Cambios en la industria tech

Ganaba USD 100.000 al año como programador y lo echaron tras 8 años en la empresa: "Mi trabajo ahora lo hace la IA"

Tras ocho años en una empresa tecnológica de Estados Unidos, una reunión virtual de apenas cinco minutos cambió la vida de Nicolás Taboada, de 33 años. Su historia refleja cómo la inteligencia artificial está transformando el mercado laboral y obligando a miles de profesionales a reinventarse

Durante más de una década, aprender a programar fue presentado como uno de los caminos más seguros hacia el empleo. Empresas de todo el mundo competían por talento tecnológico, los salarios crecían y la demanda parecía inagotable. Sin embargo, la irrupción de la inteligencia artificial está comenzando a alterar ese escenario y a plantear interrogantes que hasta hace pocos años parecían impensados: ¿qué pasará con los programadores cuando gran parte de su trabajo pueda realizarse mediante IA? ¿Cuántos puestos seguirán siendo necesarios? ¿Quiénes quedarán afuera de esta transformación?

La historia de Nicolás Taboada ofrece una ventana para entender ese proceso. Tiene 33 años, le faltan apenas tres materias para recibirse de Ingeniero en Sistemas en la UTN y durante más de ocho años trabajó para una startup tecnológica de Estados Unidos. Fue uno de los primeros empleados de la compañía y participó de su crecimiento desde los días en que estaba integrada únicamente por tres fundadores hasta convertirse en una organización cercana a los cien trabajadores.

Por eso, cuando recibió una reunión inesperada de apenas cinco minutos, jamás imaginó que se trataba de su despido. "Me acaban de confirmar que me despidieron de mi trabajo. Más de ocho años trabajando para la misma empresa, con un muy buen salario de casi 100.000 dólares anuales, pero todo eso se terminó", contó posteriormente en un video que se viralizó entre programadores y emprendedores.

Lo que más le impactó no fue únicamente la pérdida del empleo, sino la forma en que ocurrió. "Lo peor de todo es que fue en una reunión de cinco minutos", recordó. Media hora después ya no tenía acceso a ninguna herramienta de la empresa.

La explicación oficial fue económica. La compañía buscaba mejorar sus proyecciones financieras y necesitaba reducir costos. Sin embargo, con el paso de los días, Taboada comenzó a elaborar una interpretación más profunda sobre lo ocurrido. "Muchas tareas que antes requerían horas de trabajo humano comenzaron a resolverse mediante automatización e inteligencia artificial", admitió a BAE Negocios al referirse a los procesos de testing y control de calidad.

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Pero el fenómeno fue mucho más amplio. "Tareas que antes me llevaban mucho más tiempo, hoy con la inteligencia artificial se redujeron muchísimo. Tenías un proyecto con el que quizás estabas dos semanas, y ahora con la inteligencia artificial lo hacías en una sola", detalló.

La consecuencia es evidente: si la misma cantidad de trabajo puede realizarse en menos tiempo y con menos recursos, las empresas comienzan a preguntarse cuántos empleados necesitan realmente.

Para Taboada, ese razonamiento ya está impactando en las estructuras de las compañías tecnológicas: "Antes tenías seis programadores, y hoy quizás con dos o tres que no solo programen, sino que hagan producto, hacés el trabajo de todos"

No se trata de una teoría aislada. En los últimos dos años, miles de trabajadores tecnológicos fueron despedidos en empresas de todo el mundo mientras las organizaciones aceleraban la incorporación de herramientas basadas en inteligencia artificial para automatizar tareas y mejorar la productividad.

"El rol del programador va a mutar"

A diferencia de quienes predicen la desaparición total de la profesión, Taboada cree que los programadores seguirán siendo necesarios. Sin embargo, sostiene que el perfil tradicional del desarrollador está perdiendo valor. "El rol típico del programador que saca features y arregla bugs creo que va a desaparecer", remarcó.

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Durante gran parte de su carrera, él mismo encarnó ese perfil. Su trabajo consistía en recibir tareas, desarrollarlas y cumplir con los objetivos técnicos asignados. "Yo nunca tomé un rol realmente proactivo dentro de la empresa. Quería hacer mi trabajo, cumplir mis ocho o nueve horas y listo", reconoció.

Mientras algunos compañeros participaban en reuniones de producto, diseño o estrategia comercial, él permanecía enfocado exclusivamente en la programación. Con el tiempo, entendió que esa especialización extrema podía transformarse en una debilidad. "Creo que el hecho de no haber elegido ser más proactivo, sumado al factor de la IA y cómo está afectando al rol del programador, me pasó factura", admitió.

Su conclusión es contundente: "Hoy en día el trabajo de programación por sí solo lo hace la inteligencia artificial". Para él, el verdadero riesgo no es que una máquina sustituya completamente a un profesional, sino que un trabajador que sabe utilizar inteligencia artificial pueda producir mucho más que otro que no la incorpora.

"A los que se queden solo en ser programadores no los va a reemplazar la inteligencia artificial; los va a reemplazar gente que sepa usar la inteligencia artificial y se involucre en otras cosas", ejemplificó. "El programador tiene que salir de su zona de confort, hablar con los clientes, entender qué pasa. Ese perfil de programador nerd que estaba en su mundo ya murió", agregó sobre la nueva realidad que exige a los profesionales combinar conocimientos técnicos con habilidades de comunicación, comprensión del negocio, diseño de producto y toma de decisiones estratégicas.

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Los juniors, los más afectados

Si los programadores con experiencia sienten la presión de adaptarse, la situación es todavía más compleja para quienes intentan ingresar al mercado laboral. Según explicó Taboada, "el trabajo básico de un junior hoy lo hace directamente la inteligencia artificial".

La competencia, además, es feroz. Miles de personas continúan estudiando programación mientras las empresas reducen sus equipos o exigen perfiles más completos.

Otro aspecto que preocupa a Taboada es la distancia entre la formación académica y las necesidades actuales de la industria. "La facultad viene atrasada desde antes de la llegada de la IA", enfatizó.

Y aunque está a solo tres materias de graduarse en Ingeniería en Sistemas, considera que muchas veces los programas académicos avanzan a una velocidad mucho menor que el mercado laboral: "La facultad no acompaña lo que pide el mercado."

La crítica no apunta únicamente a la enseñanza de inteligencia artificial, sino también a la falta de actualización frente a las nuevas competencias que hoy demandan las empresas tecnológicas.

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Una amenaza y una oportunidad

Paradójicamente, la misma tecnología que asocia con parte de los cambios que afectaron su empleo es también la herramienta sobre la que construye su futuro. Desde antes de ser despedido venía desarrollando proyectos propios y productos de software. Tras perder su trabajo, decidió dedicar todo su tiempo a esos emprendimientos.

"Voy a apostar al 100% a mis emprendimientos y a mis SaaS. Este es el mejor momento para construir un producto. Voy a usar esta herramienta a mi favor", sentenció el programador acerca de que nunca fue tan fácil crear productos tecnológicos.

"Lo importante es que uno pueda adaptarse", concluyó Tabolada sobre la industria tecnológica transformada por la inteligencia artificial. Y esa capacidad de adaptación, justamente, es la que parece haberse convertido en la habilidad más valiosa de todas.


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