Pensando este artículo revisaba los conflictos sindicales de los últimos presidentes, recordando que Alfonsín lleva la delantera con sus famosos trece paros generales. Sin embargo una anécdota al paso llamó mi atención: Ubaldini pretendió en un momento realizar paritarias mensuales con el objetivo de seguir bien de cerca la pérdida de poder adquisitivo frente a la inflación. E inclusive más; los estandartes de los reclamos eran la resistencia a las reformas laborales y los nuevos modelos de trabajo.

Más de treinta años después, como siempre en Argentina la historia se vuelve a repetir: varios sindicatos esgrimen la posibilidad de acuerdos mensuales o trimestrales para seguir de cerca la inflación y referentes de distintos sectores rechazan reformas laborales asociándolas a precarizaciones y nuevas formas de trabajo que irrumpen sin marco regulatorio previo.

La relación entre la gestión de los costos laborales, los aumentos de precios y las rentabilidades en las empresas se torna cada vez más impredecible. Entre lo que se pretende recuperar de 2018 y las proyecciones para 2019, los costos laborales llegan en ocasiones a superar el 50% de aumento. No siempre los precios pueden aumentarse en igual cuantía y las rentabilidades se erosionan progresivamente.

Más allá de los altos porcentajes, la percepción del trabajador gira en torno a tener cada vez menos capacidad de consumo y ahorro. Y en el juego de las percepciones, todo alimenta a la sensación de inestabilidad y mal clima. Esto deja ver que cuando de trabajo se trata, cualquier variación de un indicador impacta directamente en todos los demás.

De años a días, tal como dice el título del artículo. Antes los presupuestos laborales se preparaban una vez al año, proyectando ajustes paritarios previsibles y reconocimientos por desempeño. Ahora se insta a trimestres o meses como hace treinta años. Tal vez en un tiempo, hablemos de días. Bajo la esperanza que esto último no suceda, la realidad indica que hace años cuesta determinar con precisión el costo laboral de un trabajador ante la imprevisibilidad de algunos conceptos de alta litigiosidad. Sin embargo hoy la imprecisión tomó una nueva variante: ya cuesta determinar el costo laboral de una nómina entera debido a la coyuntura económica y las propuestas en debate.

Los acuerdos mensuales y trimestrales constan de una característica que no resulta menor. Algunos proponen ajustes automáticos por inflación, otros negociados según cada sector. Ambos casos, resultan complicados para las áreas de recursos humanos encargadas de proyectar los costos laborales ¿quién puede seriamente saber la inflación futura? O de igual manera, ¿quién puede justamente determinar lo que cada sector necesite de aumento? En todos los casos se tratará de aproximaciones cualitativas que satisfagan las percepciones de los actores en pugna, más no la exactitud de la verdadera necesidad de los trabajadores.

Por otro lado, vale recordar que los costos laborales no son los acuerdos paritarios. En anteriores artículos destacamos que son la suma de aportes, contribuciones y la cuantificación de todos los beneficios que las organizaciones otorgan para retener y atraer talento. Por ende cada vez que se habla de aumentos, las áreas de recursos humanos saben que el impacto presupuestario será muy por encima del porcentaje que se haya acordado.

De años a días, nuestras estructuras laborales siguen profundizando la veta de la incertidumbre y la imprevisibilidad. A mayor influencia de ambas, menor la posibilidad de planificar recursos humanos en la vasta extensión de funciones que componen la disciplina. Menor será el presupuesto destinado a capacitación, nula la chance de promover nuevos beneficios y acotada la posibilidad de desarrollar personas cuando el contexto no permite asegurarles absolutamente nada.

* Profesional del Área de Recursos Humanos