Momento de encuentro y de distensión entre pares, el after office sumó en el último tiempo un nuevo ámbito. Milongas de entre semana frecuentadas por profesionales y ejecutivos que descubrieron en el tango danza una pasión impensada.

"Si hablamos de un nuevo perfil por gente joven es una cosa, pero también están los nuevos/viejos, es decir, gente que arranca ya de grande, por el deseo de bailar tango y no solamente escucharlo (que lo hizo toda la vida), o por una cuestión de socializar tal vez, luego de una separación: son muchos motivos que aparecen -prologa Emiliano González, profesor del espacio After Office Tango, por Villa Devoto- También están los que alguna vez tomaron alguna clase y luego vuelven por una segunda oportunidad", apunta.

En cualquier caso, el fenómeno no resulta ajeno a la explosión de milongas en toda la ciudad, con su variada oferta de propuestas y matices. En sintonía con la valorización que ha vivido el género en las grandes capitles del mundo, como producto cultural de exportación.

Igual que en sus tiempos fundacionales, el tango obtuvo un nuevo certificado de aprobación.

“Hay un prejuicio muy arraigado con el Tango que sentencia: ‘El tango es de viejos’ pero.... ese concepto va quedando rezagado y los jovenes de hoy en día (18 / 25 años) ya nacieron con gente joven bailando tango”, señala el organizador de la milonga La Veraniega, que este sábado concluye su programación en instalaciones del Club Ferrocarril Oeste.

“Vengo de una familia de melómanos, un hogar repleto de melodías e instrumentos. Sin embargo, nunca un tango -se confiesa la licenciada Noelia Riccio -Un amor grande por Buenos Aires, la decisión de dedicarme al patrimonio y una extraña sensación de haber nacido fuera de época, quizá sean algunas de las cosas que me acercaron tí- midamente al tango”, conjetura Riccio, que se desempeña en el área de Patrimonio Cultural de la Ciudad.

“Me encanta la milonga porque es un espacio diverso, por sobre todas las cosas. Eso es lo más lindo. Creo que el tango nos pone a bailar a todos; derriba barreras generacionales y prejuicios de la ìndole ‘soy un pata dura’. No hay viejos o jóvenes cuando hay milonga en Buenos Aires”, agrega.

“Hay de todo y para todos y todas. Milongas casi exclusivamente para gente mayor, milongas para gente joven, milongas donde se mezclan generaciones (esas son las que me gustan), milongas con la mente abierta a recibir parejas del mismo sexo -enumera González- Hay barrios con más milongas que otros en Buenos Aires, pero por suerte se encuentran lugares de baile por todo el país, y para los que pueden viajar van a sorprenderse de encontrar milongas en todo el mundo e ir a bailar por ejemplo a una milonga en Dubai y escuchar a Goyeneche y que esas personas bailen al ritmo del 2x4, nos infla el pecho de orgullo”, transmite su entusiasmo.

“Como todo universo, la milonga tiene algunos códigos, quizá ya un poco anacrónicos para los tiempos que corren. A modo de anécdota, tiempo atrás, solía ir a una milonga bastante tradicional, en el barrio de Boedo, con un público habitué. Al terminar tres piezas de baile, una pareja adulta, bien arreglados y de peinados extravagantes pata ésta época, me tomó del brazo y me reprendió a modo de consejo: ‘nena, nunca debes irte de la pista sin tomarle la mano a tu compañero’ -suelta Riccio, risueña -Pero, por suerte, el tango, ha demostrado gran capacidad para adaptarse a los tiempos que corren y abraza a las nuevas tendencias y movimientos sociales”, considera.

¿Que se recomienda al interesado tardío, o no tanto? “Abrir la mente a recibir muchas sensaciones nuevas , a aprender un nuevo lenguaje, no es castellano, ingles o chino, es tango -enuncia González, quien imparte sus clases los lunes a la noche a principiantes, intermedio y avanzados- Requiere de muucha mucha practica, requiere concentración y aceptar las dificultades que uno posee y que el otro posee, porque el tango es por sobre todo ‘escuchar’ al otro. Paciencia y a no bajar los brazos (o el abrazo), es un camino que no termina nunca, porque... el tango es Infinito”, ilustra.

Con una mirada flexible, Riccio considera que “la expresión artística en cuanto a la danza, en muchos ámbitos juveniles se ha flexibilizado y responde mucho más a una necesidad de expresión corporal que a la profesionalización de la actividad, digamos, algo así como la rigurosidad en la disciplina en oposición a un estilo más libre y personal”.

El descubrimiento del tango puede ser aleatorio, pero también funcional a ciertas expectativas. Recuerda González: “Un día la casualidad me encontró tomando unas clases de tango y luego me pasó que en mis primeras noches de milonga, cuando apenas estaba aprendiendo a dar mis primeros pasos de caminata, estaba sentado viendo la gente bailar abrazados y escuchaba un tango que decía: ‘Hasta siempre amor, pasaras de otros brazos y dolerá el fracaso igual que hoy...’ y sentí que no podía estar más cerca de mis raices y mis sentimientos. Tenía 24 años y me dí cuenta que ese era mi lugar en el mundo”.

Sin tabúes
De género y de roles

“La Milonga Tango Queer es un espacio abierto a todas las personas, sea cual sea su identidad sexual, raza, clase social, nacionalidad. Es un espacio de encuentro, de sociabilización y de intercambio, en el que se baila tango eligiendo libremente la pareja y el rol que cada uno/a quiere ocupar”, enuncian los responsable de la Milonga Tango Queer.

Surgida de “la necesidad de crear un espacio de tango ‘liberado’, en el cual las normas y códigos del tango tradicional dejen de regir y limitar la comunicación entre las personas” (tangoqueer.com)