“Beber estrellas”. La espontánea a la par que poética definición del buen abate Pierre Perignon para el brebaje que acababa de probar, aun nos subyuga. Ciertamente que el champagne, champaña o cava (según la denominación de origen) ha recorrido un largo camino desde el siglo XVII: aquel líquido algo dulzón y todavía turbio de borras es hoy un ícono de la buena vida y los buenos vinos, como resultado de un celoso proceso de elaboración. Técnicamente, entendemos al champagne como un espumoso de doble fermentación que puede producirse por método clásico Champenoise (doble fermentación en botella) o el más moderno y habitual en estos días, Charmat (emplea grandes tanques de alumnio). En cualquier caso, lo que importa es la terminación afinada del producto para llegar al consumidor como ese torrente de estrellas que tanto impactó al afanoso benedictino galo.

Con los festejos de fin de año, las bodegas refuerzan sus estratehias de marketing para imponer sus etiquetas en un mercado acotado pero sumamente competitivo, que incorpora novedades pero conserva un fuerte apego por las marcas tradicionales.

“Desde comienzos del año 2.000 se viene viendo un crecimiento sostenido en el consumos de espumantes y esto es notable ya que muchas de las bodegas que sólo elaboraban vinos tranquilos, hoy tienen en su portfolio algún espumante que puede ser elaborado por la misma bodega o por un tercero, pero lo tienen y en crecimiento”, refieren desde Bodega Schroeder, para la que el segmento representa el 50% de sus ventas.

“Desde Bodega Suter, observamos que en los últimos 10 años se duplicaron los litros comercializados de espumantes así como las bodegas que fraccionan los mismos -coincide Juan Parajuá, gerente de Marketing- Si bien la estacionalidad de hace unos años era mucho más marcada que en la actualidad, diciembre sigue siendo el mes con mayor consumo”, apuntan.

Por su parte, Claudia Piedrahita, Assistant General Manager de Casarena Bodega y Viñedos interpreta que “el consumo ha ido creciendo debido a un cambio cultural y la adopción de nuevas culturas gastronómicas, como ser la comida japonesa, asiática, peruana, etc. Todo esto ha hecho que sea más amigable con el paladar tomar una copa de espumante con ciertas comidas, no ya para celebrar sino para acompañar el plato, maridar ciertos sabores y ciertos tipos de menú”.

En un rubro donde el término “champagne” es inexacto (los únicos habilitados para llamarse así son los producidos en la región vitivinícola homónima de Francia), “los espumantes argentinos tienen un perfil más exótico que los europeos, aun así super delicados y elegantes, dueños de un exquisita acidez y una fruta que llena la boca de sabores”, evalúa Antonio Mas, ingeniero agronómo y enólogo de Bodega Antonio Mas Wines.

“Me parece que el consumidor tradicional estaba fuertemente condicionado por una o dos marcas extremadamente dominantes en el mercado de espumantes y difícilmente aceptara otras marcas como propuestas aceptables -estima Juan Pelizzatti, presidente de Bodega Chakana -Creo que el consumidor actual, de menor edad, tiene una actitud de exploración en el vino en general y en los espumantes (en menor medida, pero mucho más que antes) que permite la proliferación de nuevos productos y propuestas más audaces”.

En el mismo sentido, se manifiestaIng, Juan Carlos Muñoz, WineMaker de Viña Las Perdices: “El mayor crecimiento del consumo se ha dado entre el público joven, que es más abierto a nuevas propuestas -como espumantes elaborados en base a uvas tintas que no sean Pinot Noir- y a explorar maridajes. Además, para este público se han desarrollado espumantes pensados para coctelería, presentaciones en botella de 187cc destinadas al consumo nocturno, por ejemplo”.

En tanto, “el consumidor clásico actualmente encuentra una oferta mayor, con propuestas más refinadas como los elaborados con el método tradicional en las categoría Brut Nature”, agrega.

“El perfil de consumidor clá- sico considera el espumante una bebida únicamente para las fiestas y se mantiene cauteloso a la hora de elegir un espumante -considera Ignacio Martínez Landa, gerente de Marketing de Domaine Bousquet -Se orienta por las marcas clásicas con visuales tradicionales y códigos de comunicación afines a la celebración. Por otro lado, el nuevo consumidor es más atrevido y está más abierto a probar cosas nuevas e incluir al espumante en diferentes ocasiones, ligadas a la celebración cotidiana y hasta lo incorpora en ciertos cocktails”.

Desde el punto del marketing, “la mejor forma de posicionamiento es romper la propuesta de comunicación con un lenguaje más cercano al consumidor, códigos más informales y ampliando las situaciones de consumo . En el caso de los espumantes enfocarse en las virtudes del producto, como ser su frescura y amplia gama de estilos para crear nuevas ocasiones y acercarse al consumidor como una bebida con estilo pero que se puede disfrutar en cualquier momento”, se explaya.

“Las bodegas venimos trabajando en ofrecer un abanico de categorías. En una etapa previa, el mercado argentino ofrecía las categorías Extra Brut, Brut y Demi Sec. Actualmente, hay una fuerte tendencia hacia los espumantes menos dulces y más elegantes, como los Nature y Brut Nature -considera el winemaker de Las Perdices -Aunque hace unos pocos años, se vieron muchos lanzamientos de productos más dulces, como nuestro Las Perdices Sweety, que está pensado para la coctelería”, señala como alternativa.

Finalmente, desde Casarena invitan a mantener “una experiencia conectada con lo que se está consumiendo”.

Un espumante para cada ocasión

“El Extra Brut marida muy bien con mariscos, carnes blancas, pastas o quesos blandos. El Demi Sec con quesos o postres, y los Dulces o Extra Dulces son ideales para beber como aperitivos o acompañar postres”, resumen desde la centenaria Bodega Suter.

“El espumante es una bebida sumamente versátil, que se puede tomar solo o con comidas, como aperitivo o con el postre. En general marida mejor con comidas livianas y frescas que resalten su carácter vivaz y espumoso de elevada acidez”, pondera Pelizzatti (Chakana). “Son la perfecta combinación para pescados y mariscos, cocina asiática y peruana”, acota Muñoz (Las Perdices), que arriesga “ una propuesta atrevida con comidas picantes, como puede ser la cocina mexicana”.

Para Antonio Más, su Más Extra Brut “va muy bien con ostras, ensaladas de verano, pastas con salsas suaves, pescados como el atún rojo, sushi, tabule, cocina magrebí y asiática”.

Domaine Bousquet

Elaborado con el Método Charmat a partir de uvas orgánicas 75% Chardonnay 25% Pinot Noir. De color amarillo verdoso con burbujas muy finas. En boca se se preciben frutas tropicales con notas florales $165.

Rama negra

Este “blanc de blancs” de Casarena está elaborado con uvas Chardonnay, Viognier y Sauvignon Blanc. De esta forma se logró un espumoso muy intenso aromáticamente, complejo y elegante $279.

Asti Martini

Fresco y aromático a flores y frutas, notas de manzana y pera, y una alta proporción de hierbas aromáticas. Estas características lo convierten en un espumante muy fácil de tomar y versátil para el maridaje $400.

Suter extra brut

De atractivo color amarilloverdoso, con aromas frutales como manzana y ananá, combinados con aquellos provenientes de las levaduras que le dieron origen. Un Extra brut en óptima relación calidad precio $96.

Prosecco Zardetto

Espumoso italiano de alta gama que la bodega Renacer importa en forma exclusiva para la Argentina, este prosecco brut se labora con uvas del Venetto de una región de Denominación Controlada (DOC) $475.