La inteligencia artificial enfrenta una ola de rechazo inesperada
Encuestas, protestas y elecciones en EEUU muestran una resistencia acelerada contra la IA, con los data centers en el centro del conflicto social y político.
El ex CEO de Google Eric Schmidt dijo a graduados de la Universidad de Arizona que la transformación impulsada por la Inteligencia Artificial (IA) será "más grande, más rápida y más trascendente que todo lo anterior". La promesa tecnológica chocó con el sonido menos habitual para Silicon Valley: una silbatina que se transformó en abucheos.
La escena narrada por The Wall Street Journal condensó un cambio de clima que preocupa a la industria. En EEUU, el rechazo público a la IA crece casi tan rápido como el propio negocio. Encuestas recientes muestran una inquietud extendida y contradicen el discurso de los ejecutivos tecnológicos, que prometen una herramienta destinada a ganar aceptación a medida que mejore la vida cotidiana.
El malestar ya no se limita a una discusión abstracta sobre algoritmos. Aparece en las tarifas de energía, en el miedo a la pérdida de empleos, en la educación, en la salud mental de los chicos y en el impacto ambiental de los centros de datos. En los últimos meses, esa resistencia provocó protestas, influyó en elecciones locales y derivó incluso en episodios aislados de violencia.
Del temor al conflicto abierto
En abril, un hombre de 20 años de Texas fue acusado de arrojar una bomba molotov contra la casa de Sam Altman, CEO de OpenAI, y de realizar amenazas en la sede de la empresa en San Francisco, según una denuncia federal. Días antes, alguien disparó 13 veces contra la puerta de un concejal de Indianápolis que había aprobado un centro de datos.
"Es algo que nunca imaginé posible", dijo el concejal Ron Gibson, que encontró bajo el felpudo de su casa una nota con el mensaje "NO A LOS CENTROS DE DATOS". Dos días después, apareció otra, con un insulto.
Encuestadores e historiadores consultados por The Wall Street Journal señalan que el deterioro de la opinión pública tiene una velocidad inusual. Gregory Ferenstein, que realizó una encuesta reciente junto a investigadores de Stanford y la Universidad de California en Berkeley, lo resumió así: "No creo haber visto nunca algo que se intensificara tan rápido".
Ese sondeo mostró una brecha política marcada: cerca del 30% de los demócratas cree que EEUU debería acelerar la innovación en inteligencia artificial lo más rápido posible, contra aproximadamente la mitad de los republicanos y el 77% de los fundadores tecnológicos.
Los data centers entran en campaña
La ansiedad por la IA también empezó a ordenar disputas electorales. En Festus, Missouri, los votantes desplazaron a cuatro concejales una semana después de que aprobaran un centro de datos de USD 6.000 millones.
Decenas de comunidades, desde Maine hasta Arizona, intentan prohibir nuevas instalaciones. Organizaciones que resisten esa infraestructura aseguran que unas 360.000 personas integran grupos de Facebook contra los data centers, casi cuatro veces más que en diciembre.
"La gente siente que está bajo asedio", dijo el senador republicano Josh Hawley, de Missouri, que propuso proyectos para imponer nuevos requisitos a los centros de datos y a las empresas de inteligencia artificial.
La firma Blue Rose Research detectó que la IA fue el asunto que más rápido ganó importancia entre 39 temas políticos estudiados durante el último año, aunque todavía aparece por debajo de prioridades como la economía, la inmigración y la política exterior.
Un negocio multimillonario bajo presión
Para las tecnológicas y las constructoras de centros de datos, la reacción social ya se transformó en un problema concreto. Los inversores apostaron decenas de miles de millones de dólares a que OpenAI, Anthropic y otras compañías conseguirán acceso a cantidades cada vez mayores de capacidad informática. A su vez, esas empresas comprometieron buena parte de ese capital para financiar nuevas instalaciones.
La industria destina cientos de millones de dólares a las elecciones de medio término para enfrentar la reacción. Pero las organizaciones locales ya bloquearon o demoraron proyectos en distintos puntos del país. Según Data Center Watch, la oposición comunitaria frenó o postergó el año pasado al menos 48 iniciativas valuadas en unos USD 156.000 millones. Heatmap registró un récord de 20 cancelaciones durante el primer trimestre del año por rechazo local.
La presión también llegó a los despachos estatales. La representante republicana Nancy Mace propuso una moratoria de un año para nuevos centros de datos en Carolina del Sur. Un día antes, el comisionado de Agricultura de Texas, Sid Miller, pidió prohibir nuevos desarrollos hiperescala en el estado, por el impacto sobre los productores agropecuarios y la presión sobre la red eléctrica.
Tarifas, ambiente y trabajo creativo
El costo energético aparece como uno de los factores centrales del rechazo. Miles de personas presentaron comentarios críticos en expedientes regulatorios mientras empresas de servicios públicos de distintos estados piden autorización para abastecer centros de datos.
Ndubisi Okoye, director creativo publicitario y muralista de Detroit, fue uno de ellos. Se opuso a un contrato para alimentar un centro de datos que Oracle planea construir cerca de Ann Arbor, Michigan. "No queremos ningún centro de datos, especialmente en Michigan", escribió en un comentario público. También dijo que teme por el impacto ambiental y por sus oportunidades como artista.
En Memphis, Tennessee, Justin Pearson, de 31 años, hizo de la oposición a los data centers un eje de su campaña demócrata al Congreso. Pearson lideró cuestionamientos contra xAI, la compañía de Elon Musk, por un centro de datos local.
La NAACP demandó recientemente a xAI, adquirida por SpaceX, con el argumento de que la empresa operó ilegalmente turbinas de gas sin un permiso de aire válido en Southaven, Mississippi. Pearson dijo que votantes de zonas republicanas comparten las mismas inquietudes que muchos de sus electores demócratas. "Estamos construyendo un terreno común de una forma poderosa", afirmó.
La industria busca una respuesta
Las grandes tecnológicas prometieron pagar más por la electricidad destinada a los centros de datos, a pedido de Donald Trump. Sin embargo, los ejecutivos admiten que necesitan una estrategia coordinada para destacar los ingresos fiscales que generan esas instalaciones y los beneficios cotidianos de la inteligencia artificial. Trump lo planteó con una frase directa: los centros de datos "necesitan ayuda de relaciones públicas".
Chris Lehane, jefe de asuntos globales de OpenAI, sostuvo que el clima adverso se alimenta de los "catastrofistas", del enojo acumulado contra las redes sociales y de la cobertura negativa de los medios en EEUU. "Si se habla de inteligencia artificial de manera constante y sistemática desde una perspectiva de miedo, se va a impulsar el miedo", dijo.
En una conferencia reciente sobre centros de datos en Washington, un ejecutivo dijo que el sector enfrenta a "gente de las cavernas" opuesta a todo desarrollo. Otro ejecutivo, Ernest Popescu, CEO de la compañía que desarrolla el centro aprobado por Gibson en Indianápolis, dejó una advertencia menos defensiva: "Hay una desconexión entre lo que decimos y lo que pasa ahí afuera, y creo que ese es el problema que tenemos que abordar".

