Otoño en Buenos Aires: por qué los árboles cambian de color y cuáles dan los tonos más intensos
En el otoño, las hojas de los árboles cambian y se convierten en amarillas, rojizas y marrones. Cómo es el proceso natural y qué especies aportan más colores en CABA
Con la llegada del otoño, Buenos Aires transforma su paisaje urbano. Las veredas, plazas y avenidas se llenan de tonos amarillos, rojizos y marrones que anuncian el cambio de estación y convierten al arbolado en protagonista.
Este fenómeno responde a la senescencia foliar, un proceso natural en el que las hojas dejan de producir clorofila y comienzan a degradarse, dando lugar a la paleta otoñal. En la ciudad, este cambio se inicia a mediados de marzo y se extiende hasta fines de abril.
Las especies que pintan la ciudad
Dentro de los más de 400.000 árboles que forman el arbolado porteño, algunas especies se destacan por la intensidad de sus colores:
- Fresno rojo americano: aporta amarillos intensos y es el más abundante.
- Ginkgo biloba: uno de los más llamativos, con amarillo brillante
- Tilo: hojas amarillas que aparecen hacia el final del proceso.
- Liquidámbar: combina amarillo, naranja, rojo y púrpura.
- Crespón: ofrece tonos que evolucionan del amarillo al rojo.
Diversidad y tiempos del cambio
Cada especie tiene su propio ritmo. Algunas, como el fresno, cambian temprano, mientras que otras, como el tilo, lo hacen más tarde. También hay árboles semipersistentes como el jacarandá o la tipa, que pierden sus hojas en distintos momentos, extendiendo el espectáculo visual.
Un patrimonio que mejora la vida urbana
Más allá de su valor estético, el arbolado cumple funciones clave: filtra contaminantes, reduce el calor, retiene agua de lluvia y favorece la biodiversidad. Este patrimonio natural, cuidado por políticas públicas, no solo embellece la ciudad, sino que mejora la calidad de vida de quienes la habitan.

