En una era en la que en las grandes ciudades casi no quedan disquerías, la explosión de los shows en vivo demuestra que los adictos al jazz se resisten a refugiarse en el streaming o la pretendida comodidad de las plataformas digitales. Si la nueva música no puede llegar a nuestra casa como solía hacerlo hasta hace unos años, entonces habrá que ir a buscarla allí donde se genere.

El éxito de los festivales de jazz en latitudes diversas evidencia que el show en vivo tiene una creciente vitalidad. Pero en algunos casos también certifica la avidez del pú- blico por las nuevas corrientes que alimentan este género, por la innovación y la exploración artística que en el pasado quedaban asociadas al consumo de una minoría supuestamente más enterada. La ciudad de Buenos Aires puede dar fe de esa aceptación de las vanguardias, que se renueva año a año con el festival de jazz local al convocar a músicos sin pretensiones de masividad pero con alta calidad en sus propuestas.

los festivales más valorados en el plano internacional, el Winter Jazz Festival (WJF) de la ciudad de Nueva York, que comenzará el mes próximo abriendo las puertas a eventos de distinta naturaleza con músicos y especialistas que suelen empujar las fronteras del jazz y mantienen vivo el interés de audiencias crecientes.

El WJF nació en 2005 como un evento de un día, en una sola sede. Hoy se expandió de manera descomunal: es un festival de una semana, en el que participan más de 700 músicos en 14 escenarios de alto nivel y que se espera recibirá a más de 10.000 personas en su próxima edición.

Basta repasar algunos nombres de la edición que comenzará el próximo 10 de enero: Vijay Iyer, Fred Hersch, Rudresh Mahantappa, Aaron Parks, Angélica Sánchez, Archie Shepp, Donny McCaslin, Marc Ribot, Don Byron, Dee Dee Bridgewater, Sheila Jordan, Jack DeJohnette, James Carter, Mark Guiliana, Ravi Coltrane, Nicholas Payton, la Sun Ra Arkestra y Wadada Leo Smith, entre muchos otros.

El festival fue galardonado hace dos años por la revista Jazztimes como el número uno de los Estados Unidos. Entre sus premisas convocantes figura la participación de artistas procedentes de distintos países y culturas, así como el espacio central que se otorga a las propuestas vanguardistas y con acento en la improvisación. Otro elemento distintivo para quienes evalúen la posibilidad de asistir al evento es la organización de dos días con una maratón de conciertos en distintos clubes o auditorios, que suelen comenzar a las seis de la tarde y extenderse hasta pasada la medianoche. Un ejemplo: el sábado 13 de enero, en el auditorio de la New School en el Village, se presentarán sucesivamente la cantante Jazzmeia Horn, el saxofonista James Carter con su grupo, el power trío Harriet Tubman y la Sun Ra Arkestra.

Y si la música no basta, también habrá talleres y mesas redondas con temas de impacto social: el jazz y las luchas políticas, las limitaciones de los gobiernos a los movimientos migratorios y su impacto en la escena musical y la cuestión de género en el jazz. Un programa cautivante para que quienes puedan se animen a desafiar el frío y las nevadas del invierno neoyorquino.