BAE EN LA CALLE

Con quién te tomarías un último mate

Los testimonios revelan un profundo sentimiento de nostalgia, ya que la mayoría de los participantes mencionan a seres queridos fallecidos, como padres, abuelos o parejas.

En la cotidianeidad, el mate es mucho más que una infusión amarga; es un puente invisible entre el presente y el recuerdo, un pretexto para el encuentro que adquiere su significado más sagrado ante una sola pregunta: ¿con quién compartirías tu último mate?

Para algunos, esa última ronda es una oportunidad para recuperar el amor que la muerte interrumpió, de acuerdo surgió con entrevistas de BAE en la Calle.

Una de las entrevistadas evoca a su primera pareja, ya fallecida, no porque hayan quedado palabras pendientes por decir, sino por la simple y profunda necesidad de volver a escuchar la voz de quien ya no está, contemplar de nuevo sus gestos y revivir lo que define como una hermosa historia de amor. Otra mujer mira hacia el pasado con nostalgia y elige a su madre, a quien extraña profundamente; desearía compartir esa última bombilla para hacerle preguntas, conocer más sobre su propia historia y expresarle cuánto la quiere, con la tierna esperanza de que en algún lugar se volverán a encontrar para que ella se lo cuente todo.

El mate también se ofrece a quienes nos moldearon desde el principio. Un hombre, conmovido hasta las lágrimas, elegiría compartir ese instante final con su hermano Daniel, el compañero con el que se crió, con quien compartió las primeras salidas y vivió "las mil y una". "Lo amo, gracias por todo lo que me dio y lo que soy hoy es gracias a él", confiesa con profunda emoción. Otro entrevistado viaja a su niñez para buscar a su "viejo", a quien perdió cuando apenas tenía siete años. Aunque el tiempo ha pasado, el recuerdo de sus enseñanzas permanece intacto como lo mejor que tiene en la vida, y ante la idea de un último mate, su único deseo es simple y desgarrador: "lo quisiera tener acá".

Para los que han tenido que migrar, esta infusión acorta las distancias geográficas. Un joven venezolano elige sin dudar a su papá, describiéndolo como la persona que más admira en la vida y de quien siente que, a pesar de la distancia, "siempre está conmigo". En cambio, para otros, el mate representa la oportunidad de saldar una deuda del corazón, como la joven que anhela compartir un mate con su abuelo -un hombre que solía tomar mucho mate pero que partió de forma inesperada- con quien nunca pudo sentarse a compartir uno. Hoy solo le queda el deseo de decirle cuánto lo extraña y la esperanza de, al menos, encontrarlo en sus sueños.

También están quienes eligen sostener el presente y el afecto cotidiano. Hay quienes eligen a sus hijas o nietas simplemente por el puro amor que les tienen, o quienes se refugian en el calor de su pareja, sus hijos y su familia, reconociéndolos como aquellos que los acompañan en cada paso del camino. Y finalmente está el esposo que, con un amor inquebrantable, elegiría tomar ese último mate con su esposa, afirmando con ternura que siempre la ha amado y la sigue amando, sosteniendo el fuego de su sentimiento de su parte, aunque no tenga certezas de si ella siente lo mismo.

Al final, la bombilla va y viene, y en cada cebada se dibuja el mapa de nuestros afectos. El último mate no es una despedida amarga; es el ritual donde la memoria se vuelve dulce y el amor encuentra su espacio para quedarse para siempre.

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