Entre todas las metamorfosis que atravesó la agente de la CIA Carrie Mathison (Claire Danes), la que enfrenta en la séptima temporada de Homeland quizá sea la más difícil. Por supuesto, la implacable protagonista no mostrará dilema moral o espiritual alguno, ya que por algo es la mejor en lo suyo: ni los remordimientos, la ética o su propia familia son excusa para que no haga lo que crea necesario en pos de proteger a Estados Unidos del terrorismo. Pero ahora, esta gran serie de espionaje y política internacional redobla la apuesta, colocando a su heroína en la vereda de enfrente, por así decirlo.

La historia transcurre ahora en Washington, corazón del poder político

El final de la sexta entrega mostraba cómo su confianza era traicionada por la presidenta electa, Elizabeth Keane (Elizabeth Marvel) que luego de sobrevivir a un atentado gracias a Peter Quinn -el personaje más popular de la serie muere aquí casi sin pena ni gloria- repentinamente toma medidas casi dictatoriales. La mujer que representaba la esperanza y los ideales de Carrie por una sociedad estadounidense más justa y transparente se convirtió en una déspota, paranoica y traicionera. Keane capitaliza su martirio y rompe sus promesas: arresta a toda la cúpula de la agencia de inteligencia, incluido al mentor y amigo de Carrie, Saul Berenson, e inicia una caza de brujas contra la prensa opositora.

Así (re)comenzó todo

El arranque de esta nueva temporada encuentra a Mathison ya sin trabajo formal luego de abandonar la Casa Blanca, viviendo con su hermana y con una meta bien clara: derribar a la presidenta. Y, conociendo a este personaje, no se detendrá hasta conseguirlo. Si hay algo que distingue a Homeland de otros productos larga vida es que conserva su capacidad de sorprender al espectador, porque nunca nada es lo que parece. Mientras en la sexta, el siempre misterioso Dar Adal se hizo odiar por llenar de obstáculos a Keane, a la luz de los acontecimientos, su frase “Hay algo antiestadounidense en ella” empieza a tener sentido. Pero con Dar en la cárcel y Saul saliendo de la cárcel, tentado por la mandataria para estar a su lado en el Salón Oval como nuevo asesor de Seguridad, las opciones de Carrie se achican.

Los guionistas ya trabajan en la octava parte, que saldría en 2019 y sería la última

Entonces, entran en acción nuevos personajes: Dylan Baker como el senador Sam Paley y Dante Allen (Morgan Spector) a un amigo del FBI, son potenciales aliados pero el miedo a la actitud intransigente que adquiere la nueva administración en Washington hace todo cuesta arriba. Brett O’Keefe, ese influencer apasionado que fustigó a Keane durante toda la campaña, es otro de los que empiezan a parecer amigables (útiles) a la ex agente. En el camino, Mathison sigue pasando los límites; pone en peligro a su hija, a su sobrina -que, ya adolescente, admira el discurso de rebeldía de su tía- discrepa con su cuñado que optó por trabajar con Keane, y pone en jaque una vez más la relación con su paciente hermana.

El primer episodio de la séptima parte de esta ficción creada por Alex Gansa y Howard Gordon, en base a la serie original israelí Prisioners of War de Gideon Raff, no defrauda. Serán 12 capítulos en total de una historia que cosechó millones de fieles alrededor del mundo así como premios Emmy y Globo de Oro. Habrá una octava en 2019 que, se estima, será la última, pero afortunadamente aún hay conspiración y Carrie Mathison para rato. Por Fox Premium, los lunes a las 22 y luego disponible on demand.