Quienes reúnan las dosis suficiente de coraje y curiosidad podrán cruzar el nuevo puente peatonal colgante, llamado "516 Arouca·", en Portugal, que se quedó con el título del mundo.

La atracción está escondida entre las montañas cubiertas de exuberante vegetación y flores amarillas en el Geoparque Arouca, de belleza reconocida por la Unesco, a unos 60 kilómetros al sureste de Oporto.

En estos días el puente abrió para residentes y a partir del lunes todos pueden reservar una visita.

Experiencia en las alturas

Sostenido por cables de acero y dos torres gigantes a cada lado, el camino de celosía se tambalea un poco con cada paso. Ese camino de rejilla metálica del puente tiene, como su nombre lo indica, 516 metros de largo. Unos 175 más abajo corre el río Paiva. La experiencia no es para impresionables. 

Costó unos 2,3 millones de euros y tardó unos dos años en construirse. Se espera que la nueva atracción ayude a revitalizar el turismo en la región, afectado por la pandemia.

Hasta ahora, el récord como el puente colgante peatonal más largo del mundo lo tenía el Puente Charles Kuonen cerca de Randa en los Alpes suizos, con una estructura de 494 metros de largo a una altura de 85 metros, construido en julio de 2017. Había destronado a su vez al Titan RT en Sajonia-Anhalt de 483 metros de largo, inaugurado dos meses antes.

Vértigo

Hugo Xavier fue uno de los primeros en caminar sobre la rejilla metálica del puente ubicado cerca de su pequeña ciudad natal de Arouca, en el norte de Portugal. Tuvo que reunir todo su valor, contó Spiegel. "Oh ... ahí vamos", dijo el hombre, de 42 años, antes de entrar en el puente, tan nervioso como su compañero, un guía turístico.

"Estaba un poco asustado, pero valió la pena", reconoció Xavier, aliviado, del otro lado de la pasarela. "Fue extraordinario, una experiencia única, una descarga de adrenalina", agregó.