Las carreras más populares en las universidades argentinas son las relacionadas a Salud, Jurídicas o Económicas. Muy poca gente sigue el camino de las Ciencias Exactas. En todas ellas más del 45% de estudiantes son mujeres, es decir que hay una relativa paridad de género. Pero hay dos grupos de carreras que se distinguen por tener un porcentaje marcadamente bajo de presencia femenina: las Ingenierías y la Informática.

Menos del 25% de quienes se inscribieron a Ingeniería son mujeres, y en Informática el número es aún más bajo, ya que ronda el 16%. Así lo demuestra una visualización exploratoria de la organización Chicas en Tecnología (CET), que analiza en detalle la composición por género del estudiantado de todas las carreras de las universidades del país, que diferenciaron en 16 grupos, en el período 2010 a 2017.

A nivel general, tomando en cuenta todas las inscripciones, "las Ingenierías y las carreras relacionadas a la Informática están en un nivel medio de inscripciones, pero ese nivel baja abruptamente cuando se tiene en cuenta el porcentaje de estudiantes mujeres", mientras que "grupos de carreras como Exactas, Arquitectura, Diseño y Artes, que están en los niveles más bajos de inscripciones totales, tienen paridad o mayoría de mujeres", indica el informe de Chicas en Tecnología.

Las carreras con mayor número de inscripciones de mujeres son las vinculadas a los cuidados: en Psicología, más de 80% de estudiantes son mujeres, mientras que Educación y Salud tienen 75% de estudiantes mujeres cada una. Esto no es casual: los datos ponen en evidencia una realidad en la que todavía existe un sesgo de género y una división de las tareas, que se puede ver aún en el ámbito universitario.

“¿A qué se debe? Es un poco el sistema en que vivimos. Desde chiquitos nos dicen cuáles son las carreras para mujeres y para varones", analizó en diálogo con BAE Negocios Carolina Hadad, co-fundadora de Chicas en Tecnología e integrante del equipo que procesó los datos de las distintas carreras y elaboró las visualizaciones.

Hadad planteó que "en las mujeres se incentiva solamente lo que tiene que ver con tareas domésticas y de cuidado de otras personas, y en los varones se suele incentivar el pensamiento abstracto o matemático". "La cultura en la que estamos inmersos influye en las decisiones y en las posibilidades que proyectamos como opción de futuro. Es lo que intuíamos, pero este tipo de análisis permite verlo en números concretos y analizar si va cambiando o no a lo largo de los años”, explicó.

Incluso en los grupos de carreras con más del 70% de estudiantes mujeres, cuando la carrera o la especialidad tiene que ver con Tecnología, Programación o Informática, decrece el porcentaje de mujeres que la estudian. Por ejemplo, en Educación se ve cómo la especialidad de Tecnología Educativa, a pesar de un pico en 2013, es la orientación más baja en representación femenina (6 de cada 10 inscripciones son de mujeres), mientras que de 100 personas que se inscriben para ser maestras jardineras, o trabajar en educación inicial en general, 98 son mujeres, y en educación primaria y especial, +9 de cada 10 son mujeres.

Los datos, sin embargo, muestran un panorama parcial por su caracter binario: se habla en términos de mujer y hombre debido a que todavía el Ministerio de Educación no hace diferencia entre la multiplicidad de identidades de género en sus registros, por lo que no hay información disponible respecto a qué carreras eligen personas trans, travestis o no binarias (aquellas que no se identifican ni con el género masculino ni con el femenino) o siquiera si esas personas están presentes en las universidades.

Dentro de las diferentes ramas de Ingeniería, "la distribución de género no es homogénea como en otros grupos": "Ingeniería en Alimentos es la carrera de este grupo con una mayoría de estudiantes mujeres (el 60%). Ingeniería química tiene paridad de género y el resto de las Ingenierías tienen menos de 4 mujeres cada 10 estudiantes. Agrimensura, Civil e Industrial tienen 3 mujeres de cada 10. Y las que cuentan con más estudiantes varones son Electrónica, Mecánica, Eléctrica y Electromecánica con menos de 1 mujer cada 10 estudiantes", ámbitos considerados tradicionalmente como masculinos.

Con respecto a las carreras de Informática, la inscripción de mujeres en cada año analizado oscila entre 14 y 18%. "Hay carreras en las que las estudiantes inscriptas son 3 ó 4 de cada 10 varones. Y en algunos casos hay menos de 2 mujeres cada 10 personas inscriptas". El nivel más bajo se observa en Ingeniería en Computación, más relacionada con el hardware,  en la que las mujeres representan sólo el 10% de los inscriptos.

