Historias de vida

Era operario automotriz y se "auto jubiló" a los 37 años: "Trabajaba sin francos y no disfrutaba de mi familia"

Después de tres años de largas jornadas en una fábrica de autos en Córdoba Capital, Mauricio Verbichi decidió renunciar a la seguridad de un empleo fijo para ganar calidad de vida junto a su mujer y sus tres hijos. De qué vive y cuáles son sus proyectos

Mauricio Verbichi no esperó a la jubilación para empezar a vivir la vida que soñaba. A los 37 años, después de pasar por fábricas, emprendimientos y trabajos de todo tipo, decidió adelantar su propio "retiro" y renunciar a la seguridad de un empleo fijo en la industria automotriz para instalarse, de a poco, en un campo de las sierras de Córdoba.

Mientras la mayoría imagina el descanso como una meta lejana, él tomó una decisión radical: bajarse antes de la rueda del trabajo de ocho horas, el tráfico y la rutina acelerada de la ciudad para construir otra forma de vivir, más simple y conectada con su mujer y sus tres hijos.

"Sonaba el despertador a las 4:30 de la mañana y a las 5 ya entraba a trabajar. Eran ocho horas oficiales que muchas veces se convertían en diez, doce o hasta jornadas completas de fines de semana. Había veces que trabajaba 16 días corridos", relató en diálogo con BAE Negocios. La rutina era agotadora, pero durante años creyó que era el precio inevitable de la estabilidad.

Sin embargo, decidió salir de esa zona de confort hace dos meses y su rutina cambió por completo. "No quería pasar toda mi vida trabajando para mi familia y no poder disfrutarla", resumió Mauricio con total franqueza, quien se puso como meta terminar de construir su casa en un campo que había comprado años atrás en Traslasierra.

"Aunque me 'auto jubilé', sigo trabajando todos los días. La diferencia es que ahora el tiempo me pertenece. Yo decido en qué trabajar y cuánto tiempo. Ahora me doy cuenta de que puedo ganar lo mismo que en la fábrica dedicándole apenas la mitad de horas", admitió.

Mauricio nació y creció en González Catán, en el partido bonaerense de La Matanza. Vivió allí hasta los 16 años junto a su padre y sus hermanos. 

La mudanza a Córdoba Capital llegó por el trabajo de su padre, que se dedicaba al rubro de las camas solares. Primero aparecieron oportunidades en México y España, y luego un socio cordobés terminó inclinando definitivamente la balanza hacia el interior. "A mi gente le encantaba Córdoba, así que nos mudamos", recordó.

El cambio no fue sencillo. Mauricio terminó el secundario en el turno noche mientras empezaba a trabajar y buscaba independencia. "Me fui a vivir solo muy joven", dice. No estudió una carrera universitaria ni aprendió un oficio de manera formal, pero desde siempre desarrolló una habilidad para arreglar cosas y encontrar soluciones prácticas.

Pasó por distintas empresas y también intentó varios emprendimientos propios. "Tuve muchos negocios, pero siempre terminaba siendo esclavo del trabajo", explicó. Esa sensación de trabajar sin descanso comenzó a hacerle ruido cada vez más fuerte.

Mientras tanto, armó su familia junto a su pareja, docente, con quien tuvo tres hijos. La necesidad de sostener económicamente la casa lo llevó a entrar a una reconocida fábrica de autos, donde trabajó durante tres años como operario. "Entrar a la automotriz era, para muchos, alcanzar un objetivo soñado: sueldo fijo, aguinaldo, vacaciones y estabilidad. Pero la realidad era que también hacía changas para llegar más holgado a fin de mes", reconoció.

Mauricio hacía tareas de jardinería, arreglos eléctricos, colocaba cerámicos o solucionaba desperfectos domésticos. Dormía poco y el cansancio empezaba a pasar factura. "Conozco un montón de gente que cuando se jubila la pasa mal porque tiene problemas de salud o tiene que seguir trabajando porque no le alcanza. Yo decía: ‘Quiero disfrutar a mi familia ahora, que soy joven'. Además, cortando el pasto ganaba casi lo mismo que en la fábrica", contó.

El punto de quiebre llegó en el mes de marzo. Mauricio acordó su salida de la fábrica, cobró una indemnización y decidió apostar definitivamente por el proyecto que venía construyendo. "Ya había dado el paso. Si no lo hacía este año, lo hacía el próximo", aseguró.

Era operario automotriz y se "auto jubiló" a los 37 años: "Trabajaba sin francos y no disfrutaba de mi familia"

Parte del dinero lo invirtió en comprar materiales y herramientas para levantar su casa en las sierras cordobesas. "Ya hice el baño y una habitación, coloqué aberturas, pinté y acondicioné un espacio para poder quedarme a dormir cuando viajo para allá", detalló. "Ahora, voy de a poquito con la instalación de los paneles solares y la perforación del agua", enumeró.

Por el momento, la familia sigue viviendo en Córdoba capital porque su esposa trabaja allí y todavía espera un traslado laboral para mudarse definitivamente a Traslasierra. Mauricio viaja solo durante varios días para avanzar con la construcción.

Paradójicamente, desde que dejó la fábrica siente que nunca le faltó trabajo. La diferencia es que ahora elige cuánto, cuándo y cómo trabajar. "Mucha gente sabe hacer cosas, pero no tiene tiempo", explicó.

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Él sí tiene tiempo. Y esa disponibilidad se transformó en su principal capital. Hace arreglos domésticos, jardinería, electricidad, instala calefones, construye fuentes de agua y resuelve problemas cotidianos. Todo aprendido de manera autodidacta. "Hoy cobro por mi tiempo, por mi conocimiento y por la velocidad", remarcó. Y puso como ejemplo que "en la fábrica, sin horas extras, sacaba $600 mil pesos por quincena; mientras que trabajando por mi cuenta llegué a hacer $500 mil en menos de 15 horas".

La comparación terminó de convencerlo de que había tomado la decisión correcta. Pero el mayor cambio no está en los números, sino en la rutina cotidiana. Ahora lleva a sus hijos al jardín, juega con ellos en la plaza y participa mucho más en la vida familiar.

Para Mauricio, el éxito ya no pasa por acumular horas extras ni por ascender dentro de una fábrica. Tampoco por tener un gran sueldo fijo. Después de años levantándose antes del amanecer y trabajando hasta el agotamiento, descubrió que la verdadera estabilidad era otra. "Tener tiempo para mí y para mi familia es lo más valioso. Pensar que antes tenía que trabajar todo el año de sol a sol para tener apenas 15 días de vacaciones con ellos", concluyó, quien sueña con poder construir cabañas en el campo y vivir de esas rentas.

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