El próximo 3 de abril comienza el BAFICI. Probablemente sepan que cambió de sede: se mudó a Belgrano (el centro de encuentros y actividades va a ser el Museo Larreta, donde además va a haber películas para chicos del BAFICIto y recitales al atardecer, con músicos como Rosario Ortega, Leo García y Paula Trama) y el Arte Multiplex será el cine nuclear. Pero va a haber más de 30 sedes en toda la Capital Federal, y ya están las entradas a la venta. Toda esa información se encuentra en la web http://festivales.buenosaires.gob. ar/2019/BAFICI/es/home

Ahora, como todos los años, vamos con la indicación de por qué vale la pena ir al BAFICI. Aunque todavía (¡to-da-ví-a!) hay gente que piensa que es un lugar donde chicos modernosos ven películas incomprensibles, y si bien es cierto que tiene un aire bastante joven en general (después de todo, es un festival de descubrimientos, con un altísimo porcentaje de operas primas y estrenos mundiales), es también una vitrina de rescates, de difusión de autores clásicos que no conocemos, de discusión sobre el cine. Es una fiesta, por cierto, y un movimiento. Siempre lo decimos, pero no está de más repetirlo: en BAFICI se consagraron tipos que después ganaron festivales como Cannes o Venecia, como Laurent Cantet, Jia Zhang-ké, Naomi Kawase, o los uruguayos Stoll y Rebella. La primera gran retro de Haneke se hizo en BAFICI; la primera gran exhibición del húngaro Béla Tarr... en realidad, cualquier nombre importante del cine anduvo por aquí. Visitaron en los últimos años Nanni Moretti y Peter Bogdanovich y este año los dos presentan películas: el primero va con su nueva película Santiago, Italia como cierre, y el segundo, en Panorama, muestra The Great Buster, su documental sobre Buster Keaton. Hay mucho más por ese lado. Y como siempre, hay autores conocidos y hay películas clásicas para ver en pantalla grande (este año la fiesta por ese lado son El gran Lebowsky, Cuando Harry conoció a Sally..., y la obra maestra absoluta Duro de Matar).

Hay visitas también -vienen muchos de los directores de los filmes en competencia, que incluyen la Internacional, Vanguardia y Género, Derechos humanos y Baficito- y hay dos centrales. Una es la de Julien Temple, el gran cineasta británico que le dio imágenes al punk con documentales como La gran estafa del rock’n’roll, y de quien además se proyectará su ficción musical Absolute Begginers, con David Bowie, clásico de los ochenta nunca estrenado comercialmente en nuestro país. La otra es la de la cineasta y fotógrafa austriaca Friedl Vom Gröller, un verdadero descubrimiento. Relacionada con un cine de vanguardia que derivó en el feminismo al mismo tiempo radical e inteligente, tiene una obra extensa que no sustituye la belleza de la imagen por la pasión, sino que complementa ambas cosas. Ambos van a tener charlas y presentarán material, y vale mucho la pena acercarse a estos dos rupturistas (dentro o fuera del mainstream, dicho sea de paso).

Habrá un enorme volumen de actividades gratuitas al aire libre

Hay un evento especial el primer fin de semana al que vale la pena prestarle atención: la Maratón BAFICI. Después de la exitosa experiencia de la Maratón Abasto durante el FIBA (donde la calle, las estaciones de subte, incluso departamentos particulares, alojaban juegos teatrales y obras breves), se trata de una serie de intervenciones que comienzan en la estación Juramento del Subte D, con personajes de películas y canciones clásicas del cine interpretadas por pianista y cantante; sigue con varios juegos y experiencias, maquillajes, pantallas led con películas para todo tipo de público de largo y corto metraje, clases de baile para aprender las coreografías de unos cuantos clasicos, y un largo etcétera -son cuarenta actividades, todas gratuitas y en la calle- ¿Tiene sentido hacerlo? Veremos, pero en principio la intención es acercar nuevamente al público al cine a partir de lo que conoce para que descubra otras formas, nombres y posibilidades. El Festival es también eso, o sobre todo debería de ser eso.

Dicho de otro modo -y aquí es donde esta nota se pone personal- el BAFICI es y ha sido siempre un lugar de descubrimiento feliz. Aunque este año ha sufrido por la devaluación de 2018 (y los avatares cambiarios siguen, lo que afecta especialmente un evento que depende de lo internacional y cuyos costos cotizan necesariamente en dólares), no hay muchas menos películas que en otras ocasiones. La cifra está por encima de las trescientas alternativas entre todos los formatos. No está el Village, es cierto, pero allí hay algo que decir: los dos multipantallas que fueron hogar central del BAFICI (Abasto y Village Recoleta) tienen menos interés en vender entradas que en vender pochoclo y gaseosas, que constituyen el verdadero negocio de los complejos (de ahí la cantidad enorme de promociones para la entrada). BAFICI no es, precisamente, un evento donde se consuma algo dentro de la sala más allá de la película. Así que, si bien llevó siempre muchísimo público -y quien escribe esto lo ha visto- también, siempre, implicó una negociación áspera con las salas. El Belgrano Multiplex es quizás el único complejo multisala programado durante todo el año con un criterio alejado del mainstream, y ha generado un público fiel que suele ver todo lo que allí se proyecte. El encuentro entre el Festival y esta sala, movido en parte por la necesidad, no solo no está nada mal, sino que incluso puede darles más peso a ambos. Veremos, pero no es para nada una mala elección.

¿Qué más? La apertura para el público general será en el anfiteatro de Parque Centenario el miércoles por la noche y el cierre, el sábado 14. Jubilados y estudiantes pagan (mucho) menos y hay una cantidad enorme de proyecciones y actividades gratuitas sujetas a la capacidad de cada lugar. Como siempre, mejor ir al azar y que la pantalla nos sorprenda. No les deseamos “que la pasen bien”, porque eso es lo que está asegurado.

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