La risa como primer idioma
Genera relaciones interpersonales y establece vínculos entre padres e hijos. Cómo funciona
"La risa es el sol que ahuyenta el invierno del rostro humano"
Víctor Hugo
Podría considerarse a la risa como un primer proceso lingüístico del humano, que comienza a observarse desde muy temprano, a los cuatro meses de vida. A partir de ese momento se profundiza su complejidad, pues ya a los seis meses de edad, por un proceso de acumulación de aprendizaje, comienza a asociarse la risa con procesos de bienestar, como por ejemplo reír ante una cara conocida o una sorpresa.
Hay varios científicos que se dedican al estudio de la misma. Uno de los más importantes es el neurobiólogo Robert Provine, de la Universidad de Maryland, que plantea a la risa como un fenómeno evolutivo, relacionado al desarrollo de la bipedestación. Al erigir nuestro cuerpo se habrían dado las condiciones respiratoria y muscular del reír. En general, la risa es considerada involuntaria y estereotipada, lo cual tiene cierta cuota de verdad pero también es cierto que acompaña al proceso intersubjetivo entre la madre, el padre con el bebé. La risa, si bien en principio involuntaria, es un fenómeno parcialmente controlable y regulable por la conciencia. Genera además un fenómeno de contagio en espejo, situación aprovechada por los programas cómicos, que no sólo la contagian, sino que producen sensación de buen humor.
Algunos científicos plantean que la risa tendría componentes de satisfacción por el de éxito de conseguir el objetivo y del acercamiento con el otro. Existiendo, aunque más rudimentaria, en animales; por ejemplo en nuestro primo el chimpancé, quien lo utiliza como señal de amistad y/o pertenencia grupal. Sin embargo la risa en el humano constituye un fenómeno simbólico intersubjetivo más complejo, asociado a sectores emocionales inconscientes como la amígdala cerebral. Aunque también a sectores del cerebro asociados al pensamiento motor y el lenguaje; como la corteza motora suplementaria. Se ha observado que la estimulación de esta área en epilépticos produce procesos similares al reír.
Esta área además se relaciona a través de neuronas en espejo con otras personas, constituyendo fenómenos de aprendizaje motor y empatía. Probablemente esto se asocie a la sensación de acercamiento social y gregario por la aceptación que genera la sonrisa, aunque enciende también áreas cerebrales de actividad cognitiva compleja, como la Corteza Prefrontal Ventral Anterior, que piensa y metaforiza la risa propia y ajena. Siendo mucho más que una respuesta a un "chiste", sino que responde a cuestiones de acompañamiento emocional a lo gestual y/o verbal. Aunque también a las sorpresas e incluso a las cosquillas.
Durante mucho tiempo el fenómeno de la risa no fue estudiado desde el punto de vista neurológico. A pesar que es gesto es muy frecuente en el comportamiento humano. Especialmente en el apego social entre personas. Constituye un fenómeno verbal, muy presente en la expresión del homo sapiens; así como el bostezo, las arcadas o la tos. Tanto que prácticamente es imposible no generala en cualquier instancia intersubjetiva. Y si alguien ríe muy poco es rápidamente percibido por la comunidad que lo rodea, tildándolo de parco o en la ficción, de personaje sombrío.
Otra característica de la risa es que genera y aumenta la empatía entre personas. Además la misma se incrementa si el otro ríe, siendo un fenómeno influenciado por el otro; que hasta puede ser contagioso. Indudablemente la risa generó un espacio gregario entre el humano y participó del engrama social del mismo, impactando probablemente en su supervivencia.
Se trata de un fenómeno influenciado por el otro que muchas veces puede ser contagioso
Más aún, este elemento fonatorio genera una comunicación, que no es lenguaje gramatical ni prosódico (entonación de las palabras), pero que sin embargo relaciona fuertemente a las personas. Tanto que se plantea que reímos con mayor sinceridad con las personas que amamos. Acompaña, entonces, a la comunicación social, pues aún sin saber el idioma, todos podemos darnos cuenta lo que siente el otro cuando nos sonríe. Además genera una respuesta inconsciente en el que observa, al cual se le prenden neuronas en espejo especiales del movimiento de la sonrisa (que imitan empáticamente a las del observado) además de áreas auditivas que perciben el ruido de la risa.
