Adiós a la espontaneidad

Las gafas inteligentes llegaron para grabarlo todo, pero nadie sabe cómo actuar

Los anteojos con inteligencia artificial permiten grabar sin usar el celular. Frente a ellos, sin embargo, la gente se inhibe, se vigila y deja de actuar con naturalidad.

Las gafas inteligentes de Meta traducen idiomas, reproducen música, responden consultas con inteligencia artificial y graban sin necesidad de sacar el celular. La compañía las promociona como una forma de mejorar la vida cotidiana. El problema aparece cuando la mejora de uno empieza a incomodar a todos los demás.

Meta propone llevarlas a restaurantes, recitales, fiestas, playas y encuentros familiares. Pero las personas que quedan enfrente no siempre quieren participar de esa experiencia ni terminar almacenadas en un archivo ajeno.

La sola presencia de una cámara incorporada al rostro alcanza para modificar una conversación. Nadie sabe con certeza si está encendida, qué registra ni dónde terminarán las imágenes. Frente a esa duda, la gente mide sus palabras y controla sus movimientos.

Del gimnasio al casamiento

Sean, un cliente de un gimnasio de Washington, comenzó a desconfiar cuando vio que un entrenador llevaba unas Ray-Ban Meta. No sabía si filmaba la técnica de sus alumnos, si producía contenido o si la cámara estaba apagada.

"No quiero aparecer de fondo en videos por todo internet o en TikTok", explicó.

Patrick, un escritor de Nueva York, vivió una escena similar en un casamiento. Cuando un invitado apareció con las gafas, sus amigos le advirtieron que no hablarían hasta que se las sacara.

La reacción parece exagerada, pero una boda concentra conversaciones íntimas, chismes, brindis improvisados y pasos de baile que pocos desean convertir en contenido.

Vee, aficionado a la vida nocturna y antiguo propietario de unas gafas Meta, resumió el efecto: "Cuando las personas saben que hay una cámara, se comportan de otra manera. Empiezan a vigilarse y a pensar qué dirán quienes vean el video".

La cámara transforma lo que registra

Ese cambio se acerca al efecto panóptico: basta con creer que existe la posibilidad de ser observado para comenzar a autorregularse.

La paradoja es evidente. Meta vende sus anteojos como una herramienta para capturar la vida con mayor autenticidad, pero la cámara puede destruir esa autenticidad apenas aparece.

Jason compró unas gafas para grabar reseñas gastronómicas. Ya había elegido el nombre de su proyecto, "Sandwich Digest", pero abandonó la idea después de probarlas en un restaurante japonés. "Me sentí muy incómodo", contó. También notó tensión entre los empleados. "Sentí que todos sabíamos que la situación era extraña, pero ellos no podían decirlo porque yo los estaba filmando", relató.

Desde entonces, casi no volvió a usar la cámara cerca de otras personas. "Si hubiera sabido lo que sé ahora, probablemente no las habría comprado", admitió.

Una luz que no alcanza

Meta incorporó una luz LED que se enciende cuando las gafas toman una fotografía o graban. También anunció que la cámara dejará de funcionar si alguien manipula ese indicador.

La señal es la única advertencia visible para quienes quedan frente al dispositivo. Pero también enfría el ambiente: cuando parpadea en un bar o una pista oscura, todos saben que hay una cámara.

El apodo de "gafas para pervertidos" surgió después de que bromistas, influencers y supuestos expertos en seducción utilizaran los dispositivos para filmar a desconocidos, en especial mujeres, sin pedir permiso.

 La incomodidad tomó forma en Londres, donde el grupo activista Everyone Hates Elon intervino publicidades de Meta con mensajes como "El mayor avance en tecnología para pervertidos desde la gabardina", "Gafas para gente que no va de consentimientos" -con la imagen del depredador sexual Jeffey Epstein- y "Meta. Siempre los estamos vigilando". 

Leonardo Del Vecchio, presidente de Ray-Ban y director de Estrategia de EssilorLuxottica, compartió uno de los afiches con un emoji de risa y después escribió: "Si no podemos reírnos de esto, ¿por qué alguien debería confiar en nosotros?". El intento de responder con humor mostró que el apodo ya había llegado al corazón del negocio

Instagram anunció que prohibirá los contenidos grabados con gafas Meta cuando muestren acoso, pero la medida no impide registrar las imágenes ni publicarlas en otras plataformas.

Ser vigilado no es ser contenido

Max, un usuario australiano, planteó una diferencia central: "Hay una gran diferencia entre la vigilancia masiva y un raro cualquiera que te graba para sus propios fines".

Las gafas pueden servir para traducir una conversación, atender una llamada o asistir a personas con dificultades visuales o auditivas. También pueden usarse para convertir a cualquiera en contenido sin que lo sepa.

La industria ya consiguió fabricar anteojos capaces de observar el mundo. Todavía no resolvió cómo evitar que el mundo cambie su comportamiento apenas los ve.

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