Un destino antiviajeros

Un argentino en el país que más odia a los turistas: "Cobra una tasa de USD 100 por noche"

Entre montañas y templos budistas, Bután construyó uno de los modelos turísticos más restrictivos del planeta. Nicolás Pasquali, el primer argentino en visitar los 196 países del mundo, contó su experiencia en el pequeño reino del Himalaya

En un mundo donde casi todos los destinos compiten desesperadamente por atraer visitantes, hay un pequeño reino del Himalaya que decidió hacer exactamente lo contrario. Mientras países de Europa, Asia y América lanzan promociones, vuelos baratos y descuentos para llenar hoteles, Bután mantiene una política que parece sacada de otra época: obliga a los turistas extranjeros a pagar una tasa diaria de USD 100 simplemente por permanecer en el país.

La medida convirtió a Bután en uno de los destinos más exclusivos y polémicos del planeta. Para muchos viajeros, ese impuesto suena directamente a una declaración de guerra al turismo masivo. Sin embargo, detrás de la cifra hay una filosofía mucho más profunda: proteger la cultura local, evitar la sobrepoblación turística y preservar uno de los ecosistemas más frágiles del mundo.

"La idea surgió como respuesta al temor de que una avalancha de visitantes destruyera las tradiciones budistas, contaminara las montañas y transformara radicalmente la vida cotidiana de sus habitantes", contó Nicolás Pasquali a BAE Negocios, quien se convirtió en el primer argentino en visitar los 196 países del mundo.

Pero el costo no termina ahí. Los turistas también deben tramitar un visado obligatorio que cuesta USD 40 y contratar el viaje mediante operadores autorizados, ya que el turismo independiente prácticamente no existe. Además, desde 2026 se aplica un impuesto adicional del 5% sobre servicios turísticos como hoteles, transporte y guías. 

En el caso de las familias, los niños de entre 6 y 12 años pagan una tasa reducida de USD 50 por noche, mientras que los menores de 6 años están exentos.

La política incluso llegó a ser todavía más extrema. "Yo viajé en 2023 y antes de la pandemia, la tasa turística era de USD 200 diarios. El gobierno decidió reducirla a la mitad para incentivar la llegada de visitantes después del golpe económico que significó el cierre de fronteras por el Covid-19. Aun así, sigue siendo uno de los países más caros del planeta para hacer turismo", precisó Nicolás, quien cuenta todas sus travesías en su Instagram @nicopasqualiok.

Para el viajero argentino, la sensación al cruzar la frontera desde India fue impactante. "Salís de la India, donde hay contaminación, ruido y caos, y de repente entrás a Bután y ves árboles por todos lados, aire puro y una limpieza total. El contraste es impresionante", recordó.

Nicolás explicó que el país no busca atraer turismo masivo, sino exactamente lo contrario. "Es una locura, pero la lógica es clara: quieren pocos turistas y que gasten mucha plata", aseguró.

Según relató, gran parte de la "Tasa de Desarrollo Sostenible" se destina a forestación, preservación ambiental, salud pública, educación gratuita y protección de los templos budistas y festividades tradicionales. 

"Ellos quieren mantener su identidad cultural y también cuidar el medio ambiente. De hecho, Bután es uno de los pocos países carbono negativo del mundo. Absorben más dióxido de carbono del que generan", explicó.

El viajero también destacó algunas particularidades que convierten a Bután en un lugar casi único en el planeta. "No hay semáforos. Los autos frenan cuando alguien cruza y listo. Parece algo imposible para cualquier gran ciudad, pero allá funciona", contó.

Otro de los aspectos que más lo sorprendió fue la manera en que el país mide el progreso. A diferencia de la mayoría de las naciones, Bután no se enfoca exclusivamente en el Producto Bruto Interno (PBI) tradicional, sino en un concepto conocido como "Felicidad Nacional Bruta".

"Ellos hacen algo parecido a un censo una vez por año. La gente se queda en su casa y pasa un funcionario del gobierno con preguntas sobre bienestar, conexión con la naturaleza, estudios, vida personal y felicidad. En base a eso calculan su índice de felicidad. Me pareció una locura", relató Pasquali.

La decisión genera admiración y críticas por igual. Algunos consideran que Bután encontró la fórmula perfecta para evitar el turismo descontrolado que sufren ciudades como Venecia o Barcelona. Otros creen que el país transformó el turismo en un privilegio reservado únicamente para millonarios.

Visitar Bután no es para cualquiera. Entre vuelos, hoteles, guías obligatorios, visados y la famosa tasa diaria, unas vacaciones de una semana pueden costar lo mismo que en Londres o Nueva York. Pero esa exclusividad parece ser exactamente lo que busca el reino himalayo: mantenerse alejado del turismo de masas y conservar intacta la identidad que lo convirtió en uno de los países más misteriosos del planeta.

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