Los animales son víctimas sin voz que también tienen derechos. En universidades se estudia "ética animal" para concientizar sobre la importancia de protegerlos

Desde el año 2016, se dicta el curso optativo sobre "Ética Animal" en el Departamento de Filosofía del Derecho de la Carrera de Abogacía en la Universidad de Buenos Aires (UBA). La materia, a cargo de Sivina Pezzetta, investigadora adjunta de Conicet, y de Pablo Suarez, abogado y profesor de derecho en la UBA y Universidad de Palermo, despertó el interés de la comunidad educativa. "Lo más novedoso en el área es el desarrollo de una teoría política que permite pensar a los animales como ciudadanos de distintas sociedades en consonancia con la lectura de los trabajos de Will Kymlicka y Sue Donaldson", destaca Pezzetta.

Cuando le preguntaron al animalista estadoudinense, George Thorndike Angell, por qué gastaba tanto tiempo y dinero en luchar contra la violencia a los animales, mientras existe tanta crueldad hacia los humanos, contestó: "Estoy trabajando en las raíces de esa crueldad". Esta conversación, que ocurrió en el siglo XIX, cobra notoriedad en la actualidad. En el mismo sentido, Suarez explica: "La causa por los derechos de los animales no resta recursos ni compite con otras en la defensa de minorías desaventajadas, como mujeres, pueblos originarios y personas con capaciddes diferentes". ¿Qué tiempo le quito a esas otras causas con abstenerme de comprar y consumir productos y servicios que se realizan a partir del sufrimiento animal?, se pregunta.

"Lo que reclama este paradigma es que consideremos la existencia de seres cercanos a nosotros y evitemos, dentro de lo posible, causar un sufrimiento que es evitable", explica Suarez. ¿Cómo? Destaca que una forma es privándose del "gusto" de usar tapados de pieles producidos con la tortura y la muerte de decenas de animales o, de practicar destreza con un rifle usando como blanco un animal que siente dolor físico y terror psicológico. "Lo mismo se aplica a zoológicos y circos, que encierran animales, los separan de sus familias y los alejan de sus hábitats, todo en pos de un gusto humano totalmente trivial", agrega.

Prácticas injustificadas

¿Un esquimal debe abstenerse de usar piel de foca? ¿Ante el naufragio en una isla desierta sin almacenes veganos, debería abstenerme de comer cordero? Los activistas y teóricos que se preocupan por los animales no buscan fijar una vara moral tan alta que requiera comportamientos heroicos ante casos dilemáticos. Por el contrario, se ocupan de cuestionar aquellas prácticas injustificables que podrían evitarse sin implicar un costo para los humanos y que, al mismo tiempo, causan la muerte de millones de animales todos los días.

"Cualquiera que esté acostumbrado a menospreciar la vida de un ser viviente está en peligro de menospreciar también la vida humana", dijo una vez Albert Schweitzer, premio Nobel de la Paz.

El más débil

Desde hace mucho tiempo que en el derecho y en la filosofía existe un consenso a favor de la protección y expansión de los derechos del más débil. Incluso, a través de la historia de la humanidad se fue ampliando la inclusión de grupos humanos al conjunto de los miembros de comunidades morales y políticas, nacionales e internacionales.

"Frente a un animal, la cuestión de a qué especie pertenece es irrelevante. Así como nos parece aberrante matar a un perro para comerlo, también lo es comer un cerdo o una vaca. Si consideramos incorrecto tener un ave en una jaula, con la misma justificación debemos rechazar el cautiverio de un león o de un elefante", explica Pezzetta.

Derecho animal

Por derecho animal pueden entenderse distintas cosas. Silvina Pezzetta lo define como una disciplina jurídica que apunta a construir una teoría del derecho no especista, al incorporar a los demás animales dentro del ordenamiento jurídico como sujetos de derecho. "Este concepto ayuda a pensar críticamente para cambiar todas las formas de explotación y sufrimientos a las que sometemos al resto de los animales", enfatiza.

Existen dos normas penales de mucha importancia. La ley 14346, que data de 1954, tipifica delitos contra los animales, pero recién en los últimos años cobró verdadero impacto. "Esta normativa permite efectuar denunciar frente a casos como los que muchas veces se ven en los diarios, como cuando una persona ataca a palos a un caballo, prende fuego a un perro o deja abandonado y muriendo de hambre a otro animal a su cargo", explcia Suarez.

