Las suspensiones sucesivas de las fechas de operatividad del Brexit producen un tembladeral en la economía del Reino Unido, cada vez más desunido.

Claro que, para nuestros escalas críticas, un par de puntos de deterioro del valor de la libra esterlina o la amenaza del retiro de las sedes centrales empresarias del territorio inglés sólo huelen a pequeñeces.

La inflación real medida por el Indec dejan al descubierto pavorosos números de caída de la actividad, pobreza e indigencia que durante años barríamos bajo la alfombra.

Quizás la reconstrucción de institucionalidad no sea suficiente en el corto plazo. Como tampoco lo fue su descontrucción aún en el largo período del verano sojero sostenedor del festival de subsidios a la clase media y alta.

No seremos la Venezuela de Maduro por propia preservación y decisión de la ciudadanía. El menú agrietado de periodistas y políticos se multiplicó en las relaciones interpersonales. Pero empieza a despuntar un espacio reflexivo menos visible y poco atractivo para el show de la violencia callejera de los noticieros. Un número creciente de chats y redes muestran mayorías silenciosas y múltiples “abandonos” cada vez que el espiral dialéctico sube un nivel de crispación. El debate por el aborto produjo otra emigración digital y cambios de grupos y conductas en las redes. Como esquizofrénica contrapartida , la pasión argentina por el dólar, coincidencia cromática casual, no encuentra divisiones. El lenguaje inclusivo se mezcló enturbiando los legítimos reclamos por el derecho de igualdad de trato entre hombres y mujeres. No son unívocas las alineaciones verdes o celestes, igual remuneración por igual tarea, piropos, esquema familiar o modismos idiomáticos. Y no hay uniformidad de pañuelos, ni siquiera desde la adscripción religiosa. Porque “cuando se suma, se suma; hay que saber sumar bien”.

Y entre el Brexit y Belice, Samid le ha obsequiado a la doctrina Irurzun el ejemplo más querido. Un round más en otra divisoria de laboratorio, la sociedad no está solamente dividida entre Zaffaronis o Bolsonaros, no tenemos ni opiniones ni soluciones binarias para lo que nos importa como sociedad.

Cuando el plan económico pasaba por los PPP, alertábamos en estas páginas sobre la imperiosa necesidad de reconstruir confianza. La misma actitud que permite contar con una moneda sólida, más allá de la cruda contabilidad de las reservas. La misma actitud que necesita la Justicia para obtener credibilidad. Confianza social. Contrato social viejo, o nuevo si es necesario, como parece.

Esta pequeña enumeración de desencuentros nos deja, nuevamente, ante una elección presidencial con final abierto.

Las cosas se encaminan hacia una resolución del estilo del referendo inglés. Salir o quedarse. Seguir o volver. Y en medio, la inestabilidad económica que atravesamos por enésima vez. Va a llevar tiempo. Todo lleva tiempo y paciencia. Cuando escuchamos y decimos que no podemos esperar más, deberíamos justamente reflexionar el doble y mirar para atrás. Incluso puede ocurrir que la primera hipótesis que se nos ocurre arroje el resultado contrario. Si no, pregúntenle a May y a Samid. Ninguna solución compleja y profunda surge de decisiones atolondradas.

*@nachobiglieri

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