Durante los siglos XIX y XX, las grandes revoluciones en materia productiva, que dejaron a una parte considerable de la población sin empleo o trabajando por salarios exiguos, desencadenaron una serie de crisis sociales y de gobernabilidad con principal foco en Europa, cuna de estas innovaciones. Hoy, la 4ta Revolución Industrial de la mano de la robotización y la inteligencia artificial promete cambios estructurales en la forma de trabajar, comerciar y vivir, con el potencial de elevar los niveles de ingreso globales y mejorar la calidad de vida de poblaciones enteras. Sin embargo, el proceso de transformación sólo beneficiará a quienes sean capaces de innovar y adaptarse. Esto será aplicable tanto para las empresas, como para trabajadores, sindicatos y gobiernos.

Los análisis más pesimistas estiman que más de la mitad de los empleos podrían ser reemplazados por capital informático en los próximos 20 años. En esta oportunidad, a diferencia de las revoluciones tecnológicas anteriores, la automatización impactará no sólo en el trabajo manual, sino también en el cognitivo. En los últimos 10 años, se ha reducido en más de 25% el trabajo de bibliotecarios, traductores o agentes de viaje. Ingenieros, abogados, contadores y otros profesionales de cuello blanco del sector público y privado no son inmunes a este peligro. Los impresionantes avances tecnológicos llevan a que la transformación productiva exceda la producción industrial y abarque también la producción agrícola, la industria de servicios y prácticamente todos los ámbitos de la acción humana. Pero algo es claro: los principales perjudicados serán los países dependientes de la mano de obra poco calificada y la labor repetitiva. Los focos de conflicto social promovidos por una clase social sin empleo (y tal vez inempleable en el nuevo contexto) no se darán únicamente en los grandes centros de innovación, sino también y quizás de manera aún más notoria en las periferias, donde formas de producción de períodos diversos seguirán vigentes de manera superpuesta.

En el caso de América Latina, la hasta ahora limitada aplicación de los nuevos activos tecnológicos al esquema productivo podría explicarse una simple cuestión económica. Aun cuando estas nuevas tecnologías estén disponibles para reemplazar tareas rutinarias, el costo relativo de incorporarlas a través de inversiones de capital, versus el costo laboral de quienes actualmente las desarrollan, no justifica todavía su adopción. Este costo dependerá a su vez del nivel de salarios, las cargas sociales, el costo de la energía y la tasa a la que las nuevas tecnologías se deprecien. Sin embargo, es esperable que estas últimas continúen reduciendo su costo y aumentando su impacto, debilitando la restricción por precios relativos. Esto podría resultar en una adopción tardía de las nuevas tecnologías, pero mucho más veloz, lo que podría ofrecer menos oportunidades de adaptación a los trabajadores. Podrán existir barreras políticas para la incorporación de estas tecnologías, como la existencia de acuerdos laborales que garanticen el empleo a quienes pudieran ser reemplazados. Pero este tipo de medidas sólo podrían mantenerse a corto y mediano plazo, a costo de un aislamiento progresivo difícilmente sostenible en el tiempo que no traería ninguna solución de fondo.

Dado que mantener el statu quo no es una opción, es imprescindible un debate sobre la forma en que vastos sectores de la población serán incorporados productivamente a la nueva economía. La Argentina se enfrenta hoy a un desafío doble: crear oportunidades de trabajo y mayores ingresos para sus ciudadanos, al tiempo que desarrolla una fuerza laboral acorde a las nuevas formas de producción. En un país donde el 48% de los jóvenes son pobres, la inclusión a través de la educación y la formación permanente deberá ser la piedra angular de cualquier política de estado que mire hacia el futuro. La educación será la clave para alcanzar la inclusión. Por eso mismo, es imprescindible discutir el tipo de educación que necesitamos, asignar mejor los recursos que tenemos disponibles y volver a darle a la educación la prioridad que le otorgaron los grandes hombres de nuestra historia.

* Secretario Académico de UADE
** Docente investigador - UADE

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