Crisis de natalidad: revelan por qué algunas personas prefieren una mascota a un hijo
Una investigación desafía una idea extendida: lejos de sustituir a los hijos, tener una mascota puede ser un paso previo antes de formar una familia
La caída sostenida de la natalidad se convirtió en una de las principales preocupaciones económicas y sociales a nivel global. Países con mercados laborales desarrollados, altos niveles de urbanización y cambios culturales profundos enfrentan tasas de fecundidad históricamente bajas. En ese contexto, se instaló una hipótesis cada vez más repetida: las personas eligen mascotas en lugar de hijos. Sin embargo, un nuevo estudio aporta evidencia que matiza —y en algunos casos contradice— esa mirada.
Durante los últimos años, líderes políticos y religiosos señalaron la expansión del vínculo con animales de compañía como un factor que desplaza la decisión de tener hijos. Corea del Sur, Japón, Italia y España aparecen entre los países donde este fenómeno se volvió parte del debate público, en paralelo a mínimos históricos de natalidad.
En Asia oriental, la tendencia es especialmente marcada. Corea del Sur registró en 2023 la tasa de fecundidad más baja del mundo, mientras que Taiwán y Japón mantienen niveles similares. El crecimiento del mercado de mascotas, con servicios premium, guarderías y productos de alto valor agregado, reforzó la percepción de que los animales ocupan el lugar que antes tenían los hijos.
El estudio que pone en duda la idea del “reemplazo”Un documento de trabajo reciente, basado en datos oficiales de Taiwán, propone una lectura diferente. Los investigadores analizaron registros administrativos de millones de hogares, cruzando información sobre inscripciones de mascotas y nacimientos a lo largo del tiempo.
El resultado fue consistente: las personas que adoptan mascotas, especialmente perros, tienen más probabilidades de tener hijos que aquellas que no lo hacen. En lugar de funcionar como un sustituto, la tenencia de animales aparece como un antecedente frecuente a la llegada de un niño.
Según el análisis, el fenómeno responde a un proceso gradual de toma de decisiones. Para muchas parejas jóvenes, convivir con una mascota representa una primera experiencia de cuidado compartido, organización del tiempo y compromiso a largo plazo.
Desde esta perspectiva, el animal de compañía actúa como una instancia previa, menos riesgosa, para evaluar la disposición a asumir responsabilidades parentales. La correlación detectada sugiere que quienes consideran seriamente tener hijos buscan primero probar una dinámica de cuidado en un entorno controlado.
Un cambio cultural que no implica renuncia definitivaEl estudio también relativiza la idea de que el apego a las mascotas implique un rechazo estructural a la maternidad o paternidad. Más bien, refleja un cambio en la secuencia de decisiones vitales, influido por factores económicos, laborales y habitacionales.
La postergación del primer hijo se vincula con salarios insuficientes, empleos inestables, altos costos de vivienda y falta de redes de cuidado. En ese contexto, la adopción de mascotas se integra a estilos de vida urbanos sin eliminar necesariamente el deseo de formar una familia.

