El gobierno de Mauricio Macri está dedicado a construir su relato ante el mundo. Y para ello procura hacer oír su voz en el complejo y desequilibrado concierto de naciones. Lo hace intentando participar de forma protagónica en los foros y organizaciones internacionales vinculadas con el crédito, el comercio y los negocios. Esta vez lo hará en Davos, durante el 48° Foro Económico Mundial, adonde asistirán 70 jefes de Estado y de gobierno.

La participación de la Argentina en estos encuentros es importante para el presidente Macri, que llega a Suiza con los deberes hechos en cuanto a exigencias de los organismos multilaterales y el mundo financiero, a pesar de las turbulencias políticas y sociales en el frente interno.

La última muestra de esta seducción al mundo ocurrió el 16 de enero, cuando la Comisión Nacional de Valores (CNV) autorizó las “ventas en corto”, una operación especulativa en el mercado de capitales. Este visto bueno tiene como objetivo conseguir que la banca de Inversión Morgan Stanley incorpore al país en el índice MSCI de Mercados Emergentes, a mediados de este año, lo que significaría el ingreso de jugadores de peso a la inversión financiera local.

Argentina es hoy, y desde 2009, Mercado de Frontera, un paria en el escenario financiero internacional. Esta situación no desentona con la participación ínfima que el país tiene en el comercio global. Es el 26° país del mundo por Producto Interno Bruto (PIB), pero desciende hasta el puesto 45 en el ránking de exportadores. Tiene acuerdos comerciales con sólo 8 por ciento del Producto mundial, mientras en Chile, México, Perú y Colombia ese porcentaje llega a más del 70 por ciento, de acuerdo con datos de la consultora especializada DNI.

Macri no se demoró en querer mostrar al mundo sus ansias de inserción. A cuatro meses de haber asumido, en abril de 2016, pagó “one shot” unos 9.300 millones de dólares a fondos buitres que no habían aceptado los canjes de deuda soberana. Esto le volvió a abrir los mercados internacionales de deuda y ser un activo emisor de bonos soberanos. Desde entonces, fue uno de los colocadores de deuda más activos en el mundo y el mayor entre las naciones emergentes. Hasta se permitió un lujo caro: emitir un bono a 100 años, el Global 2117, por unos 2.750 millones de dólares a una tasa onerosa de 7,91 por ciento.

En septiembre siguiente, organizó en Buenos Aires el Foro de Inversiones y Negocios, un evento que contó con la presencia de CEOs de todo el mundo, pero que hasta hoy dejó un sabor amargo en términos de ingresos reales de divisas para el país.

El Gobierno intenta mostrar que las divisas para el sector productivo están llegando, a pesar de que la Inversión Extranjera Directa (IED) no logra despegar. La Agencia Argentina de Inversiones, por ejemplo, lleva un mapa de los proyectos “anunciados” para el país desde el 11 de diciembre de 2015: contabiliza unos 102 mil millones de dólares, casi la mitad en Petróleo y Gas. Pero los últimos datos difundidos por el Banco Central dan cuenta del poco interés de los inversores no financieros por la Argentina: la IED decreció casi 7 por ciento en 2017, hasta 2.362 millones de dólares, por debajo de los 2.523 millones de 2016.

En sentido contrario, las inversiones financieras, principalmente para negocios de corto plazo, se dispararon. De acuerdo con información de la consultora Ecolatina, 2017 será el primer año desde la Convertibilidad en que la llegada de dólares financieros (cuenta capital) superará al ingreso de divisas comerciales (mercancías, servicios y renta).

El Gobierno es consciente de esta debilidad. De ahí su avidez por integrar y participar de organismos internacionales de relevancia global. En junio próximo, la Argentina podría ser invitada a participar como miembro pleno de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Econó- mico (OCDE), que ha recomendado al país cambios en temas de gobernanza y estadística. Y, desde que asumió, el Gobierno ha tomado nota de la opinión del Fondo Monetario Internacional (FMI) de reducir el déficit, una ecuación que los inversores consideran clave.

El escenario internacional de la Argentina se completa con la organización, en diciembre último, de la XI Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio. Y, el mismo mes, con la presidencia del G20, el principal foro internacional para la cooperación económica, financiera y política mundial.

De este modo, el presidente Macri arriba a Davos en el marco de una agenda ique, hasta ahora, ha cosechado escasos resultados y que trata de hacer equilibrio en la inestablidad de lo discursivo.

Un club de más de mil empresas

El Foro Económico Mundial reúne en Davos a partir del ma- ñana a 70 jefes de Estado y de Gobierno, así como a centenares de líderes del mundo de la política y de la economía, científicos y artistas, en una cita que cumple este año su 48 edición. Este Foro nació en 1971 como una fundación privada para discutir estrategias con las que las empresas europeas pudieran hacer frente a las necesidades y desafíos del mercado mundial, aunque en 2015 fue reconocido formalmente como una organización internacional para la cooperación público-privada.

El profesor de Administración Empresarial Klaus Schwab, su fundador y director ejecutivo, convocó con esta idea a destacados ejecutivos de empresas europeas en la ciudad suiza de Davos, donde desde entonces el Foro se reúne cada año. Funciona como un club que pone al servicio de sus socios una infraestructura tecnológica y humana para establecer contactos políticos y empresariales al más alto nivel.

Su sede está en Ginebra y su patronato está compuesto por más de mil empresas de todo el mundo, principalmente de Norteamérica y Europa, que pagan una cuota anual para ser socios. Además de su reunión anual, desde hace unos años organiza cumbres regionales en Medio Oriente, América latina y Asia.