Tren trasandino: la obra clave para conectar Argentina con Chile
Una ambiciosa alianza estratégica busca restablecer la conexión ferroviaria entre ambos países. El plan revoluciona el comercio internacional y la logística de carga
La reactivación del tren trasandino se ha consolidado como la pieza maestra del Gobierno nacional y las provincias de Cuyo para potenciar la integración regional en el Cono Sur. Este ambicioso plan de transporte busca establecer una conexión ferroviaria entre Argentina y Chile que parta desde Mendoza, y garantiza una salida eficiente hacia el océano Pacífico.
Con una inversión proyectada de USD 4.000 millones, el proyecto pretende canalizar la producción nacional hacia los mercados asiáticos, y utilizar la infraestructura de los puertos chilenos como plataforma de despegue.
A diferencia del histórico cruce de principios del siglo XX, la nueva propuesta técnica se inclina por el paso Planchón-Vergara, ubicado en Malargüe. Esta elección no es azarosa: su menor altitud garantiza una operatividad constante durante el invierno, evitando los bloqueos por nieve que suelen afectar a otros pasos cordilleranos.
La red no solo beneficiará a Mendoza; se prevé una integración con las líneas San Martín y Sarmiento, uniendo San Juan con el sur mendocino y extendiéndose hasta la Región del Maule en Chile. El destino final son terminales portuarias de alto calado, como San Antonio, lo que permitiría una reducción de costos logísticos cercana al 30%.
El puente hacia Vaca Muerta y el litio
Uno de los puntos más disruptivos de la iniciativa es la creación de un ramal que vincule General Alvear con Vaca Muerta. Este tramo está diseñado para el movimiento masivo de insumos críticos y recursos de exportación, tales como:
Minería y Litio: minerales estratégicos para la transición energética global.
Hidrocarburos: transporte eficiente de gas y petróleo.
Insumos industriales: traslado de arena para fractura hidráulica (fracking).
El antecedente del Ferrocarril Trasandino de 1910, que dejó de funcionar en 1984 tras décadas de desafíos climáticos y políticos, sirve hoy como lección. El desafío actual reside en la modernización: reconstruir vías que llevan 40 años en desuso y adaptarlas a los estándares internacionales de carga pesada.
Aunque el respaldo político de los gobernadores regionales es sólido, el financiamiento será el próximo gran hito a resolver. Se barajan esquemas de colaboración público-privada que permitan sustentar una obra de tal magnitud, la cual promete ser el motor de reactivación para las economías locales de la cordillera.

