Una renovada demostración de la profunda crisis que en forma transversal cruza nuestro fútbol, se ha podido verificar, no sólo en la frustrada realización del segundo partido correspondiente a la final de la Copa Libertadores, sino también, en la actitud de la dirigencia, vernácula e internacional.

Si bien puede considerarse una verdad de Perogrullo, es necesario aclarar que más allá de la justificada pasión que pueden generar tanto River Plate como Boca Juniors, la misma mal puede ser excusa para apartarse del debido respeto al derecho aplicable, todo ello, en un marco donde no puede perderse la noción de la plena vigencia del estado de derecho y el respeto a la institucionalidad.

Así, esta suerte de conjura basada en el amañamiento y confusión, donde los sectores involucrados con mayor responsabilidad (léase dirigencia y medios de información) se manifiestan con una preocupante impunidad, al expresarse con manifestaciones alejadas del derecho y la coherencia. Veamos.

El día sábado 24 de noviembre a las 19 horas, esto es: cuatro horas después de haberse producido los vergonzantes e inaceptables hechos de violencia, los respectivos Presidentes de River y Boca, suscribieron un acta con el Presidente de la Conmebol.

En dicho documento, los respectivos representantes legales, con poder suficiente y aparente para obligar a las instituciones, acordaron no sólo la suspensión del partido, sino que también se refirieron a los hechos de violencia acaecidos. Todo ello, generó la "decisión de prorrogarlo (al partido) al día 25 de noviembre", so color de la integridad deportiva de la final; sin formular, las partes, ningún tipo de reserva o cuestión a dilucidarse posteriormente.

En relación al club Boca Juniors, su presidente, en el libre ejercicio de su autonomía de la voluntad, reconoció tres cuestiones: a) el conflicto se generó fuera del anillo de seguridad; b) más allá del conflicto, Boca expresó su voluntad de jugar el partido; c) Boca no denunció ni alegó ningún tipo de hecho que fulmine de nulidad el pacto aludido. Por ende, Boca declinó la posibilidad de formular cualquier tipo de pedimento que no signifique salvaguardar "la integridad deportiva de la final".

En relación al club River Plate y la Conmebol, prestaron conformidad para que el partido se postergara, no otra cosa.

Surge entonces una cuestión que sugestivamente parece estar callada, o lo que es más grave aún, ignorada por el club Boca Juniors, la Conmebol y los medios de información, que podría sintetizarse en la siguiente consulta: ¿pueden las partes que suscribieron el acuerdo del 24 de noviembre a las 19 horas, abjurar de la pactada postergación y mudar a una posición diferente?.

Existe un acuerdo jurídico firmado y es importante destacar entonces, el valor de la confianza en las relaciones jurídicas, tema que en materia de contratos (léase el acta suscripta), cobra una relevancia especial y resulta un requisito insoslayable, debido a la forma como ha evolucionado la realización de los negocios jurídicos. Así, el deber de coherencia, representa límites a la conducta de las partes en las diferentes fases del contrato, basándose en las exigencias de la buena fe.

Reconocido desde antaño, un primer antecedente lo podemos ubicar en el derecho romano o brocárdico, con la regla del "venire contra factum proprium, non valet", o sea "nadie puede cambiar su propio designio en perjuicio de otro".

En el derecho alemán se ha acuñado el término "Verwirkung", en el anglosajón nos encontramos con el instituto del "estoppel", que es aún más exigente con el compromiso asumido, ya que impide formular alegaciones, aunque sean ciertas, que estén en contradicción con el sentido objetivo de conductas o anteriores declaraciones. Huelga agregar entonces, que dicho concepto rige también en el derecho sudamericano aplicable al caso analizado

Sin perjuicio que en la actualidad, también el derecho francés tiene en cuenta este principio, bien vale traer a cuenta la influencia individualista y voluntarista del Código de Napoleón, donde el principio de buena fe fue reducido a lo que estuviese acorde con la voluntad de las partes, por lo que reglas como la prohibición del principio del venire, se dejan de lado. Por suerte para los franceses, dicha posición fue dejada de lado a fines del siglo XIX, cuando se generó una corriente de oposición a los abusos de la autonomía de la voluntad.

Volviendo al fútbol, pareciera la filosofía "barrabravista" ha connotado las resoluciones posteriores al acta suscripta, en lo que hace a su constante violación de las normas. Ello así, porque ha servido de base y sustento para justificar la amañada posición de Boca Juniors y la resolución de la propia Conmebol, que no sólo abjuraron del "pacto de caballeros" suscripto el 24 de noviembre, sino que también infringieron el principio que les impide ir contra sus propios actos.

En base a dicho pacto, Boca Juniors no podía alegar los hechos que alegó, por lo que la Conmebol, debió rechazar in limine su presentación y a la vez, acordar la fecha de realización del partido en las mismas condiciones pactadas cuando se resolvió su suspensión. Todo ello, sin perjuicio de la debida y justificada sanción aplicada al Club River Plate.

Como vemos, la integridad deportiva ha sido mancillada, al violentarse las normas del venire.

Ante lo sucedido, el mote de Napoleón, como estratega, le sigue correspondiendo al Muñeco Gallardo, pero los aspectos totalitarios de dicho personaje (que bien pueden ser considerados como fundantes del malhadado "barrabravismo"), parecería que en este caso, son patrimonio de otros.

*Confeso hincha y socio de River Plate

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