En las carreras vinculadas Programación, la proporción de mujeres que se reciben es más alta que la proporción de mujeres que se inscriben, es decir que “las mujeres abandonan menos las carreras que los hombres”, indicó Hadad en base a un estudio que había hecho CET junto con Medallia sobre datos de 2010-2015, el cual muestra que sobre un total de 21.492 personas que obtuvieron su título en el período analizado, el 21% fueron mujeres. “Eso habla de la necesidad de credenciales que se requieren en la industria a unos y a otras: en general, las mujeres tenemos que demostrar más con títulos para llegar a los mismos roles”, advirtió.

La reciente visualización exploratoria muestra una caída sostenida en el número total de mujeres egresadas de carreras como licenciatura en Sistemas o Informática, Analista o Sistemas de Información, pero crece en Ingeniería en Sistemas o Informática y, de a poco, en Ingeniería en Computación. 

Cambiar la desigualdad de género y reducir brechas depende de políticas públicas, pero para implementarlas primero es necesario conocer la realidad, y para ello contar con datos objetivos son clave. “Lo que no se mide no se puede transformar, porque necesitás saber cuál es la línea de base, saber si las acciones que estás tomando cambian o no lo que estás viendo, y si no existen datos, eso no se puede hacer. Desde Chicas en Tecnología buscamos conocer la realidad para poder entenderla, problematizarla y cambiarla", resumió Hadad.

Chicas en Tecnología es una organización que apunta a reducir la desigualdad y la baja presencia de mujeres en este sector, con un enfoque en las adolescentes, "para que conozcan la tecnología y la tengan como opción de futuro".

Su proyecto de visualización exploratoria fue desarrollado a partir de un intenso trabajo sobre bases de datos con información de todas las universidades del país, obtenido por un pedido de acceso a la información pública al Ministerio de Educación. Implicó procesar y sistematizar los datos de las "más de siete mil carreras" que se ofrecen en el país, agruparlas de forma manual en 16 grupos para poder hacer el análisis y contabilizar la situación de cada uno de los estudiantes inscriptos durante el período 2010-2017.

El código de las visualizaciones que resultó de este proyecto es público y colaborativo, por lo cual quien lo desee puede utilizarlo para "hacer sus propios análisis, interactuar con los gráficos y sacar sus propias conclusiones", como por ejemplo usar los datos con foco en otras carreras, sostuvo Hadad.

En 2019 CET fue una de las tres organizaciones de todo el mundo en ganar una beca de Nextjournal para realizar una visualización exploratoria sobre un conjunto de datos (dataset) relevante para la comunidad, lo que dio como resultado esta visualización, apuntada a que sus datos sean utilizados para cambiar la realidad por un futuro con menos brechas de género.

La brecha de género en Tecnología también se refleja en las condiciones laborales

Las mujeres en sistemas existimos”, aunque sean pocas, remarcó Hadad. Por eso destacó que, al igual que Chicas en Tecnología, en los últimos años surgieron espacios de “contención, conocimiento”-por ejemplo, Las de Sistemas, Chicas Programando, TransTI- para “potenciar” a aquellas mujeres y personas LGBTIQ+ que se dedican a este sector. “No se trata sólo de una falta de acceso a la tecnología sino que hay una serie de desigualdades que a las mujeres y a las minorías hacen que tengan una experiencia distinta en el área”, indicó.

Pero no sólo hay un problema de baja presencia en las carreras y los trabajos en tecnología, sino que la desigualdad de género también afecta a la calidad de las condiciones de trabajo. “Estudié Sistemas, Ciencias de la Computación, y me pasó siempre ser la única en la clase o una de las únicas, no tener referentes femeninas en el área. En los trabajos no tener jefas mujeres, tener que estar explicando todo el tiempo cuáles eran las necesidades que tengo ahora que soy mamá”, compartió Hadad.

La diferencia de trato en el trabajo entre hombres y mujeres en Tecnología queda en evidencia con la brecha salarial, es decir, que ellos ganan más que ellas por hacer los mismos trabajos. De acuerdo a una encuesta de la organización Sysarmy sobre condiciones laborales en el área en el período julio-agosto de 2020, las mujeres ganan 20,48% menos que los varones, y la brecha se acentúa en mujeres con más años de experiencia.

“Es un problema de acceso y de oportunidades dentro del área, un problema sistémico. No afecta solamente a las mujeres, sino también a las personas LGBTIQ+, las personas racializadas, las personas con discapacidades. Es un reflejo del mundo en que vivimos”, analizó la co-fundadora de CET.

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