Da la impresión de que la mayoría de los servicios de streaming, que son en la actualidad los que nos proveen de entretenimiento audiovisual con mayor frecuencia, aborrecen el pasado. Es una gran pena porque no solo se vuelve imposible ver el pasado cinematográfico (en ese capítulo, dicho sea de paso, las dos plataformas con mejor selección son FoxPlay y Qubit. TV) sino también el televisivo. Así es: en pleno auge de las series, la mayor parte de ellas son invisibles porque está “lo último” o lo que se ha producido especialmente. Todos saben qué son Game of Thrones o Stranger Things, pero si decimos “Los Vengadores”, el mundo pensará directamente en Marvel y no en Patrick McNee y Diana Rigg. Probablemente al lector le haya pasado lo mismo cuando llego a “Vengadores”, claro, y el autor de esta nota (que apenas supera el medio siglo) se sentirá un nonagenario moribundo. Pero también es cierto que, a diferencia del cine, la televisión no tiene aún su “canon” establecido por una academia. Nadie dice “hay que ver Los Intocables” como sí se dice “hay que ver El gabinete del Dr. Caligari”. Por lo tanto, a pura arbitrariedad y con el pleno conocimiento de que no es fácil encontrarlas (ahí está YouTube, de todos modos), vamos a recomendar hoy algunas series históricas que todavía conservan su filo. Y en muchos casos, aplastan absolutamente a las actuales.

Ya que la mencionamos, Los Vengadores. Creada en 1961, en pantalla hasta 1969, se transformó en uno de los fenómenos de culto más interesantes de la TV británica. Era una serie de espías con elementos de ciencia ficción y fantásticos, protagonizada por Patrick McNee como el Sr. Steed y una ayudante femenina (que en general era la que vivía toda la acción física), la más recordada de las cuales fue Diana Rigg. Lo que la hacía especial era su humor: ante la amenaza de que la Humanidad fuera aniquilada, Steed y Emma Peel reaccionaban con absoluta frialdad, glamour, elegancia, té de las cinco y karate. El ambiente era totalmente pop, y reflejaba la moda desaforada del Londres de los sesenta. Las tramas eran disparatadas pero, al mismo tiempo, narrativamente coherentes, y eso la volvía todavía más graciosa. Sigue siendo efectiva (está en Amazon Prime Video, de paso).

Probablemente crean que La familia Ingalls era todo de sonrisas y amor de familia, que era pura glucosa. No, nada que ver. Es cierto que los Ingalls eran una familia amorosa de papá, mamá y tres nenas más un niño adoptado, pero cada episodio sobre la pequeña comunidad de Wallnut Grove a fines del siglo XIX y principios del XX implicaba también enfocar algún tema contemporáneo (de los setenta) con un tono que mezclaba el drama y la comedia por partes iguales. Los capítulos cómicos eran realmente cómicos (uno sobre un partido de base-ball infantil es notable) y los trágicos, trágicos (la historia de amor del adoptado Albert con una chica abusada por su padre). También el productor, guionista y estrella Michael Landon saqueaba lo que encontraba: un episodio doble especial era una adaptación grosera de El salario del miedo; otro, con la pobre Caroline afiebrada y sola en la casa sin poder llamar a nadie, recordaba Espera en la oscuridad. El tempo narrativo y las actuaciones están entre lo mejor que dio la TV.

M.A.S.H., mucho mejor que la película

En la Argentina, M.A.S.H. estuvo prohibidísima por la dictadura. La vimos dos años después de que terminase en los EE.UU. (su emisión final es récord absoluto de audiencia según el Guiness). Como la película de Robert Altmann, es la historia de un grupo de médicos estadounidenses en un hospital de campaña durante la Guerra de Corea. El protagonista es Alan Alda en estado de gracia, y la sitcom que comenzó siendo se fue volviendo más comedia -aunque siempre con elementos cómicos- y drama. Nunca se banaliza la guerra, y sí se satiriza con saña a los militares (es por eso, y no por otra cosa, que no nos la dejaron ver). Tiene momentos conmovedores, claro, y personajes que comenzaron como objetos de burla (“Hot Lips” Houlihan, la jefa de enfermeras que encarnaba Loretta Swit, por ejemplo, o el correveydile “Radar” O’Reilly, o el Cabo Klinger, siempre vestido de mujer a ver si lo tomaban por loco y lo enviaban de nuevo a casa) terminaron siendo pura humanidad. Se puede ver en varias plataformas y en YouTube, en castellano.

En los años ochenta, hubo muchas parejas de detectives. Desde los Hart (Stpehanie Powers y Robert Wagner) hasta el de la escritora desesperada y el espía imposible que interpretaban Stephanie Zimbalist y, sí, Pierce Brosnan en la hermosa Remington Steele. A los creadores de esa última le encargaron una especie de “clon” para otra empresa, contrataron al productor y guionista Glenn Gordon Carol y así nació la que -según mi propio criterio, pueden venir de a uno- es la Mejor Serie de los 80: Moonlighting. Que protagonizaban una estrella -Cybill Shepperd- y un tipo que lo intentaba pero no llegaba a nada, un tal Bruce Willis. Ella era Maddie, una modelo a quien su contador le roba todo y le deja solo una agencia de detectives que no produce ni un centavo, a cargo de David, un tipo que solo quiere divertirse. Los casos policiales eran un desquicio: lo divertido era la relación entre ellos, que muchas veces hablaban directo al público y que había momentos totalmente disparatados o fantasiosos (un musical en una cárcel, un episodio que son dos secuencias en blanco y negro presentado por íOrson Welles en su última aparición pública!, Ray Charles cantando con David, millones de cosas más). Los momentos tristes acompañan a los felices todo el tiempo, y el amor entre ellos, siempre basculante, es lo que sostuvo la trama. El episodio final es una joya de lo que suelen llamar “metalenguaje”, y de una melancolía impresionante. YouTube, claro.

Ver más productos

Miles de personas llegaron a la Plaza de Mayo desde distintos puntos de Capital y Gran Buenos Aires.

17 de octubre: una lealtad eterna

En cronishop.com.ar podés encontrar algunos de los mejores vinos y espumantes del mercado.

¿Cómo atraer a los Millennials al mundo del vino?

La Amazonia y la destrucción del mundo

La Amazonia y la destrucción del mundo

Ver más productos