Las personas formamos parte de distintos grupos sociales: familia, amigos, compañeros de trabajo. Y, generalmente, en esta dinámica social existe una norma implícita: la pertenencia a un grupo supone tener que emitir los mismos juicios y tener los mismos valores. De hecho, la coincidencia se suele tomar como un indicador de cohesión. Porque vivimos en una sociedad en la que se critica lo diferente, en la que estamos acostumbrados a pensar como los demás, a ser "ovejas blancas". Pensamos y creemos en lo que nos inculcan, sin replantearnos, en muchos casos, nuestro pensamiento, pues tomamos como verdad la opinión de la mayoría. No queremos ser "ovejas negras".

No obstante, en toda familia y en toda comunidad hay una oveja negra, metáfora usada para calificar a aquellos que son diferentes del resto. Diferencias que pueden provenir del aspecto físico o de las preferencias y comportamientos. Nadie quiere ser la oveja negra de un grupo, nadie quiere ser caracterizado como "marginado", "raro" o "antisocial". Y sin embargo, sea cual sea la causa, hay momentos en los que algunos se ven obligados a compartir el mismo techo con personas que poco tienen que ver con ellos. Y se convierten en la marca de referencia para lo diferente, casi extranjeros en la propia casa.

Existen diferentes mecanismos grupales que sirven para regular la vida interna, entre ellos, el favoritismo y la discriminación. Uno consiste en favorecer a los propios; el otro excluye mediante prejuicios o conductas discriminatorias a quienes son distintos. Y, cuando los "malos" forman parte del grupo, se da el efecto oveja negra.

Ser la oveja negra no es fácil. Rompe el equilibrio del grupo y es el "chivo expiatorio" sobre el que se proyectan todas las culpas. No es mala, ni torpe, ni engreída. Sólo es diferente, alguien que ha aprendido a esquivar las piedras, a pensar de otro modo, y a saber qué dirección tomar, no como el resto del rebaño. Y es que la pertenencia sumisa y silenciosa a un «rebaño", no da la felicidad. En muchos casos ser la oveja negra puede ser un privilegio.

Sorprendentemente, muchas ovejas negras son hombres y mujeres amables, con mucho que ofrecer a sus familias y al mundo. A menudo son los mejores y más brillantes; pueden ser los más creativos, inteligentes o sensibles. Diferente es, en numerosos casos, igual a búsqueda, inquietud y oportunidad de conocer nuevas experiencias.

Muchas cosas de las que se hacen, no estarán bien para los demás. Quien piensa diferente o quien actúa mediante un sano egoísmo, a menudo, queda aislado del gran rebaño de ovejas blancas. Y eso, para niños, adolescentes o adultos puede ser traumático. Porque igual que hay complacientes absolutos, también abundan los depredadores sin escrúpulos que cercenan autoestimas y ahogan ilusiones. La necesidad de ajustarse casi a cada instante a expectativas ajenas es también una forma de autoagresión. Caer en la obsesión por cumplir, roba fuerza mental. Se desarrolla un tipo de anemia existencial donde el tejido de la autoestima queda seriamente afectado.

Hay una creencia irracional generalizada: pensar que la aprobación ajena nos valida como personas. Con vehemencia decía Frida Khalo: «Tú mereces lo mejor de lo mejor, tú eres una de esas pocas personas que en este mísero mundo, siguen siendo honestas consigo mismas y eso es lo que realmente importa". Sin necesidad de conjuros, se puede conseguir ser irrepetibles, únicos, diferentes. La actitud personal es capaz de fabricar las condiciones necesarias para que aflore una hermosa exclusividad. No tener miedo a contradecir algunas normas, aprovechar las oportunidades aunque suponga asumir riesgos y tomar decisiones libremente.

Diferente es, en numerosos casos, igual a búsqueda, inquietud y oportunidad

En el transcurso de la vida hay gente que se va contentando con atravesarla de una manera mediocre y corriente. Tienen miedo a que, siendo ellos mismos, queden etiquetados de «extraños", «raros" o «diferentes". Si todos nos comportamos como clones, nada llegará a ser emocionante, divertido, sorprendente, gratificante. Sólo aquellos que se arriesgan a ir bastante lejos pueden descubrir hasta dónde se puede llegar en el caminar con los demás. Es cuestión de atreverse.

"La oveja negra era parte de un rebaño constituido por ovejas blancas, siendo ella la única diferente. A pesar de su rebeldía y su audacia era, íntimamente, la favorita del pastor. Pero el perro, que cuidaba a las ovejas, las guiaba y hasta "pensaba por ellas", opinaba que debía ser vendida para tener un rebaño homogéneo y tranquilo. Esta oveja no obedecía, era distraída, y pensaba por sí sola, lo cual lo enfurecía.

Una tarde se presentó una inmensa nevada; el rebaño se encontraba solo. La oveja negra, fiel a su instinto, guió a las demás a un refugio que ella había conocido en sus riesgosas escapadas. Al día siguiente, cuando el pastor y el perro las buscaron, solo pudieron distinguir a la oveja negra, ya que las otras se confundían con la nieve. La presencia de una oveja diferente permitió encontrar al resto del grupo. El pastor jamás vendió a su preciado animalito. Es más, hizo traer otras ovejas negras que enriquecieron al rebaño y al pastor".

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