La dinámica de los movimientos comerciales en el mundo responde a fuerzas que van más allá de la voluntad o el voluntarismo de una persona, aunque sea el presidente del país más poderoso del mundo. Y esto lo está comprobando en carne propia Donald Trump después de haber lanzado su guerra comercial contra China, la Unión Europea e incluso contra sus socios comerciales más cercanos, Canadá y México.

El estadounidense lanza su guerra arancelaria con China y a renglón seguido Japón y Alemania aprovechan la oportunidad para ganar participación en el mercado chino de vehículos de pasajeros, el de más rápido crecimiento en el mundo. A la vez que Brasil se ofrece como nuevo proveedor de soja, con mejores precios que los estadounidenses con aranceles.

Así como después de que impone sanciones a Turquía, Alemania ofrece ayuda económica a Ankara, a la que Qatar promete u$s15.000 millones en nuevas inversiones y una línea de intercambio de divisas de u$s3.000 millones, mientras los bancos chinos otorgan miles de millones de dólares en nuevos préstamos a los turcos, refiere el sitio web RT en español.

Trump, en tanto, reprende a la canciller alemana, Angela Merkel, por comprar gas natural ruso a través del ducto Nord Stream II, y días después la cumbre de Merkel con el presidente ruso, Vladímir Putin, no sólo ratifica el acuerdo del oleoducto sino que también logra un pacto para ayudar a la reconstrucción de Siria en cooperación con Rusia.

En la lista de movidas en las que parece perder más de lo que gana, Estados Unidos impone sanciones económicas a Irán y las compañías de seguros occidentales dejan de asegurar los cargamentos de petróleo procedentes de ese país, a lo que China responde aceptando el seguro iraní sobre las importaciones de petróleo y aumentando las importaciones de petróleo de Irán, según la agencia Reuters.

Y es que al "atacar" a sus socios comerciales, Trump los empuja a la búsqueda de nuevas alianzas con socios más predecibles y confiables. La estrategia de pegar para después negociar pudo ser buena en el ambiente de los negocios de la década del 80 en la que el magnate inmobiliario se forjó como empresario, pero no puede traspolarse directamente al ámbito del comercio y las relaciones internacionales.

La respuesta de la Unión Europea y China a la crisis financiera turca -que si bien no es reciente fue atizada por las sanciones estadounidenses- es una evidencia palpable de lo rápido que pueden cambiar las alianzas económicas. Según el medio financiero chino The Asset, "la crisis económica en Turquía está forzando al asediado presidente Recep Tayyip Erdogan a buscar ayuda financiera, dejando la puerta abierta para que China pueda aprovechar una oportunidad imperdible de acelerar sus ambiciones en relación a la iniciativa del Cinturón y Ruta de la Seda en la región".

La vieja geoestrategia vuelve a aparecer, y Trump ve cómo en frente suyo los países se reacomodan en busca de la mejor preservación de sus intereses, más allá de alineamientos históricos. Y cómo los espacios de influencia que los EE.UU. dejan vacios por comportamientos erráticos, son ocupados por otros relevantes jugadores del ajedrez mundial, como China y Rusia. Una lección de la que tendría que tomar nota la actual conducción de la Argentina, como ejemplo de las "relaciones carnales" que a la larga se muestran contraproducentes.