F undado en abril de 1937, el Club Deportivo Norte (Mar del Plata) pudo al fin celebrar por estos días su 80 aniversario, con una típica reunión social en el predio que posee sobre la ruta 2. En sintonía, fue reconocido por la Comuna local por su labor de recuperación institucional y la labor comunitaria que cumple con sus categorías infantiles de fútbol. Desde la dirección se propició el intercambio con clubes de Capital y GBA, con torneos recreativos relámpago.

Aunque a la par del significado y el simbolismo de la fecha, sus socios debieron festejar también una instancia que conlleva mucho de resurrección, tras la pérdida de la histórica sede en medio de una crisis general y el proceso de gerenciamiento que había desvirtuado su concepto civil y social. Para muchos de ellos, el proyecto concretado trás una intervención y una elección suspendida (el oficialismo no logró formar lista) también implicó un regreso al origen y a los recuerdos. Algunos de los comentarios escuchados en las mesas tendidas en el salón de actos, transmiten esas sensaciones simples y directas.

“Volví para colaborar cuando me enteré que había un proyecto de recuperación en marcha. Como no voy a aportar ahora que puedo si cuando no tenía plata, acá me fiaban el sandwich y la gaseosa”, apunta uno.

“Mis hijos juegan en inferiores y a no me cuesta nada hacer una donación para que se bañen con agua caliente después del entrenamiento”, acota otro.

Hay testimonios similares de desprendimiento y solidaridad. Todos se cobijan en el anonimato, prefieren abrir el bolsillo sin aspavientos antes que ofrecer el pecho para las medallas.

Pero medallas también hubo. Sencillas, con el escudo aurinegro del club (“como Peñarol, de Montevideo”, le gusta señalar a los más veteranos) y encintadas de celeste y blanco para colgar en el cuello de los homenajeados.

Una de las homenajeadas fue Nora Vega. Hija de uno de los fundadores e insignia pródiga del club, su historial como deportista de élite en el Patín Carrera es abrumador. Quíntuple campeona mundial, seis veces campeona panamericana y otra decena de veces campeona sudamericana. En 1996 y 2008 fue una de las portadoras de la antorcha olímpica para los Juegos Olímpicos de Atlanta y Beijing. En 1995, recibió el Premio Olimpia de Oro al mejor deportista del año. Como corolario, obtuvo el Konex de Platino a la patinadora más destacada de la década 1990-2000. Sus palabras lo resumen: “Empecé a patinar en el club, jugando, y al club le debo lo que construí en mi carrera deportiva, que me llevó a recorrer todo el mundo. Pero lo más importante, aun si no se llega a la excelencia, es disfrutar lo que brinda la vida un de un club. Si estuve alejada por distintos motivos, sepan que los llevo siempre en el corazón”.

El reconocimiento otorgado oportunante por la Secretaría de Deportes de la Municipalidad de General Pueyrredón pondera “la labor institucional y la tarea de reconstrucción” llevada a cabo por un club que perdió la sede pero conservó su esencia.

  • Una historia de película con final agridulce

Fines de los ’80, vísperas de hiperinflación, no eran momentos fáciles para la sociedad argentina y clubes de barrio como Deportivo Norte no eran la excepción. Mientras disputaba y coronaba su mejor momento deportivo con una final clasificatoria para el Nacional B (perdió por penales contra Nueva Chicago), la institución quedó presa de una clasula de garantía sobre su sede social en Perla Norte, levantada y ampliada por sucesivas administraciones. Decretada la quiebra, el venerable edificio que había cobijado incontables bodas y celebraciones, fue confiscado y puesto a remate.