Estudiantes porteños pasan más de seis horas por día con el celular y 4 de cada 10 muestran señales de alerta
Un estudio entre 3.261 alumnos de 83 escuelas porteñas vinculó el mayor uso del teléfono con indicadores de ansiedad, depresión, somnolencia y dependencia tecnológica.
Los estudiantes secundarios de la Ciudad de Buenos Aires pasan, en promedio, 6 horas y 10 minutos por día frente a la pantalla del celular y cuatro de cada diez presentan al menos una señal de alerta asociada con ansiedad, depresión, somnolencia diurna o uso problemático del teléfono, según un estudio realizado entre alumnos de escuelas públicas y privadas porteñas.
La investigación, desarrollada por el Ministerio de Educación de la Ciudad y el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), relevó a 3.261 estudiantes de primero y cuarto año de 83 escuelas entre abril y julio. A diferencia de otros trabajos basados en estimaciones, los investigadores les pidieron que abrieran la herramienta de sus teléfonos que registra el tiempo real de uso.
Más horas de pantalla, más señales de alerta
El estudio encontró una asociación entre un mayor tiempo frente al celular y peores indicadores de bienestar socioemocional. Entre quienes presentaron señales compatibles con depresión, el uso diario promedio fue de 6 horas y 43 minutos, frente a 5 horas y 53 minutos entre quienes no alcanzaron ese nivel de alerta: una diferencia de 49 minutos.
Entre los estudiantes con indicadores de uso problemático del smartphone, la brecha fue de 47 minutos; en ansiedad, de 36; y en somnolencia diurna, de 19.
Sin embargo, los investigadores advirtieron que los resultados no permiten afirmar que pasar más tiempo con el celular provoque ansiedad o depresión. Al analizar en conjunto las horas de pantalla, el uso problemático del teléfono y la relación con la tecnología en general, estos dos últimos factores mostraron asociaciones más fuertes con el deterioro del bienestar.
"El uso problemático, tanto del celular como de la tecnología en general, parece tener más peso en el bienestar de los adolescentes que la cantidad de tiempo en pantalla que pasan", señala el informe.
Depresión, ansiedad y somnolencia
El monitoreo evaluó cuatro dimensiones mediante cuestionarios estandarizados internacionalmente. El 38% de los estudiantes presentó señales de alerta vinculadas con depresión, el 37% con somnolencia diurna, el 31% con ansiedad generalizada y el 25% con un uso problemático del smartphone.
Los autores aclararon que los resultados no constituyen diagnósticos médicos o psicológicos, sino indicadores de posibles situaciones de riesgo.
"De ninguna manera es un diagnóstico", explicó Fabricio Ballarini, director del Departamento de Ciencias de la Vida del ITBA y responsable de la investigación. "Lo que encontramos es que un mayor tiempo en pantalla se asocia con mayores indicadores de riesgo", agregó.
El uso problemático comprende situaciones como dificultad para desconectarse, dependencia psicológica del dispositivo, uso de la tecnología para regular emociones, conflictos asociados con el teléfono o la percepción de que interfiere con otras actividades.
TikTok concentra buena parte del tiempo
TikTok apareció como la plataforma predominante y el tiempo total frente al teléfono entre los estudiantes que la tenían como aplicación de mayor uso ascendió a 6 horas y 34 minutos diarios. La investigación registró casos extremos de adolescentes que permanecían hasta 11 horas por día frente al celular.
Los alumnos de cuarto año pasaron, en promedio, 51 minutos más por día con el teléfono que los de primero, mientras que las mujeres acumularon alrededor de media hora más que los varones.
También aparecieron diferencias socioeconómicas: los estudiantes de los quintiles más bajos utilizaron el celular alrededor de una hora y media más por día que los del quintil más alto.
"La gran discusión a nivel mundial es si esto es una correlación o una causalidad, y para eso vamos a hacer un estudio longitudinal", explicó Ballarini. Como posible línea de análisis mencionó la menor disponibilidad de alternativas recreativas o espacios de encuentro, aunque aclaró que esa hipótesis deberá estudiarse.
Mayores indicadores entre las mujeres
Las estudiantes mujeres registraron valores superiores en los cuatro indicadores analizados, con las brechas más marcadas en ansiedad y depresión.
Además, quienes superaban el umbral definido para un uso problemático del smartphone tendían a registrar 48% más en depresión, 43% más en ansiedad y 32% más en somnolencia respecto de quienes no presentaban ese patrón.
"Los usos problemáticos del smartphone y de tecnología presentan las asociaciones más consistentes con un peor estado de salud mental, mientras que el tiempo total de pantalla no muestra este efecto", concluye el documento. La relación más fuerte apareció entre el uso problemático de la tecnología y el indicador de depresión.
La Ciudad apunta al uso fuera de las aulas
La ministra de Educación porteña, Mercedes Miguel, explicó que el estudio surgió después de que familias manifestaran preocupación por lo que ocurría fuera del horario escolar tras las restricciones al celular dentro de las aulas.
"Los chicos salen de la escuela con una especie de síndrome de abstinencia; por eso hay que trabajar no solo con lo que pasa en la escuela sino durante todo el día", sostuvo Miguel durante la presentación.
La Ciudad había restringido el uso de celulares en las escuelas en 2024 y este año avanzó con una prohibición para estudiantes y docentes. Según datos de la cartera educativa, siete de cada diez docentes registraron una mejora en la atención después de la primera medida.
Miguel también apuntó al funcionamiento de las redes sociales. "Hay una competencia desleal", afirmó, al señalar que sus algoritmos dificultan que las familias regulen el uso del teléfono.
Más de 107.000 familias firmaron acuerdos
En paralelo, el Ministerio de Educación impulsa el programa Compromiso Familiar por Estudiantes sin Celular, que ya reúne más de 107.000 adhesiones de familias.
La iniciativa busca que los padres acuerden postergar la entrega del primer smartphone hasta los 13 años y regular el acceso a redes sociales hasta los 16. Se complementa con talleres, aulas libres de celulares, filtros de contenido y restricciones a plataformas de apuestas y videojuegos dentro de las redes escolares.
El estudio deja una advertencia que excede la cantidad de horas: el tiempo frente a la pantalla es un indicador relevante, pero no explica por sí solo el malestar emocional. Los investigadores prevén ahora seguir a los estudiantes a lo largo del tiempo para precisar la relación entre los hábitos tecnológicos y la salud mental adolescente.