Por otro lado, la ley 27330 tipifica como delito a las carreras de perros y actividades conexas. "Es el resultado de la lucha de asociaciones y activistas para terminar con esta forma terrible de maltrato, explotación y muerte de galgos. Además, hay regulaciones locales que establecen como contravención la tracción a sangre", considera Suarez. Al mismo tiempo, Pezzetta destaca la existencia de normas locales, como la de Bahía Blanca, que prohíben el uso de pirotecnia.

Cierre del Zoológico de Buenos Aires

Los esfuerzos que distintos grupos activistas realizaron para denunciar la situación en que vive un animal silvestre en cautiverio derivaron en el cierre y reconversión del histórico zoológico de la Rural. "Nunca puede ser una vida buena la que se desarrolla en un zoo y puede ser aún peor si el espacio no tiene recursos económicos o está en manos de personas con baja o nula calificación", destaca Pezzetta.

Por otro lado, la investigadora denuncia que el zoológico de Luján es un caso muy llamativo por la violación de normas penales y provinciales. Penales, porque las personas pueden sacarse fotos con grandes felinos que aparecen sedados, lo cual es un delito de los comprendidos en la ley 14346. A su vez, el contacto físico con animales en cautiverio está prohibido por ley provincial.

El zoo de La Plata está atravesando también un proceso de cambios y el año pasado intentaron la liberación de la elefante Pelusa que falleció durante la etapa de preparación. "Los zoológicos exhiben la violación de uno de los derechos fundamentale que deberíamos compartir tanto humanos como no humanos: la libertad. No es lo mismo un animal silvestre que uno domesticado", concluye Pezzetta.

“No hay políticas públicas, ni estadísticas ni censos ni ayuda”

1. ¿Cuál es el problema del maltrato animal en Argentina?
El maltrato animal es muy grande, es cuasi infinito si también consideramos aquel que sufren los animales de consumo. Se refleja en perros y gatos porque existen razas que se “fabrican” a gusto del hombre. Un ejemplo típico son los braquicéfalos o de trompa corta que tienen infinidad de problemas médicos y, básicamente, no pueden respirar adecuadamente por su forma anatómica. Que existan estos animales y la gente los compre habla de la naturalización del maltrato y de la poca educación que reciben los consumidores.

2. ¿Qué cantidad de casos se registran?
No hay políticas públicas , no hay estadísticas, no hay censos, no hay ayuda. Se desconoce todo tipo de datos.

3. ¿Cómo reconocen al animal maltratado y cómo lo recuperan?
Para detectar el maltrato, primero se necesita conocer a la especie. Cada una tiene un comportamiento básico. En el menor de los casos, el “maltrato” se visualiza en un animal encerrado dento de un departamento donde no puede desarrollarse plenamente. Pero maltrato es también el caballo flaco, herrado con hierro doblado y no herraduras, con mataduras en su cuerpo de heridas viejas, sin haber pasado jamás por un médico veterinario para un plan de prevención de enfermedades, sin comida suficiente y calidad adecuada que lo hacen cargar más de los que su propio peso le permite, azotado, lastimado y exigido hasta morir . Por eso, resulta difícil hablar de una resolución médica sin antes referirnos a cada caso en particular. No hay políticas públicas al respecto. El veterinario actúa según la urgencia de la patología o el estado que presente el animal.

4. ¿Cómo se puede combatir el problema?
Debemos involucrarnos con las ONG o grupos animalistas que trabajan la cuestión animal y estudiar sobre lo escrito en países más avanzados. Debemos insistir en que las universidades de veterinaria del país incluyan materias fundamentales para la deconstrucción de lo aprendido como “ética animal”. Es una asignatura fundamental porque nos brinda argumentos para defenderlos desde nuestra especialidad, nos permite estudiar sus emociones y conocer las leyes que los protegen. La ayuda interdisciplinaria es fundamental para terminar con el maltrato naturalizado de los animales.

5. ¿Cuál es tu mirada sobre el tema?
En lo personal, creo que el tema está creciendo muy lentamente y que los médicos veterinarios deberíamos defender los derechos del animal y tomar conciencia de que muchos de los trabajos que hacemos avalan el maltrato animal. Las universidades, los colegios de matriculados y los profesionales necesitan repensar la profesión y encontrar nuevas áreas donde ejercerla. Está en nosotros que esto se modifique.