La ciudad ya no es la misma que era en enero. Los cambios más perceptibles son la omniprescencia del barbijo, las mamparas en taxis y supermercados, la baja de circulación de gente en transporte público o las flechas y rayas que señalan en el piso cómo movernos o dónde esperar. Pero más allá de estas marcas circunstanciales, se está transformando la forma en que nos vinculamos con el espacio urbano. 

Los especialistas destacan que se están asentando las bases permanentes de las ciudades post-coronavirus, a partir de tendencias que se aceleraron con la irrupción del Coronavirus. No es la primera vez en la historia que las enfermedades dejan su impronta en la arquitectura urbana. La obsesión con la tuberculosis provocó cambios en la forma de edificar y habitar con espacios más higiénicos, que evitaran la concentración de polvo y paredes blancas.Las primeras leyes urbanísticas nacieron en el siglo XIX durante la Revolución Industrial para controlar las enfermedades infecciosas. Se buscó aumentar el tamaño de las viviendas, sumar ventilación y luz del sol.

Desde que comenzó la pandemia del coronavirus en el mundo, uno de los conceptos nuevos que más prendieron es el de "ciudad de quince minutos". Lo popularizó la alcaldesa de París, Anne Hidalgo. Equivale a ciudad de proximidad y plantea que en 15 minutos promedio, caminando o en bicicleta, puedas conseguir lo que necesitas para vivir, ya sea un supermercado, un cajero automático, una plaza, el registro civil, la farmacia, la escuela y el médico. Habla de descentralización: que tengamos todos los servicios básicos a una distancia razonable y se desaliente la necesidad de usar el transporte público.  Por interesante que resulte, también hay voces que advierten que  la densidad es la forma más sostenible de habitar, ya que la concentración de los servicios permite su acceso a una mayor población.

Emparentado con esto, y como consecuencia de la generalización del home office, se espera el surgimiento natural de pequeños centros en los barrios que se habían perdido por los centros comerciales. El declive de ciertos servicios centrales de las ciudades y la potenciación de muchos servicios de barrio impulsará la aparición de nuevas centralidades.

Otro de las tendencias que se aceleran, son los transportes alternativos, especialmente las bicicletas, medio que se consolidará. Una nota de Europapress destaca que una de las principales intervenciones higiénicas a corto plazo será el auge del vehículo privado ante la aversión al transporte público. La ciudad italiana de Milán ya anunció que entre los planes para superar la emergencia del coronavirus se encuentra la habilitación de 35 nuevos kilómetros de pista ciclable y el gobierno francés destinó 20 millones de euros para fomentar el uso de este medio.

Citado por el medio europeo, Carlos F. Lahoz, profesor de urbanismo de la CEU San Pablo de Madrid, habla también de la preferencia por ciertos materiales. Una vuelta al cobre y al bronce que se habían dejado de usar, pero que pueden ayudar a luchar contra la propagación de las bacterias y los virus, puesto que el tiempo de permanencia en sus superficies es inferior. El experto imagina las ciudades post-coronavirus más verticales, con más árboles y dotadas de mejores parques y más lugares para hacer actividad física en los barrios.