Es interesante describir la importancia de áreas auditivas que permiten discriminar sutilezas sonoras. Estas ayudan a discernir en forma inconsciente como estudia Sophie Scott, del Instituto de Neurociencia Cognitiva del Colegio Universitario de Londres. Esta investigadora de la risa diferencia las carcajadas sinceras de las impostadas, pues parecería que tienen componentes fonatorios distintos. Conteniendo mayor cantidad de tonalidades las inconscientes y verdaderas. Observó así, que cuando se escucha una risa sincera se activa, en estudios de resonancia magnética cerebral, la zona de percepción del sonido: como el lóbulo temporal superior. En cambio cuando la risa es impostada se activan las zonas del pensamiento predictivo y motivacional (prefrontal medial y cíngulo anterior), pues alerta sobre qué podrá significar esa risa falsa.
Al escuchar y ver la risa se prenden así, zonas auditivas y visuoespaciales que luego se comunican con el sistema emocional (amígdala) para posteriormente disparar sistemas de recompensa (núcleo accumbens) que nos genera placer. También se estimulan zonas hipotalámicas, que liberan al cuerpo sustancias que nos relajan como endorfinas y oxitocina.
El humano comienza entonces a reír a partir de los 4 meses, es decir que antes de presentar capacidad de abstracción y por supuesto lenguaje verbal, tiene risa. Siendo un componente primitivo que puede estar enlazado a situaciones básicas (como la sonrisa de un bebe al ver la cara de su madre) o a otras más complejas: como las ironías que nos hacen reír.
Más aún, la risa existe en primates como el mono y aún en la rata, entre otros mamíferos, a los se les observa sonreír, por ejemplo al hacerles cosquillas. Sea cual fuera el origen y la complejidad; se sabe que la risa produce un serie de respuestas neuronales y químicas en el cuerpo. En general beneficiosas y todos los psiquiatras conocemos que una de las características de las personas depresivas es que dejan de reír y cambian las características de su cara. Al ver una sonrisa de nuevo en el paciente, es tomada como un síntoma psíquico que permite suponer mejoría en su evolución.
Según un estudio de la Universidad de Ontario, reímos al menos 18 veces por día, muchas más veces de lo que creemos. Siendo el factor sorpresa muy importante para que se desencadene la carcajada espontánea. La que se incrementa cuando mayor cantidad de gente se encuentre compartiendo el momento. Pocos sonidos son compartidos por todas las culturas y etnias como la risa, existen varios trabajos que lo demuestran. Siendo un engrama clave en la relación entre humanos.
Pero ríen más los niños (promedio 400 veces por día) y en situaciones más inocentes, demostrando quizá que son más felices que los adultos (promedio 20 veces). Asimismo, lo último que pierde un paciente con la Enfermedad de Alzheimer es la sonrisa. Aún luego de haber perdido el habla. Lo que confirma que el reír es un proceso básico, comunicado con la emoción, siendo prelinguístico y muy arraigado a nuestro cerebro primitivo.
Se ha relacionado la risa con beneficios corporales. Activa aproximadamente 400 músculos del cuerpo, generando un ejercicio aeróbico. Aumenta la actividad respiratoria, disminuye la hipertensión y la glucemia, aumenta neurotransmisores de lo placentero y sustancias opioides que disminuyen el dolor. Generan además una disminución del estrés, tanto agudo como crónico; decreciendo sustancias, como la noradrenalina y el cortisol respectivamente, que se producen ante la angustia o ansiedad.
Existen múltiples trabajos que describen cómo la el optimismo y la sonrisa acompañante generan mejoría del dolor e incluso disminución de ataques cardiológicos y cerebrovasculares. Desde bebés ya nos comunicamos con la risa. Lo bueno implica una sonrisa, incluso una carcajada. Lo malo, el llanto. Es así que probablemente la sonrisa sea el primer atisbo del lenguaje humano. Otorgándole contexto emocional positivo al mensaje intersubjetivo.
*Neurólogo, Psiquiatra y Doctor en Filosofía. Prof. Tit. UBA. Fundación Humanas. Conicet

