Las altas temperaturas del verano, las lluvias y la acumulación de agua en espacios abiertos, traen consigo el aumento de casos de dengue en el norte de la Argentina. Las campañas de concientización resultan herramientas claves para prevenir este tipo de enfermedades infecciosas.

La Organización Panamericana para la Salud (OPS) define al dengue como una enfermedad infecciosa sistémica y dinámica, y la infección puede expresarse bajo diversos síntomas como náuseas y vómitos, dolor de cabeza, conjuntivitis, dolores musculares, pérdida de apetito y erupciones. Según datos de la OPS, 2019 fue un año récord de dengue en el continente americano con 2.733.635 casos registrados.

En el norte de la Argentina, existe un alto riesgo de epidemia del mosquito Aedes aegypti. En 2007 hubo un gran brote epidémico de dengue en Argentina, donde Salta, Jujuy, Formosa y Misiones fueron las primeras cuatro provincias en notificar casos autóctonos.

En la provincia de Salta, a sólo 55 kilómetros de la frontera con Bolivia y a 103 del límite con Paraguay, se encuentra la ciudad de Tartagal, una región definida por el Ministerio de Salud como de alto riesgo epidemiológico de dengue. Es la segunda ciudad en importancia de la provincia norteña debido a su población y su economía.

Programa de vigilancia

En un marco de alto riesgo epidemiológico de dengue, las campañas de prevención y concientización son una herramienta clave. Por ello, desde 2009 se puso en marcha en Tartagal el Programa de Vigilancia y Control de Vectores impulsado por Pan American Energy (PAE), la principal compañía privada integrada de energía de la región. PAE, a través de una alianza público-privada con la Fundación Mundo Sano, la Municipalidad de Tartagal, al Hospital “Juan Domingo Perón” y el Ministerio de Salud de la Provincia para abordar la problemática en la zona de manera conjunta. Uno de los objetivos de este programa fue lograr un cambio metodológico paulatino para ir desde un abordaje basado en el control focal con larvicidas hacia un sistema basado en la modificación, eliminación y destrucción de recipientes y depósitos, es decir, los potenciales criaderos del mosquito.

A partir de la puesta en marcha del programa, y producto del trabajo conjunto con el hospital de Tartagal, se logró contar con un sistema de partes diarios durante los períodos de brote que permitió, en primer lugar, la documentación real de los casos detectados por el sistema de salud y realizar, en función de ella, las actividades de bloqueo de foco -principal acción de contingencia ante la aparición de casos- con el objetivo de interrumpir la circulación y transmisión viral, evitando así el inicio y desarrollo del brote epidémico. Entre 2010 y 2019 se realizaron más de 770 bloqueos de foco en el marco del programa.

A lo largo del recorrido del programa, se logró reducir al 4% el riesgo de dengue en Tartagal, cuando al iniciar el programa en 2009, el riesgo era del 60%. Asimismo, en términos prevención y uso de larvicidas, se redujo en un 82% la aplicación de químicos por vivienda tratada. Los resultados favorables del programa también demuestran que en la epidemia que vivió el país en 2016, la ciudad de Tartagal dejó de constituir el principal foco.