Como parte de las acciones para sostener la memoria y el pedido de Justicia por la voladura de la mutual judía AMIA el 18 de julio de 1994, tres sobrevivientes contaron su historia. Adrián Furman, Alejandro Mirchnik y Hugo  Fryszberg, quienes fueron ese día a su trabajo en el edificio de Pasteur, fueron reunidos en una conferencia por Zoom denominada "Sobrevivir".

El presidente de AMIA, Ariel Eichbaum, destacó que el contexto de conmemoración este año "es diferente, pero lo que no cambia es la fuerza de nuestro reclamo y la denuncia de impunidad” y  el presidente de la Federación de Comunidades Israelitas Argentinas, Eliahu Hamra, expresó que “para el Vaad Hakehilot es un orgullo organizar este evento y compartir la historia de tres sobrevivientes del peor atentado terrorista de la historia argentina”.

"Este año, a 26 años del ataque terrorista que terminó con la vida de 85 personas, nos toca llevar adelante el acto central y las distintas charlas en una modalidad distinta por la pandemia que nos atraviesa. El acto es virtual, pero el reclamo es tan real como siempre”, agregó.

 Furman recordó que llegó a trabajar a las 8 de la mañana y subió al cuarto piso como todos los días para ver a su hermano Fabián. "A las 9.53 nos sorprendió la explosión. Me acuerdo que fueron dos explosiones, la primera sentí que se tambaleó el edificio y la segunda cuando se derrumbaba. Yo estaba en el fondo, no se derrumbó ahí, la sensación fue de oscuridad, olor a amoniaco, polvo, vidrios que se caían, pedazos de techos, me metí abajo del escritorio, no podía respirar”.

Dejé de trabajar en AMIA porque creí que no iba a poder soportar trabajar en el mismo lugar donde mataron a mi hermano y a muchos amigos", rememoró.

Hugo Fryszberg contó que cuando escuchó la explosión “no tenía en la cabeza un atentado, ni una bomba. Hoy puedo decir que estamos vivos porque nuestras oficinas estaban de contrafrente, del lado de Uriburu y no hubo destrucción. Donde sí la hubo, no sobrevivió nadie”.

Alejandro Mirochnik trabajaba en el Departamento de Comunicación y Prensa de la DAIA. Contó que había ido a buscar los diarios a las 9.30, regresó y subió al ascensor para llegar al 5to piso. “"En el 3° o 4° piso siento un estallido de piedras y que se corta el ascensor. Me agazapo y pongo mi espalda sobre una de las paredes del ascensor, y siento el ruido del caer del ascensor, piedras y silencio absoluto”.

“De repente aparece una luz, y veo mi pierna. Alguien me ilumina. Me metí por el agujero de la viga  y me arrastré por los cables del ascensor. Mientras voy recorriendo, empiezo a ver que está todo roto, solo piedras, escombros.Trepo tres o tres metros y medio veo una bota de un bombero y le grito ‘no se dieron cuenta los de infraestructura de AMIA que se cayó el ascensor’. El bombero me contestó ‘todas esas personas que nombrás están muertas, no sabés lo que es esto’. Ahí pensé ‘no se cayó el ascensor, se vino abajo todo el edificio. Todo cruel y crudo fue", afirmó Alejandro.