Agobiados por las apps de citas, lanzaron un Tinder universitario con algoritmo propio
En Stanford, estudiantes crearon Date Drop, una plataforma que empareja alumnos con 66 preguntas y ya fue usada por más de 5.000 jóvenes en un campus de élite
Cuando Ben Rosenfeld asumió como asistente residencial en un dormitorio de la Universidad de Stanford, no imaginó que iba a convivir con 77 ingresantes atravesados por una obsesión común. No eran los exámenes ni las pasantías en Silicon Valley. Era Date Drop, una plataforma de "matchmaking" que irrumpió en septiembre y colonizó las conversaciones del campus.
Según reconstruyó el Wall Street Journal, el fenómeno se expandió con una velocidad inusual incluso para una universidad acostumbrada a lanzar startups. "Siempre hablan de con quién quieren que hagan match, con quién hicieron match, con quién matcheó a sus amigos", contó Rosenfeld, estudiante avanzado de ciencia de datos.
Un algoritmo contra el vértigo de las apps
Date Drop nació de la mano de Henry Weng, estudiante de posgrado en informática. El sistema propone responder 66 preguntas sobre valores, estilo de vida y posiciones políticas. Esas respuestas alimentan un algoritmo que asigna parejas compatibles. Los matchs se publican cada martes a las 21.
La escena se repite, según detalló el WSJ: estudiantes reunidos en dormitorios o bibliotecas, celulares en mano, esperando el "drop". Algunos vuelcan su frustración en Fizz, un foro interno. "Mi date drop fue ‘chopped'", escribió un alumno, con jerga para señalar que el resultado no le resultó atractivo. Otros celebran y se encuentran en On Call Café, que ofrece una bebida gratis a quienes acuden con su primera cita del trimestre.
Más de 5.000 estudiantes ya usaron Date Drop en un campus con unos 7.500 alumnos de grado. La iniciativa se extendió a otras diez universidades, entre ellas Columbia, Princeton y el MIT. Además, consiguió USD 2,1 millones en financiamiento de capital de riesgo.
Para sus impulsores, el crecimiento expone un dato generacional: muchos estudiantes se sienten intimidados por el cara a cara y saturados por el scroll infinito de las aplicaciones tradicionales. "Ayuda a que la gente se anime a conectar", explicó Weng. "Te da un motivo para encontrarte con una persona específica y quita parte de la presión".
Una solución "muy Stanford" para un problema propio
Algunos alumnos describen Date Drop como una respuesta típica de Stanford a un problema típico de Stanford. "Mucha gente acá pone tanto énfasis en el éxito en otras áreas que la interacción social queda en segundo plano", dijo la estudiante Alena Zhang. "A muchos les cuesta iniciar conversaciones en general, ni hablar de interacciones románticas".
El sistema incluso permite que amigos matcheen a dos personas para aumentar sus probabilidades de coincidencia. El estudiante Wilson Adkins recibió tres propuestas al mismo tiempo. "Sabía que estaban conspirando", relató. El algoritmo lo emparejó con una compañera con un 99,7% de compatibilidad. Él evitó el encuentro durante semanas. Luego estudiaron juntos algunas veces.
Stanford no es ajena a estos experimentos. Allí surgió en 2017 The Marriage Pact, otro proyecto de emparejamiento adoptado por más de 100 universidades. Su creador, Liam McGregor, afirmó que generó más de 350.000 coincidencias y decenas de matrimonios. El cuestionario incluye afirmaciones como "Prefiero desaprobar antes que copiar en un examen" o "Creo que puedo cambiar el mundo".
El equipo de The Marriage Pact envió en noviembre una intimación formal para que cese sus operaciones, al considerar que Date Drop replicaba preguntas y estrategias de marketing. Weng dijo que el equipo defiende la originalidad de su desarrollo y que continuará operando.
Entre el algoritmo y la agenda imposible
Según el WSJ, el entusiasmo no garantiza resultados duraderos. Gabriel Berger, estudiante de segundo año, salió con su primera coincidencia a tomar matcha en Palo Alto. "La pasamos muy bien. Hablamos durante un par de horas", contó. El vínculo no prosperó. Ella combinaba ensayos de danza con una carga académica completa. Él realizaba investigación, cursaba cuatro materias exigentes y ocupaba la vicepresidencia de su fraternidad. "No estamos encajando bien", concluyeron.
En Princeton, donde también desembarcó la plataforma, el estudiante Pierre Du Plessis valoró la herramienta en un campus donde invitar a alguien a salir no es habitual. "Si sale mal, todos se enteran. Nadie quiere ser el que quedó como un papelón", señaló.
Para Madhav Abraham-Prakash, dirigente estudiantil que ayudó a instalar Date Drop en Stanford, la aplicación sirve para maximizar "el mejor mercado de citas del que voy a formar parte". No consiguió pareja. Sí, algunos contactos en LinkedIn. Y dejó una frase que condensa el espíritu del proyecto: "Me daría pena que mi alma gemela estuviera acá y no la encontrara. O mi cofundador. O mi socio. O el presidente de mi directorio".

