuerpos necesarios para no infectarse. Todo seguía normal hasta el 12 de enero que en la página de Facebook comunicaron: “Cerrado por vacaciones hasta el 14 de Febrero”. Y si, el Tano como iba a faltarles a los enamorados que ese día iban a festejar a la parrilla.

El 14 de enero sus hijos escribieron en Facebook: “Les vamos a pedir por favor y encarecidamente que dejen de hablar de Juan y de su salud. Hoy esta internado y peléandola….La verdad es horrible esta situación y si les tendríamos que pedir algo a ustedes es que recen por nuestro viejo”. Ayer cuando faltaba un minuto para las cinco de la tarde, sus hijos comunicaron en Facebook la noticia que nadie quería leer: “Se nos fue nuestro querido Tano..Te vamos a extrañar”.  

El dolor fue tan grande que entre vecinos y amigos organizaron una suelta de globos en la puerta de la querida parrilla. Se fue el creador de la parrilla más famosa del conurbano, la que desafiaba el Coronavirus noche tras noche. Era tan amante del laburo y de su querida parrilla que eligió irse en sus propias vacaciones, no sea cosa que tuvieran que cerrar por su culpa la parrilla.El 14 de febrero reabrirá, pero ya nada será igual.

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Graciela Moreno

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