Sigamos con nuestra cruzada “el cine animado no es necesariamente para niños”. Es cierto que cada vez este lugar común se diluye más, y que Hollywood se dio cuenta y por eso realiza películas que pueden verse con los chicos (de allí el éxito de los filmes de Pixar, sin ir más lejos). La infantilización de la animación comenzó en realidad cuando llegó la televisión y se hizo popular. Antes, muchos dibujantes satíricos y humoristas con mucho mundo -y mucha calle- eran los que se dedicaban realmente a esto. Eran, de paso, los más “intelectuales” del cine, porque los animadores salían en general de escuelas de arte como Chouinard, hoy CalArts y patrocinada por Disney, entre cuyos egresados están Chuck Jones, Friz Freleng, Ward Kimball o, más cercanos en el tiempo, John Lasseter, Tim Burton y Brad Bird. Sabían de arte clásico y elegían la caricatura. Pero pasaba lo mismo con los guionistas. Por ejemplo, dos de los más importantes de Looney Tunes, Tedd Pierce y Michael Maltese, eran enormes lectores (Chuck Jones también: hay muchas alusiones a la gran literatura en sus cortos). La animación era una vocación mal paga pero divertida: eran satiristas que provenían de la tradición de Voltaire, Swift y Mark Twain y no meros empleados sin formación.

Red Hot Riding Hood: Sexo y Caperucita

Dicho esto, y dado que hay mucho material on line, vamos a hacer una pequeña selección de cortos que son muy adultos y se produjeron cuando la censura reinaba en Hollywood. Sobre todo, durante la Segunda Guerra Mundial, donde los chistes pasaban inadvertidos porque, bueno, pasaban cosas más graves. Empecemos por el clásico de clásicos de Tex Avery Red Hot Riding Hood. Antes de los verdaderos títulos, una voz en off cuenta el cuento de Caperucita. Pero Caperucita, el Lobo y la Abuela están hartos de siempre lo mismo, así que el corto pasa a un cabaret de Los Angeles, con el Lobo tratando de seducir a una muy sexy pelirroja que vive con su “abuela” en un penthouse que es, casi sin disimular, un prostíbulo (y la abuela, la madama). Abuela que persigue al Lobo no precisamente para comérselo (el lector puede sustituir una consonante, si lo desea; no lo haremos por pudor). Se hizo en 1942 y hay que encontrar -está en Vimeo- la versión no censurada por Cartoon Network, con un final que incluye suicidio y resurrección.

Los animadores clásicos eran intelectuales con humor

Hablando de final con suicidio, Ballot Box Bunny, de Friz Freleng. En un pueblo del Oeste hay elecciones. La plataforma electoral de Yosemite Sam es matar a todos los conejos, lo que lleva a Bugs Bunny a meterse en la campaña con su propia plataforma, básicamente arruinar a Yosemite Sam y sobrevivir. Todos los lugares comunes de las campañas más sucias y mentirosas están llevadas al paroxismo de explosiones y trampas, con un pesimismo al mismo tiempo muy cómico. Al final, cuando el pueblo termina eligiendo a un caballo totalmente imbécil, hay algo así -algo así, repetimos- como un suicidio. Los chicos entienden los gags pero la historia es bien para adultos.

Hay un corto extraordinariamente pesimista de Chuck Jones. Se llama Mouse Wreckers. Dos ratones llamados Hubie y Bertie quieren entrar a una casa llena de comida. Pero el gato del hogar es un campeón en cazar ratones. Deciden, entonces, enloquecerlo; le hacen creer que, mientras duerme, atenta contra su propia vida. La desesperación creciente del gato atacado sin comprender absolutamente nada es una de las cimas en el retrato de la alienación (algo que es constante en la obra de Jones, un genio y un autor que siempre retrató a tipos incapaces de aceptar sus limitaciones, como Pepé Le Pew o Wille E. Coyote). La risa va de la mano con el miedo en esos vertiginosos siete minutos.

También dura siete minutos Der Fuehrer’s Face, realizado por Disney en 1942. Donald vive en la tierra de los “Nutzies” (juego de palabras entre “Nazi” y “Nuts”, “alocado”), Nutzieland. Aparecen caricaturas de Hirohito, Bormann y Mussolini, y el pobre pato trabaja sin descanso y hambriento en una fábrica de municiones bajo la mirada atenta de miles de retratos de Hitler. Fábula política antifascista, película del esfuerzo de guerra y comedia desaforada con influencias de Modern Times de Chaplin, es una de las grandes cimas de la animación. Y no, difícil que la entiendan los más chicos. ¿Recomendación? Verla en tándem con The Blitz Wolf, de Tex Avery, que tiene a un lobo-Hitler y algunos chistes sexuales muy evidentes. Y nada infantiles.

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